Por: Luis Casal Beck

Los hechos ocurrieron en La Gazeta 1206 casi 26 de Marzo. Lebel, era un oficial superior de 48 años, muy respetado por sus pares. Comandó buques siendo muy joven (petrolero “Presidente Oribe”, destructor “Artigas”); ejerció la docencia en la Escuela Naval (artillería), y la Escuela de Guerra Naval (logística), y en dos períodos presidió el Club Naval (1968-1972). Era batllista, amigo de Zelmar Michelini; y en 1971, votó al Frente Amplio. Estaba casado, y sus tres hijos habían seguido la carrera naval (Alex, Federico y Gerardo).

Cuando se levantó aquella mañana, escuchó desconcertado las noticias que daban la radio y la televisión  sobre el cierre del Parlamento y el inicio de la huelga general. Espero que su esposa marchara a la feria, se puso su uniforme, preparó la pistola de reglamento (una Colt 1911, calibre 45), y salió al balcón, sumido en una angustia extrema. “Algo debía hacer. Tenía que quedar claro que no todos los militares estábamos con aquel golpe infame”, reflexionó muchos años después (junio de 2001), cuando le confirieron su ascenso a contralmirante, como acto reparatorio (la dictadura lo destituyó, aplicándole el inciso G).

Un vecino de Lebel, el profesor Alfonso Llambías de Acevedo, registró con su cámara fotográfica la secuencia de los hechos ocurridos aquella mañana del golpe, que se sucedieron con extrema velocidad: primero apareció la policía; a los minutos, varios vehículos militares. En dos oportunidades, efectivos del Ejército quisieron ingresar a la casa, pero el capitán rebelde exhibió su pistola, y reclamó hablar con su comandante, que era el  vicealmirante Victor González Ibargoyen (ver recuadro con el testimonio de Bayardi).

Según se supo después, el Ejército se comunicó con el comando de la Armada, y pidió “la cabeza de Lebel”, pero González Ibargoyen se opuso a todo acto de represión. Dijo que se trataba de un asunto interno de la Armada, y le pidió al Ejército que se retirara. Al rato, al frente de un operativo de fusileros navales, el propio comandante llegó hasta la calle La Gazeta, y habló con Lebel, que le reprochó en duros términos lo que estaba pasando, y bajo arresto, fue conducido al Apostadero Naval, en el puerto de Montevideo.

“Creo que salvó mi vida”, señaló Lebel, 20 años después de los hechos. “Lo conocía desde los 15 años y fuimos buenos camaradas. Inicialmente pensaba resistirme hasta el final, pero después consideré que era más útil peleando donde pudiera”. González Ibargoyen (1924-2006), abanderado de la Escuela Naval, había llegado al comando de la marina de guerra en mayo de 1973. Estuvo a su frente hasta 1977, en que lo sucedió el vicealmirante Hugo León Márquez.

En el Apostadero Naval, Lebel fue trasladado hasta un camarote del destructor Artigas, barco que había comandado cuando era capitán de fragata (1967-1968). “Estando ahí me enteré que esa noche había una fiesta, justo en aquel día (el del asalto a las instituciones democráticas); algo inconcebible”, relataría al suplemento Fin de Semana de El Observador, el 23 de junio de 2001. “Entonces esperé hasta eso de las 22 horas, salí y vi que no había ningún centinela. Me desplacé hasta la sala principal, saludé a los que estaban –había muchos ex alumnos míos y viejos camaradas-, pedí un whisky, que me dieron, sin saber que estaba preso, pedí la palabra, que me concedieron con alegría y brindé “‘por Artigas, de quien este barco lleva el glorioso nombre; por la Constitución, que fue arrasada por la canalla, y por tiempos que serán mejores y serán de justicia’, y después arrojé el vaso contra la pared”.

