Por: Luis Casal Beck

La economía seguía estancada, el Fondo Monetario Internacional (FMI), presionaba desde Washington DC para avanzar en determinada dirección, existían un debate en el interior del entonces gobierno colorado acerca de qué pasos dar, y la inflación acumulada durante 1967 había llegado al 135.9%. La central sindical CNT (Convención Nacional de Trabajadores), organizó múltiples actividades durante el verano del 68, definió un plan de movilizaciones, y se aprestaba a iniciar la ronda de los consejos de salarios, buscando recuperar el valor real de los sueldos erosionados por aquella espiral inflacionaria, que solo beneficiaba a los empresarios y a los especuladores.

En abril, la CNT llegó a congregar a 20 mil personas en un mitin. El gobierno sufrió varias derrotas en el ámbito parlamentario (uno de los casos más sonados, fue la interpelación del senador blanco Wilson Ferreira Aldunate al ministro de Trabajo, el colorado Guzmán F. Acosta y Lara, por hechos irregulares, que motivaron su caída, junto al presidente del Banco Hipotecario, Juan G. Silva). Casi a finales de mes, se produjo una devaluación de la moneda respecto al dólar (que pasó en su cotización de 200 a 250 pesos).

El 1º de mayo, un importante acto organizado por la central sindical para celebrar el Día Internacional de los Trabajadores en el centro de Montevideo, fue disuelto violentamente por la Guardia Republicana, que usó gases lacrimógenos. La respuesta, fue un paro general. El día 3, hubo cambios en el gabinete ministerial. Ingresaron dirigentes del partido de gobierno (Manuel Flores Mora, Alba Roballo, que al poco tiempo se tuvieron que ir), y prominentes figuras de la oligarquía (como Jorge Peirano Facio, Carlos Frick Davies y José Serrato), que representaban los intereses que terminarían primando en el gobierno de Jorge Pacheco Areco (ver recuadro).

El 11, la Coordinadora de Estudiantes de Secundaria del Uruguay (CESU), llamó a la movilización general. El boleto estudiantil sería aumentado un 40%. El ambiente se fue caldeando, y tres días más tarde, 12 liceos fueron ocupados. La Intendencia de Montevideo aseguró que no se concretaría el aumento. CESU citó a asambleas en los distintos centros, para desactivar el conflicto. Pero los estudiantes decidieron seguir adelante. La plataforma que defendían pasó a ser mucho más amplia. Unía reclamos propios con los que planteaba el movimiento popular (la consigna “obreros y estudiantes, unidos y adelante”, adquirió renovada fuerza).

Mientras tanto, las negociaciones entre los sindicatos y los trabajadores fueron avanzando. Existía una buena comunicación entre líderes sindicales como José D´Elía (presidente de la CNT), y Flores Mora (titular de Trabajo), que era, al igual que Roballo, un “rara avis” en aquel gabinete con tan fuerte presencia de empresarios conocidos por sus posiciones conservadoras.

La movilización callejera de los estudiantes continuaron con otros actores (ahora, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, FEUU, era una protagonista central), reclamando un mejor presupuesto y el pago por parte del gobierno de las deudas que mantenía con la Universidad. La violencia aumentó dia a día. Relata Jorge Landinelli en una investigación (ver recuadro) que el 6 de junio, “una marcha (organizada en 18 de Julio) fue baleada por la policía, con un saldo de cinco estudiantes heridos, algunos de ellos de consideración”. Semanas después, murieron los estudiantes Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos.

El 13, Pacheco llegó muy temprano a la Casa de Gobierno, y comunicó a sus ministros que era su intención adoptar Medidas Prontas de Seguridad, alegando que los estudiantes movilizados, constituían “una punta de lanza” de una “revolución en ciernes”, y que “el Estado debía defenderse”. Varios renunciaron (como Flores Mora, que tenía prácticamente arreglada la negociación con los sindicatos), y otros quedaron alborozados (como los representantes de la oligarquía en aquel elenco gubernativo). Después se supo que detrás de aquel apresuramiento, existieron comunicaciones telefónicas desde la capital norteamericana, en demanda de decisiones fuertes. (Ver una reconstruccion de esta etapa en “Pacheco: la trama oculta del poder”, de Jorge Chagas y Gustavo Trullen, Rumbo, 2005).

Para Pacheco, formado en el ala derechista del batllismo (diario El Día, opuesto al quincismo de Luis Batlle, de intención renovadora) y que fue embajador de la dictadura en España, Suiza y los EEUU (1973-1982), lo que pasaba en las calles de Montevideo, era, simplemente, la consecuencia de la existencia del movimiento comunista internacional. No había luchas de intereses, ni de clases sociales. El eje del conflicto pasaba por “el orden” al que era necesario defender frente a “la subversión”.

El gobernante colorado impulsó después una política económica, aplaudida por las cámaras empresariales (que lo fueron a saludar y felicitar el 14 de junio), a la que se opusieron muchos sectores políticos (como el ala progresista del coloradismo, con Zelmar Michelini, entre otros), los partidos de izquierda y centroizquierda, el movimiento sindical, las gremiales estudiantiles. Para llevarla adelante, Pacheco recurrió a un instrumento que era desconocido en nuestro medio: al amparo de las Medidas de Seguridad, usó a las Fuerzas Armadas para reprimir a los trabajadores en huelga. En 24 de junio, ordenó la militarización de cinco mil funcionarios de la banca pública. Esas medidas de seguridad, que la Constitución previa para casos “graves e imprevistos” de “conmoción interior o ataque exterior” duraron casi todo el período, y fueron empleadas en los más variados terrenos. El 28, tres días antes de la entrada en vigencia de los consejos de salarios, el gobierno decretó la congelación de precios y salarios, y creó una comisión reguladora (la Coprin).

La respuesta a este conjunto de decisiones, marcó hondamente la historia social, política, cultural del país. La convivencia pasó a ser cada vez más violenta. A la respuesta legal, de partido y sindicatos, se sumaron otras expresiones ajenas al sistema (como la guerrilla), que creció enormemente en este contexto de luchas políticas e ideológicas. Y llegó la dictadura.