Por: Fernando Gil Díaz - "El Perro Gil"

Uruguay sufre las consecuencias de una globalización que no mide resultados, así como tiene su lado positivo oculta otros que nos pegan fuerte y obligan a repensar todo, al tiempo de develar ciertas vulnerabilidades. Es que no todas las sociedades están preparadas para contener los cimbronazos de esa incontinente ola de globalidad que inunda el planeta. El efecto más pernicioso -sin dudas- son las redes sociales, un maravilloso instrumento que debe ir acompañado de conocimiento y si en ese ítem no estamos fuertes, entonces los riesgos se multiplican. Nada más peligroso que un rumor, lanzado en las redes, caiga en manos de alguien que no chequea su veracidad y lo replica sin pudor. Ese grado de ignorancia no se mide con las pruebas Pisa, pero -seguramente- sea parte del mismo problema. La decadencia virtual es tanto, o más dañina que la tradicional para un país que dio un salto revolucionario con sus planes Ceibal e Ibirapitá. Si no prestamos atención a ese punto y educamos en cultura de la información virtual que se difunde, seremos un cúmulo de ignorantes con la mejor tecnología en sus manos, capaces de volver letal un arma de conocimiento maravillosa como las redes sociales.

 

A bolazo limpio

A poco de comenzar las clases (un par de días antes) circuló en las redes un tenebroso mensaje que contenía datos locales sobre una supuesta orden impartida desde el Penal de Libertad por “los clanes mayores -primera interrogante, hablar de clanes en Uruguay no es común- de robar niños, porque ya las personas no pagan rescate por los autos, motos…y por los niños sí lo harán”. El mensaje es más largo, pero lo medular era ese punto. Me bastó copiar ese texto y buscarlo en internet para develar la falsedad del mismo. Se trata de lo que se conoce como “hoax”, término inglés del bulo o noticia falsa que intenta hacer creer a un grupo de personas que algo es real cuando no lo es. Se popularizó con los engaños masivos por medios electrónicos que se divulgan principalmente por internet (fuente: Wikipedia).

Pero este no es el único caso que padecimos los uruguayos del siglo XXI, acaso el más reciente que por la rápida acción de algunos no llegó a los medios de prensa que se hacen eco muchas veces de este tipo de noticias, aumentando su potencialidad destructiva.

Porque los efectos negativos no se limitan a simple viralización de información falsa, es información que sensibiliza y genera pánico desviando la atención de las autoridades que deben -responsablemente- atender, verificar y desmentir la información para calmar o impedir el pánico en la población. No hacerlo daría margen al mensaje para lograr su objetivo de generar miedo y quién sabe qué otros intereses ocultos. Lo cierto es que basta con estar preparados para este tipo de amenazas desactivándolas a tiempo. El antídoto es simple: cortar y pegar una frase alcanza para indagar cuantas veces el mismo texto se usó en el mundo para darnos cuenta de la presencia de estos mensajes.

 

Difamación virtual

Pero no solo apuntan -los bolazos- a generar miedo y pánico entre la gente (amparados en el anonimato que dan las redes), también buscan, en muchos casos, el desprestigio de una gestión o de las personas que la llevan adelante. Han circulado muchos casos de este tipo, los últimos fueron (con foto incluida) de un representante nacional suplente del Partido Nacional al que sindicaron como requerido por la estafa al Fonasa (circunstancia que no tiene asidero real por carecer de requisitoria alguna dicha persona). O la viralización de un comprobante de pago por servicios adquiridos por la Intendencia de Montevideo a una abogada del Partido Colorado a la que contrataron “por designación directa con una remuneración de sólo 155.000 pesos mensuales” (sic). Algo falso de toda falsedad ya que atribuyeron como pago mensual el total de la contratación que es por 6 meses (la retribución mensual supera apenas los $25.000). Sin hablar del adicional de afirmar que dicha abogada era “pareja” de la directora que la contrataba. Otra afirmación falsa.

No sé quién se toma el trabajo de modificar los textos para hacerlos pasar por casos locales pretendiendo hacerlos más creíbles. Quien hace eso debería ser pasible de una sanción pues sus efectos son impredecibles y genera desvíos innecesarios de recursos humanos y tecnológicos para verificarlos por parte de las autoridades.

Asimismo, quien se toma el tiempo de divulgar mensajes con contenido falso y difamante corre el riesgo de cometer un delito exponiéndose a una demanda por difamación e injurias por parte de la víctima del mensaje.

El anonimato, en el que se escudan los inescrupulosos que manipulan la información con fines de viralizarlo en las redes sociales, es posible desenmascararlo con pericias forenses que permiten llegar al autor original, a pesar de la creencia de que ello es imposible.

 

Anticipo electoral

Las elecciones parecen estar instaladas ya en el Uruguay a tres años de los próximos comicios. Hay quienes no toleran los cambios, se dicen demócratas pero no aceptan las reglas democráticas promoviendo el miedo y el descrédito con acciones de este tipo. Solo así puede explicarse que se tomen el trabajo de modificar un texto para hacerlo circular como si fuera un caso local. En ese momento, quien lo hace, está haciendo algo lindante con el delito o, por lo menos, algo irresponsable y debería tener alguna sanción.

Las redes sociales son un instrumento maravilloso, las aplicaciones contribuyen a mejorar nuestro confort proveyendo de la información necesaria para la toma de decisiones. Pero si esa información es tendenciosa y/o falsa, deja de ser información para ser pura y lisa manipulación.

Por ello es que debemos educar en la prevención de este tipo de acciones que son cada vez más frecuentes en el Uruguay de hoy, si no queremos quedar enmarañados por las redes…