La revista El Soldado del Centro Militar acaba de reconocer la existencia del Plan Cóndor, admitiendo de esta manera la puesta en marcha de una “coordinación represiva de los gobiernos” durante la década del ‘70 “como se coordina hoy contra el narcotráfico y como se coordinó desde siempre a través de Interpol el combate a la delincuencia internacional”.

Si bien los autores del editorial no se presentaron públicamente, sí lo hizo el presidente del Centro Militar, el coronel (r) Guillermo Cedrés, quien aseguró que esa columna “no dice eso”. “Yo no tengo ninguna razón para poder fundamentar que existiera un plan, dije que existía una coordinación entre los Gobiernos como existe hoy cuando se combate a grupos armados como terroristas, la guerrilla o el narcotráfico que son primos hermanos. No son delincuentes comunes sino organizados y los Gobiernos deben organizarse”, indicó Cedrés.

Cedrés tiene derecho a interpretar de acuerdo a su entender ese escrito publicado en la revista, pero deja un mar de dudas que impide que sus dichos sean aceptados.

El militar retirado deja fuera de su análisis un tema nada menor, que es el hecho de que en el Cono Sur (en Uruguay y en los países vecinos) se había instalado el terrorismo de Estado.

Si esto es así, las fuerzas armadas de este país pertenecían a una institucionalidad que los obligaba, con su aceptación, a participar en la más dura represión que no estaba convalidada por la Constitución de la República.

¿Sabe Cedrés que a partir del 27 de junio de 1973 la democracia fue herida gravemente por civiles y militares que querían impedir que el Frente Amplio ganara en las próximas elecciones nacionales? ¿Era lo mismo perseguir hasta la muerte a Zelmar Michelini y a Héctor Gutiérrez Ruiz, que a un narcotraficante que incluso tiene derechos a pesar de sus prácticas?

Por encima de la polémica que se ha desatado, lo que importa es que mañana miles de uruguayos se volcarán a las calles para recordar a aquellos que fueron asesinados el 20 de mayo de 1976 por integrantes de las fuerzas armadas, quienes dejaron en el olvido lo mejor del pensamiento republicano y libertario en el que se inspiró José Artigas.

Muy lejos está de nosotros la intención de participar en una campaña de desprestigio para con los uniformados de la patria, porque entendemos que el futuro de la democracia pasa por un buen entendimiento entre civiles y militares, donde jamás se claudique ante cualquier intento de alterar la vida republicana, tal como lo quería el general Líber Seregni.