Por: Luis Casal Beck

En el plebiscito constitucional de 1980, el “error” mas notorio del régimen fue “no haber tenido en  cuenta la opinión de los partidos políticos”, dijo el 29 de diciembre de 1981 el general Abdón Raimúndez, presidente de la Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (Comaspo), y titular de una de las cuatro divisiones del Ejército (la número IV, con asiento en Minas). Desde setiembre de 1976, la dirigencia de los partidos tradicionales (blancos y colorados), había sido proscrita por 15 años (acto institucional Nº 4).

Su principal líder, Wilson Ferreira Aldunate, estaba radicado en Europa. La izquierda era ilegal, con miles de presos y exiliados, y el general Liber Seregni, ocupaba desde hacía años una celda en la Cárcel Central de Montevideo, junto a otros militares demócratas. Durante 1981 fue elaborada una ley de los partidos políticos finalmente promulgada en junio de 1982.

La intención del régimen era convocar a elecciones internas simultáneas en aquellas formaciones reconocidas (Partido Nacional, Partido Colorado, Unión Cívica), para determinar quienes  serían sus conductores, a la hora de negociar en detalle los términos de una transición.

El proyecto de “democracia tutelada” por ellos pergeñada, había fracaso en el plebiscito de noviembre de 1980, en que el 57,9 % de la ciudadanía se inclinó por el NO.

El gobierno cívico-militar suponía que el retorno al país del líder colorado Jorge Pacheco Areco (su embajador durante 10 años, en  España, Suiza y los EEUU), le permitiría al régimen controlar a este partido.

Pensaba, asimismo, que en el interior de la colectividad oribista,  una corriente orientada por Alberto Gallinal Heber, tendría un respetable apoyo.Todas estas especulaciones se desplomaron ante la contundencia de los hechos. Pacheco, que se había ido del país en 1972 como el gran vencedor de las elecciones del año anterior, regresó a Montevideo un 8 de mayo de 1982. Pese a la estridencia de la propaganda que instaba a sus partidarios a salir a las calles a recibirlo, la recepción que tuvo fue por demás fría. Pacheco sería después seriamente derrotado en las urnas por todos los colorados opositores unidos (ver resultados).

En vez de números, la Corte Electoral adjudicó, -según la reglamentación aprobada-, letras al azar a las listas, de las que fueron eliminados unos 600 candidatos. Cuando el wilsonista Fernando Oliú salió del edificio de la Corte y fue abordado por la prensa, dijo que a su sector le asignaron las letras ACF. “Si, -dijo, esbozando una amplia sonrisa-; nos dieron ACF; adelante con Fe…”. Wilson Ferreira, a quien habían tratado de matar en Buenos Aires en 1976 (cuando fueron secuestrados y ultimados los líderes opositores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz), vivía exiliado en Europa, y respaldaba un movimiento opositor (Convergencia  Democrática) surgido en  1980, que presidía su hijo, Juan Raúl.

En estas internas, en que varios de los dirigentes e su sector fueron procesados con prisión por sus discursos (ver cronología), emergió como un gran referente de la oposición democrática. Se impuso ampliamente dentro de su partido, que sacó mas votos que el Partido Colorado (92.383).

En clave estratégica, Seregni señaló desde la cárcel, que el Frente Amplio (FA) estaba impedido de expresarse, y la ley aprobada por el régimen buscaba “imponer (una) democracia tutelada, con un bipartidismo disfrazado”. El líder del FA afirmaba que no se debía votar dentro de los partidos admitidos por la dictadura, aconsejando la abstención calificada o el voto en blanco. “Llamamos al Dr (José Pedro) Cardoso y nos pusimos inmediatamente de acuerdo en que convenía el voto en blanco”, recordaría muchos años después Juan José Crottogini.

Reunida clandestinamente el 9 de setiembre, la Mesa  Política del FA, adoptó por unanimidad esa posición. El 19 de octubre, la revista Opción, de orientación democristiana, anunció la creación de una Comisión por el Voto en Blanco integrada por 12 miembros (entre ellos, Carlos Gómez Haedo y Oscar Bottinelli). Al día siguiente, todos fueron arrestados, y Opción resultó clausurada por “perturbar la normal  nstitucionalización del país”.

En noviembre hubo 85.373 votos en blanco (6,77 %). Según los archivos de la inteligencia policial, fueron pegados adhesivos en los semáforos que decían: “El Frente Amplio vota en blanco por amnistía general, libertades democráticas, asamblea constituyente (y) soluciones económicas”.(“ Liber Seregni, la unidad de las izquierdas”, de Gerardo Caetano y salvador Neves, EBO, 2012) “¿Cómo solo 85 mil de los 300 mil que tuvimos en el 71?”, inquiriría Seregni en el libro-reportaje “La Mañana Siguiente” de Samuel Blixen (Brecha, 1997).

