Por: Francisco Connio

A fines de diciembre de 1983 se dio un hecho que movió los cimientos de una sociedad uruguaya castigada, oprimida por una dictadura que se resquebrajaba por la pujante voluntad de un pueblo que comenzaba a rescatar sus sueños pintados de libertades. La llegada al país de niños y adolescentes del exilio para pasar fin de año con sus familiares, reabrió esperanzas en los uruguayos y de alguna manera anticipó el gran reencuentro que se daría dos años más tarde, a partir del retorno a la democracia en 1985.

Varios uruguayos exiliados y compatriotas que habían viajado a España especialmente, se contactan con activistas por los derechos humanos y militantes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), para comenzar a forjar en la madre patria, un sueño que se transformaría posteriormente en una de las mayores manifestaciones populares. Juan Manuel Díaz fue uno de aquellos 154 niños que pisaron tierra oriental. Hoy ante el grabador de LA REPÚBLICA rememora cada detalle, cada situación de una jornada que mantiene en sus retinas y en su mente en forma casi permanente, porque viajó casi de casualidad…

¿Cuántos años tenías cuando se fue del país tu familia?

Tenía dos años, pero ya mi padre se había ido a Venezuela antes y como no le gustó demasiado el lugar se fue a Madrid, donde se reencontró con mi madre y con nosotros, los tres hermanos, con mi hermana mas chica que tenía seis meses, el más grande, de cuatro años, con el que viajé a Montevideo y yo.

¿Y cuándo tomaste conciencia que eras un niño exiliado?

Uno cuando es grande analiza su infancia y trata de darse cuenta, mientras que vive no tiene ese análisis. En realidad bastante chico me di cuenta que nosotros vivíamos en España no porque queríamos, sino porque en Uruguay había problemas según la percepción de niño. Te vas dando cuenta que no podés ver a tus abuelos, a sus tíos, a tus primos. Hoy sería muy diferente con la tecnología, pero en ese entonces hasta recibir una llamada telefónica era un acontecimiento.

¿Qué recordás de ese histórico viaje?

El viaje es de lo más curioso, es una reconstrucción de mi memoria y creo que como vivencia fue emocionante, porque había un viaje a Uruguay y eso era motivo de alegría familiar. Pero a la vez triste porque yo no viajaba y sí lo hacia mi hermano. Lo que recuerdo es que se dijo que los que viajaban estaban más comprometidos con la situación de sus padres, presos o desaparecidos, situaciones mucho más complejas que la nuestra. Sé que dos días antes yo no viajaba, pero igual tenía entusiasmo porque recuerdo fugazmente que hubo una especie de agasajo, ya que venían niños de Suecia, y de algún otro país, algunos incluso hablaban en otro idioma. Recuerdo que dos niños se quedaron en mi casa unos días pero no supe muy bien porqué. Después me enteré que fue porque el avión se retrasó y en lugar de viajar para pasar antes de Navidad, lo hicimos para llegar el 26.

Pero tú no viajabas ¿cómo te enteraste que estabas finalmente entre los viajeros?

Fue sorpresivo y una alegría absoluta, una alegría total. En el momento del viaje tenía nueve años pero recuerdo la carita triste de mi hermana porque se quedaba sin sus hermanos y la de alegría de mi hermano porque tenía con quién viajar. Lo que recuerdo vagamente es que me dijeron, o escuché que a último momento hubo un niño al que sus padres no lo habían autorizado a viajar y por eso entré yo.

¿Sabías con los familiares que te ibas a encontrar, teniendo en cuenta que entonces no había los adelantos tecnológicos de hoy?

Era complicado, conocía directamente a mis abuelos paternos, a mi abuela materna, unos tíos y primos. Pero incluso era vaga la idea aunque hubo cartas y teléfono en esos años. Pero la sorpresa fue que cuando llegamos a Montevideo no estaban mis abuelos esperándome. Creo que nadie esperaba lo que pasó; al llegar nos subieron a diez ómnibus, aunque creo que alcanzaba con menos pero hoy entiendo cuál era el alcance de lo que se pretendía. Recuerdo sí que me pusieron con mi hermano en el mismo ómnibus pero ahí quedamos separados con otros amigos más cercanos.

¿Y lo que vino después fue inimaginable para ustedes siendo tan chicos?

Sí, nos sorprendió porque apenas salimos del aeropuerto vimos gente aplaudiendo, cantando y lejos de pensar que el trayecto iba a ser rápido, se hizo muy lento, demoramos creo más de cuatro horas y llegamos cerca del mediodía. Para mí tan chico era incomprensible que cantaran, que nos recibieran con banderas y uno respondía inconscientemente con saludos. Creo que sí entendímos, al menos yo, que para la gente era algo importante lo que estaba pasando. Sabía que volvía a la tierra donde había nacido, a ver a mi familia; creo que pese a mis nueve años, termino de entender que soy de ahí y no de otro lado y además fue terminar de entender otras cosas que tienen que ver con el desarraigo, con el exilio…

¿Qué recordás de la llegada a AEBU?

Cuando llegamos nos hicieron bajar de los ómnibus con gente haciendo un corredor y ese fue el contacto más cercano con la gente y ahí era ¡dale pibe, bien gurí, era como si en términos futbolísticos habíamos ganado el Mundial y escuchar el conocido “se va a acabar, se va a acabar… cuando aun estábamos en dictadura. Era un desahogo para la gente ya que nosotros no teníamos mucha conciencia de todo lo que se vivía en el país. Después la alegría de encontrarnos con los familiares…

¿Y qué pensás hoy a la distancia?, ¿cómo ves ese hecho?

Creo que es un hecho que curiosamente ha pasado bastante desapercibido para la sociedad. No ha tenido relevancia, no sé porqué si fue porque no se hicieron las movidas correspondientes, pero como que el pasado no lo registra tan fuerte…

¿Tuvieron problemas con los militares durante la caravana?

Recuerdo algo y fue lo único que pasó con respecto a intervención de los militares. A la salida del aeropuerto vi un “piquete” militar que quiso desviar la caravana hacia avenida Italia y que no fuera por la rambla como estaba previsto. Después supimos que efectivamente se quiso detener la marcha y fue la misma gente la que “obligó” a que se hiciera el itinerario previsto.

Hoy en AEBU: Marca de la Memoria

Hoy a las 17 hs. frente a la sede de AEBU se realizará la inauguración de una nueva Marca de la Resistencia. Las marcas forman parte del proyecto Memoria de la Resistencia 1973-1985, que desarrollan la Intendencia de Montevideo, el Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT y la Asociación Memoria de la Resistencia 1973-1985. En cada sitio se implanta una serie de bancos circulares –diseñados por la Facultad de Arquitectura– y una placa redonda a nivel del suelo. En la oportunidad se conmemorará además los 30 años del viaje de los niños del exilio uruguayo, concretado el 26 de diciembre de 1983.

El jueves 5 de diciembre se instalará una de las Marcas de la Memoria que recuerda la llegada de los “niños del exilio”, de hace 30 años, en la sede de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU) en la calle Camacuá, frente a Plaza España (Montevideo). En la ceremonia que se iniciará a la hora 17, intervendrá la intendenta de la capital, Ana Olivera y otras autoridades nacionales y departamentales.