Por: Charles Carrera Leal, Senador

Las denuncias contra ASSE -todas surgidas de las propias auditorías dispuestas por sus autoridades- han generado un efecto dominó que empieza a mostrar la rebeldía de quienes fueron los principales beneficiarios: los usuarios. Junto a estos, el resto del sistema también empieza a mostrar los beneficios ante la mejora de los servicios públicos de salud.

Una reforma mixta, que dejó de lado el servicio absolutamente público para hacer un Sistema Nacional Integrado de Salud donde lo público compartiera espacio con lo privado y ese sistema genera un intercambio virtuoso de recursos. Una reciente encuesta de la empresa Cifra sobre la calidad de los servicios que reciben los usuarios de ASSE junto a los reconocimientos de calidad que recibieron varios de los servicios que presta el organismo, son vistos como una señal que más que un oasis dan muestra cabal de los beneficios que acumula la salud de los uruguayos a una década de implementada la reforma.

Hablan los usuarios

Tras la escalada mediática de las denuncias contra ASSE, llegan noticias que demuestran el acierto de los cambios operados en el sistema sanitario más grande del país. Atrás -bien atrás-quedaron los tiempos de cierres de mutualistas y los despidos asociados, junto a los servicios nulos o deficitarios para los que menos tenían. Hoy esa realidad ha mutado por un servicio público saneado, donde los mejores servicios ya no son un privilegio del mutualismo privado y donde los hospitales públicos se desempeñan de igual a igual con los privados y -en muchos casos- con mejores servicios aún.

Es el acierto que molesta a muchos actores que hoy toman como estandarte los errores detectados por auditorías dispuestas por las autoridades de la propia ASSE, (auditorías dispuestas con el objetivo de detectarlos y corregirlos). Sin embargo, se han ocupado de generar un relato que comprenda a todo el sistema cuando son casos puntuales y excepcionales que no hacen al todo.

En medio de todo ese ruido, la voz de los principales destinatarios de los servicios de salud dieron su punto de vista que se conoció en el resultado de una encuesta de satisfacción que publicara la encuestadora Cifra días pasados y que determinó que el 61% de los usuarios de ASSE consideran que han mejorado los servicios asistenciales. Superando incluso al mutualismo en esa consulta, el cual recogió el 56% de aprobación de sus usuarios.

La misma encuesta establece la proyección de esa mejora que en el año 2013 llegaba al 45% en junio y al 47% en noviembre de 2015, para registrar -en octubre de este año 2017- un 57%.

Poco a poco los datos van confirmando la expectativa que impulsó la reforma y concitando el apoyo incondicional de quienes reciben sus beneficios. Una salud que dejó de ser una mercancía de cambio para ser un derecho, y donde se destierra el concepto de un servicio pobre para pobres por el de un servicio de excelencia para ciudadanos con derechos.

Así como están planteadas las cosas hay muchos intereses en juego pero el principal y más importante de todos es el de la gente que se sirve de los servicios asistenciales públicos que brinda ASSE, para quienes no hay otra alternativa que defender los cambios a riesgo de retroceder en el acceso a los servicios de salud de alta calidad. Porque son ellos los principales destinatarios

En ocasión de asistir a los talleres itinerantes que se vienen realizando en el interior del país, pude comprobar que el ánimo de los frenteamplistas empieza a dar señales positivas. En efecto, los embates de la oposición contra ASSE han generado una verdadera revolución que sacó lo mejor de los militantes, ávidos de contar con información para salir a defender la reforma. Y ese sentimiento militante es el mejor termómetro para medir -junto con los usuarios- los servicios cuestionados por errores puntuales que no hacen al todo ni mucho menos.

La segunda generación de derechos ya está en curso, a veces las crisis sirven para sacar lo mejor de una situación y esta vez no será la excepción. La oposición, que solo cuestiona y hace denuncias, ha despertado la ira de los usuarios quienes no están dispuestos a que el acceso a los servicios de salud se vea retaceado y se vuelva a un sistema excluyente que consideraba la salud una mercancía y no un derecho humano.