En aquellas internas, muchos frentistas de la primera hora se inclinaron por respaldar a las alas opositoras de los   partidos reconocidos, para incidir después a la hora de negociar con los militares. En particular, lo hicieron por las listas del wilsonismo. Dos días antes de las elecciones, el gobierno que encabezaba el general Gregorio Álvarez, -hoy encarcelado en la penitenciaría de Domingo Arena-, al constatar que no había  ya reservas para seguir sosteniendo al dólar, anuncio un feriado bancario, y el final de “la tablita” (que anticipaba su cotización con varios meses de antelación).

El dólar que estaba a N$ 13.81, pasó a valer N$ 22; y poco después se ubicó en los N$ 35. Todo esto provocó una gran incertidumbre. En marzo de ese año, Álvarez al ser preguntado por la prensa sobre versiones de una inminente devaluación de la moneda, respondió: “eso habría que preguntárselo al marciano que inventó la noticia”.

El domingo 28 de noviembre, 1.260.506 uruguayos concurrieron a las urnas (60,61 % de los habilitados), en comicios en los que el voto no era obligatorio. Un 49,18 % lo hizo dentro del Partido Nacional; un 41, 85 % dentro del Partido Colorado, y un 1,19 % por la Unión Cívica. Entre los blancos, se impuso el wilsonismo (54,2 %), y tuvo su nacimiento la corriente herrerista liderada por el entonces ex diputado Luis Alberto Lacalle (6,7 %). Los sectores afines al régimen, apenas conquistaron el 7,2 % de los votos. Unidad y Reforma  (Jorge Batlle, Julio Ma Sanguinetti), Libertad y Cambio (Enrique Tarigo), el Batllismo Radical (Manuel Flores Mora, Amilcar Vasconcellos), alcanzaron el 65,7 % de los votos colorados, superando al pachequismo (29, 5). La Corriente Batllista Independiente (CBI, Manuel Flores Silva), alcanzó el 1,9 %.

El pueblo una vez mas se había pronunciado, decidiendo que los “interlocutores válidos” de los militares en el proceso negociador que se abriría en 1983, serían voceros de partidos en los que la oposición era mayoritaria. Los 500 miembros de cada una de las convenciones electas, fueron proclamados el 30 de diciembre.

En marzo de 1983, las convenciones eligieron a los órganos ejecutivos de 15 integrantes de los tres partidos reconocidos. El directorio blanco pasó a ser presidido por el wilsonista Juan E Pivel Devoto; a la secretaría general de los colorados accedió el batllista Julio Ma Sanguinetti, y el ex diputado por San José, Humberto Ciganda asumió la presidencia de la Unión Cívica. Comenzaba otro tiempo.

LOS RESULTADOS EN CIFRAS

  • Habilitados: 2.079.566
  • Votantes: 1.260.506 (60.61 %)
  • Partido Nacional 619.945 (49.18 %)
  • Wilsonismo 335.653 (54. 2 %)
  • Sector Lacalle 42.090 (6.7 %)
  • Sector Gallinal 44.645 (7,2 %)
  • Otros 197.557 (31.9 %)
  • Partido Colorado 527.562 (41.85 %)
  • Batllismo Unido 346.523 (65.7 %)
  • Pachequismo 152.992 (29.0 %)
  • CBI (Flores Silva) 9.939 (1.9 %)
  • Otros 18.109 (3.4 %)
  • Unión Cívica 14.986 (1.19 %)
  • En blanco 85.373 (6.77 %)

 Fuente:”1960-2010. Medio siglo de historia uruguaya” coordinador: Benjamín Nahum (EBO, 2012, 625 páginas).

 

SEREGNI: CONVERGER TODAS LAS FORMAS DE RESISTENCIA

“En la lucha contra la dictadura- que es la gran tarea del momento-, las elecciones internas son, por supuesto, muy importantes. Pero la importancia no radica solamente en el triunfo dentro de cada partido tradicional de los sectores opositores con la obtención de la mayoría de los órganos dirigentes (…) lo que realmente importa, en esta batalla, es  ue en noviembre de 1982 –caso noviembre 1980-, se manifieste un pueblo que no acepta dictaduras ni democracias tuteladas; que quiere ser dueño de su futuro y participante activo del quehacer colectivo. Y esto se alcanza, sí, con el triunfo de los sectores opositores dentro de los partidos tradicionales, pero también y mucho, con una presencia notoria (incluso por vía de ausencia) de aquellos a quienes no se ha consultado, que se pretende marginar(…) Es decir, que la oposición debe realizar una convergencia de esfuerzos, lo que no significa –necesariamente-, que todos hagan lo mismo, sino que las acciones a cumplir por cada uno concurran y converjan sobre el objetivo” (carta del general Líber Seregni del 10 de junio de 1982, que fue fue escrita en prisión y sacada clandestinamente por familiares durante una visita.

 

Fuente: “Colección Líber Seregni”, tomo III, Taurus, 2009). a unos 600 candidatos por poseer antecedentes adversos, según el régimen.