Por: Francisco Connio

Los tradicionales ranchos de adobe que encontrábamos en la campaña por doquier en épocas artiguistas y que fueron perdiendo vigencia con el paso del tiempo transformándose en taperas, han dado lugar a que la modernidad muestre hoy, con el aprovechamiento de materiales naturales (paja, tierra, madera, piedra, caña), un avance paulatino e incesante de tecnologías de bioconstrucción.

Un dato que maneja la Unesco sostiene que más de la mitad del planeta vive en casas de tierra, por lo que no es descabellado pensar que hoy la solución habitacional para muchos está en los elementos que nos brinda la propia naturaleza. Por eso ahora, dentro de la carrera de arquitecto, se esta dando una materia, aunque opcional, pero en definitiva una materia específica sobre tecnología de tierra.

“En este momento hay como un boom por la construcción de casas de tierra, no solo en Uruguay sino en varios países. Nosotros particularmente, en estos momento estamos haciendo una casa importante en Carrasco, pero en Solymar están construyendo, en Salto hay un complejo de viviendas, en Rocha hay muchos jóvenes construyendo”, sostiene la arquitecta Rosario Etchebarne, quien durante muchos años coordinó en Salto un grupo de trabajo e investigación en tecnología de tierra con muy buen suceso.

La arquitecta cuenta a LA REPÚBLICA que esta tecnología es antiquísima aunque hizo hincapié en que el uso intenso del cemento portland, en la reconstrucción de ciudades europeas luego de la segunda guerra mundial, “descartó el uso de la tierra como material de construcción y recién a partir de los años 70, con la crisis energética mundial, algunos jóvenes investigadores rescatan la cultura constructiva del uso de la tierra”.

Etchebarne dice que dentro de las ventajas la casa de barro “posibilita un confort muy grande, del punto de vista del aislamiento térmico, control de la humedad siendo además construcciones que aseguran buena calidad y durabilidad”. Indica que tanto los diseños, como los materiales varían mucho de una casa a otra e incluso “en América Latina y en toda Iberoamérica, el grupo Proterra al cual pertenecemos, ha relevado más de 20 tipos de sistemas constructivos y cada uno con variantes propias de cada lugar, por lo que la utilización de elementos es variada. Además la bioconstrucción permite aplicar buenas terminaciones en los revoques, azulejos, cerámicas”.

Los cimientos de todas estas construcciones son de cemento y después, el resto de la construcción depende del gusto particular del cliente, porque hay infinidad de técnicas para las paredes, para los techos. Indicó que se cuida sobremanera el diseño “teniendo en cuenta que para nuestro clima de lluvias intensas, mucho calor en verano y mucho frío en invierno, es necesario diseñar con buenas botas (zócalos de piedra o revoque) y buen techo con aleros, y cuanto más generoso sea este, los revoques de tierra permitirán una ventilación adecuada de los ambientes interiores”.

Confiesa que cada vez son más los arquitectos que trabajan en estas tecnologías de tierra, buscando espacios agradables, simples, cálidos e iluminados. Sin embargo no es accesible a cualquier persona y explica que “nosotros trabajamos mucho desde la extensión universitaria tratando de que ingresara en políticas públicas como solución habitacional, pero no se incluyó, quizás porque hay otras lógicas financieras. Pero sí se adecuó más a sectores muy pudientes o para una generación de gente joven que no quiere entrar, por ejemplo, al sistema del Banco Hipotecario y se hace como autoproyecto”.

Son más baratas que las construcciones tradicionales y el costo varía de acuerdo a los elementos utilizados, pero para tener una idea, pagar los materiales para una casa de 50 metros cuadrados puede rondar los 5.000 dólares. Si es autoconstrucción se abarata bastante porque la mano de obra hoy es bastante cara”.

En estos momentos dice que están haciendo casas para un sector de gente “que tiene recursos económicos y que quieren vivir en casas más sanas, por decirlo de alguna manera. Pero realmente son casas espectaculares, con todo el confort necesario, con techos de quincho, madera, otras con césped encima, tejas, etc. Este tipo de vivienda permite lo antiguo y lo moderno en forma conjunta”.

Finalmente la arquitecta señaló que todo esto “lamentablemente no aparece en ninguna estadística, es decir los que estamos en esto estamos conectados pero como que es una cosa un tanto silenciosa todavía. Pero es una solución que muchos uruguayos están encontrando a su problema habitacional”.