Estamos desde hace ya tiempo asistiendo a una nueva modalidad de golpes institucionales, porque con la actualidad de la crisis política de Brasil parecería que nos damos cuenta de este tipo de artilugios “jurídicos” que se operan para barrer gobiernos.

Ahora bien, cuando me refiero a que desde hace tiempo, lo digo porque parece que no nos acordamos que a Mel Zelaya en Honduras, lo sacaron en el 2009 y a Fernando Lugo en Paraguay en el 2012. Estos fueron los primeros experimentos de esta nueva modalidad acuñada por el imperialismo y las burguesías nativas cómplices. Quizás por la cercanía geográfica con Uruguay, ahora levantamos nuestras voces con el tema Brasil.

Pero la izquierda debe de ser mucho más rigurosa en el análisis, no podemos poner el grito en el cielo como si esto se estructurara recién hoy, quiero que se entienda esto, sí debemos de oponernos al intento de golpe en el Brasil, pero necesitamos ver en su conjunto la estrategia que se viene operando y luego de un profundo análisis sacar las mejores conclusiones políticas.

Por ejemplo debemos de reparar que la mayor traición al propio Zelaya en Honduras vino de las propias filas de lo que era su Partido político, el Partido Liberal.

A Fernando Lugo la mayor traición vino de su vicepresidente que era de su coalición que lo llevó al gobierno.

En Brasil el mayor traidor viene también de la coalición que llevó a Dilma al gobierno en segunda instancia.

No nos dice nada esto ¿???. Lo primero que me dice es que un gobierno que se precie de izquierda jamás debe de aliarse con “culebras”, jamás. Y que la alianza de clases nuevamente nos demuestra sus limitaciones políticas para los verdaderos cambios.

La segunda conclusión que debemos de analizar es qué sectores sociales son los que efectivamente ponen, como se dice, “la carne en el asador” cuando hay que defender a los gobiernos progresistas. En Honduras fueron los trabajadores, los campesinos, en Paraguay igual y hoy en Brasil igual. Por lo tanto los cambios hay que hacerlos con estos sectores no con los históricamente vacilantes ni con sectores de la burguesía por más que coyunturalmente intenten apoyar un proyecto de cambio.

El tema de la corrupción es el eje hoy de la desacreditación generalizada que se intenta hacer de los gobiernos progresistas y en ello debemos de reparar, el Estado concebido como está en nuestros países ofrece limitaciones desde sus propias constituciones que operan para el plan que está planteado llevar a cabo en regla en todos los países de la región.

Por tanto la oposición a los golpes, sean en el país que sean, debe de contar con la más dura de nuestras respuestas. Pero no sin antes en la medida que actuamos, saquemos conclusiones que no nos hagan volver a tropezar con la misma piedra. Por su parte este tipo de golpes, no se detendrán en el marco de la legalidad, la “legalidad” está en estos momentos siendo el instrumento de estas operaciones políticas.

Solamente con la gente en las calles con una movilización de masas y con lazos comunicantes a nivel internacional podrá pararse esta ofensiva. El problema de Honduras fue nuestro problema, el de Paraguay fue nuestro problema, hoy Brasil es nuestro problema, si los seguimos viendo separados, perderemos. Solo una acción conjunta del movimiento popular de todos los países podrá actuar frente a esto, pero para ello hay que demostrar voluntad política de concretarlo.

También tener claro que la gente no puede ir a las calles y luego los gobiernos que la gente defiende vuelva a creer en que es posible la convivencia política que luego se transforma en el peor enemigo.