Por: Matías Canabarro

Así es el fútbol. El mismo delantero al que hace poco tiempo muchos querían quemar en la hoguera, hoy es el héroe. Mauricio Affonso marcó dos goles en los descuentos (el segundo en un offside clarísimo que solamente Horacio Ferreiro no vio), que materializaron el 3-2 con que Peñarol venció a Rampla y dio vuelta su segundo partido en cuestión de días.

Los aurinegros jugaron bastante mal, pero volvieron a mostrar una actitud que se hace costumbre, y les permite manterse con vida en el Torneo Apertura. El próximo fin de semana, tendrá un complicada prueba ante Defensor en el Franzini.

Le faltó

Durante un buen tramo del primer tiempo, Peñarol dio la impresión de estar controlando el partido. Manejó la pelota, controló sin problemas a Rampla Juniors (salvo en la recta final del episodio) y aprovechó la sucesión de tiros de esquina para imponerse en el juego aéreo.

Sin embargo, esto fue un espejismo, pues volvió a ser bastante predecible, repitió la falta de inspiración creativa, y las conexiones que derivaron en ocasiones de peligro llegaron una vez por siglo.

De hecho, la única sucesión de pases que dio resultado fue un pase filtrado de Nahitan Nández (a quien su habitual entrega y desdoble transformó en uno de los mejores exponentes de su equipo durante los 45’ iniciales) a Alex Silva, cuyo centro fue cabeceado por Mauricio Affonso, quien se topó con una buena respuesta de Rodrigo Odriozola.

Exceptuando un remate del “Cebolla” Rodríguez desde el borde del área, que nació a los 9’ y fue la primera aproximación de Peñarol en el partido, todas sus llegadas fueron de pelota quieta. Casi todas producidas por cabezazos de Ronaldo Conceiçao, el central que estrenó titularidad y mostró sus virtudes en el juego aéreo ganando tres veces consecutivas.

El dispositivo defensivo funcionó la mayor parte del tiempo. Las líneas adelantadas y la presión ejercida mantuvo a Rampla Juniors alejado del arco de Gastón Guruceaga, que no apareció en escena por más de media hora. Tal fue así, que los “picapiedra” no pasaron la mitad de la cancha más que esporádicamente.

Esto llevaba al equipo de Fernando Araújo a abusar del remate de media distancia, probablemente porque no tenía otra manera de inquietar a su rival. Sin embargo, con el paso de los minutos, Los caminos, hasta entonces sellados, empezaron a abrirse. Peñarol fue apagándose, al punto que ya ni dominaba la posesión de la pelota, y Rampla lo aprovechó para rondar el área rival.

La jugada más clara del primer tiempo terminó siendo propiedad del visitante. Un increíble blooper protagonizado por Ronaldo Conceiçao y Alex Silva, que chocaron cuando ambos iban a buscar la pelota, dejó al balón buscando dueño y a Santiago González aceptando el regalo de la defensa. El delantero se fue mano a mano, pero Guruceaga agigantó su figura ganando el mano a mano con una gran atajada, que bajó el telón del capítulo inicial.

Increíble

Al segundo tiempo no le faltó nada. Rampla estuvo dos veces en ventaja: primero, con un gol de tiro libre de Emiliano García que pasó por el medio de la barrera. Varios minutos más tarde, Marcel Novick se mandó un golazo para empatar, pero la igualdad, que llegó cuando Peñarol empujaba más a base de ganas que de buen nivel, duró un pestañeo.

Una falta innecesaria del “Cachila” Arias derivó en un centro que Alex Silva, tras ganarle la posición a Ronaldo Conceiçao, mandó a la red de cabeza. La receta de Peñarol siguió siendo la misma. Careció de claridad, pero el empuje, iniciado en las tribunas, terminó dando resultados.

A los 92’, un centro del “Cebolla” Rodríguez terminó en la cabeza de Mauricio Affonso, que vulneró la respuesta de Rodrigo Odriozola para poner el 2-2. El empate parecía instalarse definitivamente en el Campeón del Siglo, pero el trámite tenía reservadas más sorpresas.

En la hora, un remate cruzado del “Cebolla” encontró a Affonso, quien la empujó para sellar el 3-2 que hizo estallar a la hinchada aurinegra. Mucho tuvo que ver Horacio Ferreiro, el línea que no vio que el delantero estaba al menos un metro fuera de juego.

Pero esto importa poco a los hinchas, que celebran al ver como renacen de las cenizas la actitud eternamente ligada a Peñarol, que la sigue peleando.