“(Entonces) todos me miraron como incrédulos, y dejaron como en desbandada el salón. De pronto quedé solo, hasta que apareció un oficial que me comunicó que sería trasladado a la Escuela Naval, que era mi próximo lugar de detención y fui esposado”. Lebel, inició allí una huelga de hambre que duró 10 días. “al final, decidí levantarla; estaba muy débil; había mensajes de amigos de que no siguiera, de que debía seguir adelante, donde me tocara estar, y decidí levantar la protesta”.

Con posterioridad, recuperó su libertad, pero quedó sin destino (en la bolsa), hasta que le aplicaron el inciso G de la ley orgánica militar, que implicaba el retiro obligatorio. Entonces, rehizo su vida como marino mercante. En los 20 años siguientes (desde 1977), integró la tripulación de numerosos barcos de carga y hasta un petrolero (en cinco de ellos, fue capitán). “En mi vida, he navegado 500 mil millas; 25 veces la vuelta al mundo”, señaló Lebel, que ha testimoniado muchas de sus vivencias de marino en libros como “El viejo Gunter, entre la tierra y el mar (diciembre de 2001), “El cocinero del rey” (2002), “La muerte de lobo” (2008), y “Biografía de un hombre que perdió el miedo” (noviembre de 2010). También escribió “Ancap: una visión geopolítica del Uruguay en el mundo del petróleo” (2003).

Ál regreso de la democracia, el gobierno reconoció la injusticia cometida contra su persona. “Su honor militar no fue afectado sino que lo más importante es que queda enaltecido su nombre en la lealtad a la República”, señala un mensaje suscrito en enero de 1987 por el entonces titular de la cartera de Defensa, Juan Vicente Chiarino. En junio de 2001, a través de una ley, fue ascendido, junto a otros militares demócratas sancionados por la dictadura, al grado superior, o sea el de contralmirante.

Lebel nació el 10 de mayo de 1925 en el Hogar Evangélico de Nueva Helvecia: su padre, Oscar, comerciante, que había sido soldado en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), era austríaco; y su madre, Paula, alemana. La familia se instaló después en Rivera, donde hizo sus estudios escolares y secundarios que culminó en Montevideo en 1940, ingresando al Liceo Militar y después a la Escuela Naval. En 1946, egresó como guardiamarina, iniciando su carrera como oficial de la Armada. Su reconocido don de mando y el dominio de cinco idiomas (español, inglés, alemán, portugués, francés), coadyuvaron para que en 1962 fuera nombrado comandante del petrolero Oribe, primero de ese tipo que tuvo el país, y que realizaba viajes a Kuwait, Argelia y Venezuela. En momentos de producirse el golpe, la Armada tenía 1.200 hombres; 33 eran los capitanes de Navío (solo 22 pertenecían como Lebel, al Cuerpo General).

 

Diputado Bayardi: “Yo fui testigo”

“El 27 de junio de 1973 (día del golpe y comienzo de la huelga general), yo tenía 17 años y faltaban tres días para mi cumpleaños. Me levanté por la mañana, puse ropa en un bolso (y) arranqué para la Facultad de Arquitectura, donde nos íbamos a reunir los estudiantes del liceo Larrañaga. Yo vivía en la calle 26 de Marzo y Osorio.  Cuando iba por 26 de Marzo rumbo a la facultad, había una conmoción en la esquina de La Gazeta. En (ese lugar) estaba un oficial de la Armada en un balcón, con una bandera de Artigas, una bandera nacional, y un cartel que decía: “Soy el capitán de Navío Oscar Lebel – Abajo la dictadura”. En realidad, no conocía a (este) capitán de Navío. (En determinado momento), trataron de detenerlo otras fuerzas, no su fuerza. Entonces, (Lebel) sacó su arma de oficial, la puso encima del muro, mostró que tenía el cargador completo, y volvió a calzar el cargador (y los militares que querían detenerlo) se tuvieron que retirar en dos oportunidades, (hasta que llegó, un) oficial superior (de la Armada)”.

(José Bayardi, sesión de la Cámara de Representantes del 2 de mayo de 2001).