Luego de varios meses de análisis, discusiones y debates el Presidente Tabaré Vázquez tomó la decisión de que Uruguay se retire de las negociaciones del Acuerdo de Liberalización del Comercio de Servicios (TISA). Vázquez le había solicitado la opinión a la fuerza política, que en su Plenario del 5 de setiembre resolvió, por 117 votos contra 22 la inconveniencia de mantener su participación en el acuerdo del TISA.

Vázquez acató la decisión del Frente Amplio, asegurando la unidad de la fuerza política y la necesidad de gobernar con el FA y no con la oposición, como estaban solicitando los líderes de los partidos Colorado, Nacional e Independiente. La resolución del FA no responde a razones ideológicas, sino a un análisis muy fino de las ventajas y problemas de lo que se conoce del acuerdo.

Lo mismo ocurrió con el Tratado de Libre Comercio con EEUU en el 2006. Nos imponían el mismo tratado que habían firmado con Perú, sin poder realizar ninguna modificación. Uruguay no tenía un buen estudio sobre los distintos sectores de actividad económica para distinguir qué era positivo abrir y qué había que seguir protegiendo.

Surgían altos costos en las compras estatales, en las normas de competencia, en la propiedad intelectual y en servicios. Las ventajas en materia de inversiones ya se habían otorgado en el acuerdo sobre protección y promoción de inversiones. Las dificultades del TISA surgieron del conocimiento del acuerdo, a través de filtraciones de las negociaciones secretas entre sus distintos integrantes.

En lo personal trabajé con Roberto Kreimerman, José Quijano, Gerardo Caetano, Gonzalo Rodríguez Gigena, Roberto Chiazzaro, Daniel Olesker y Viviana Barrreto para una declaración pública que mostraba con nitidez los aspectos negativos que contenía lo que se conocía del acuerdo. No eran elementos ideológicos porque lideraba EEUU.

Era porque se trataba de un acuerdo plurilateral donde no estaban Argentina, Brasil, China, nuestros principales compradores, ni Rusia ni India. Era porque el Trato Nacional afectaba la política de compras estatales, Era porque había que presentar listas negativas y no positivas en el Trato Nacional.

Eran por las claúsulas de statu quo y “trinquete” que limitaban la acción del Estado. Era porque queremos defender las regulaciones sobre telecomunicaciones y servicios financieros. Era porque nos afecta la cláusula de la nación más favorecida. Era porque las regulaciones tenían que ser objetivas, razonables e imparciales.

Era porque sus disposiciones contrariaban con nitidez el programa del FA. Por ejemplo, el TISA supone una mínima intervención del Estado, pero debía impulsar la liberalización y desregulación, mientras en el programa del FA se plantea la intervención del Estado para conducir, orientar y regular el proceso económico. Lo era porque seguramente las controversias entre inversor y el Estado se resolverían en Tribunales Internacionales.

Los que están a favor, especialmente los dirigentes políticos de los partidos de la oposición y los representantes empresariales del sector privado, lo defienden porque significa una apertura, una liberalización y desregulación, porque sostienen que el libre juego del mercado resolverán todos los problemas económicos y sociales.

Hay más elementos ideológicos que propuestas concretas que nos puedan beneficiar. Se sostiene también que puede haber algunas formas de represalias por retirarnos. No firmamos el TLC con EEUU y nada pasó. Se firmó el TIFA, un acuerdo parcial que nos dio entrada a los cítricos y a la carne ovina.

Se plantea también que el Uruguay se aísla del comercio internacional. Sin acuerdos, en los últimos 10 años las exportaciones de Uruguay crecieron 16% acumulativo anual, lo que es un verdadero récord nacional, con la ayuda de la suba de los precios internacionales. El país alcanzó a obtener 178 mercados extranjeros de destino lo que muestra la extraordinaria capacidad de abrir nuevos mercados.

En este período, Uruguay recibió inversión extranjera directa por montos muy elevados, desconocidos en la historia del país. Y todo esto sin realizar nuevos acuerdos.

El país necesita acuerdos comerciales. Puede hacer acuerdos parciales, por ejemplo como el TIFA, con China como acaban de efectivizar Argentina y Brasil. La mirada de mediano y largo plazo es de una inserción internacional basada en los conocimientos, en la exportación de bienes y servicios con alto y medio contenido tecnológico.

Esto no se obtiene en los acuerdos en discusión, que nos pueden favorecer para seguir colocando recursos naturales, lo que logramos sin acuerdos. Los acuerdos en discusión, como los TLC, el acuerdo del Pacífico, el Transpacífico, ni el TISA no nos ayudan a exportar conocimiento, ni valor agregado. Para ello es fundamental la integración económica centrada en la complementariedad productiva, en la participación de cadenas de valor regionales con valor agregado y contenido tecnológico. Esta es la ruta para el futuro. Esto es lo que debieran reflexionar los empresarios nacionales.

El presidente Vázquez le pidió opinión a la fuerza política. Para los debates era muy difícil encontrar representantes defensores del TISA. El Ministerio de Relaciones Exteriores no los proporcionaba. Los comités de base del FA realizaron reuniones para informarse sobre el TISA el 25 de agosto y fueron tomando posición de manera negativa. En el plenario nacional la inmensa mayoría de los expositores fundamentaron en contra del TISA con argumentos diversos.

Los que parecían estar a favor manifestaban dudas sobre los contenidos del acuerdo, pero querían acompañar las posiciones de los Ministros de Relaciones Exteriores y de Economía y Finanzas. Una abrumadora mayoría de 117 votos a 22 definió la posición de la fuerza política para retirarse de las negociaciones.

Tabaré acató la decisión de la fuerza política, profundizó la unidad frentista, decidió gobernar con el partido y no contra el partido. El plenario del FA no votó contra Tabaré, que nunca había manifestado su posición. Votó por sus convicciones de lo que considera positivo para el Uruguay.

La fuerza política debe apoyar a su gobierno y controlarlo para el cumplimiento del programa de gobierno. Es importante que tome posición en los temas más trascendentes, y el TISA lo era. También reiteramos que se requieren cambios en su orgánica para cumplir adecuadamente sus funciones.