Por: Luis Casal Beck

En el comicio participaron 22.233 estudiantes, 1013 docentes y 13.715 egresados de las entonces 10 facultades en que se organizaba la Universidad de la República que sería intervenida un mes más tarde.

El miércoles 11 de julio de 1973 la central sindical Convención Nacional de Trabajadores (CNT) decidió levantar la huelga general dispuesta 15 días antes, como respuesta al golpe de estado cívico-militar. Lo hizo, reivindicando los cinco puntos enunciados el 28 de junio, en los que reclamó: “la vigencia plena de las garantías para la actividad sindical y política, y para la libertad de expresión”, y el inmediato “reestablecimiento de todas las garantías y derechos constitucionales”.

Ese día, se incorporaron al gabinete ministerial del dictador Juan María Bordaberry cuatro nuevos funcionarios. Uno de ellos, era Edmundo M Narancio, redactor responsable del diario “El País” de Montevideo, quien desde hacía años se había convertido en un duro censor de todo lo que ocurría en la Universidad de la República (UdelaR).

En la ceremonia de investidura, Narancio acusó a la UdelarR, de ser un territorio dominado por la ideología marxista leninista, y anunció que se tomarían medidas para cambiar aquella realidad, que no especificó. (ver recuadro).

En aquella jornada, las autoridades universitarias presentaron ante la Corte Electoral los padrones para las elecciones previstas para el 12 de setiembre. El voto era secreto y obligatorio. Los estudiantes, docentes y egresados de las entonces 10 facultades debían renovar la integración de la Asamblea General del Claustro (2 estudiantes, 3 docentes y 2 egresados por cada centro); las Asambleas del Claustro de cada una de las Facultades (10 representantes del orden estudiantil, 15 del orden docente, y 10 del orden egresados), y el Consejo de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura (3 estudiantes, 5 docentes, 3 egresados). Eran, en realidad, 63 elecciones simultáneas.

La Universidad, ocupada en las dos semanas de huelga general, fue normalizando sus actividades, y aquellas elecciones pasaron a ser un norte importante para todos.

El 6 de julio, el Consejo Directivo Central, encabezado por el rector Samuel Lichtensztejn y varios de los decanos, como Alberto Pérez Pérez (Derecho), Danilo Astori (Ciencias Económicas), y Pablo Carlevaro (Medicina), marcharon por la avenida 18 de Julio, con destino al Obelisco a los Constituyentes, en rechazo al golpe de estado. A las cinco cuadras, fueron reprimidos por la policía, que tras lanzar gas lacrimógeno, cargó contra la multitud; fueron varios los heridos.

Desde la prensa cercana al nuevo régimen, se convocaba a votar. El sufragio era secreto, las elecciones estaban controladas por la Corte Electoral, y resultaba aquella una oportunidad histórica para poner término al control por parte de las “minoría apátridas” del gobierno de la principal Casa de Estudios del pais, señalaban.

En las antípodas se situaban aquellos que sostenían que era aquella una circunstancia excepcional para demostrarle a la dictadura que carecía de sustento popular, y la Universidad constituía un freno civilizatorio a sus planes.

Tres eran básicamente las alternativas definidas: las listas de los sectores gremiales de docentes y egresados, a los que se sumaba la Federación de Estudiantes Universitarias del Uruguay (FEUU), que integraban el oficialismo universitario; las corrientes impulsadas por la oposición de perfil blanco (Wilson Ferreira Aldunate, estaba por entonces exiliado en Buenos Aires), nucleadas en el Movimiento Universitario Nacionalista (MUN); y otro espacio, donde coexistían desde corrientes derechistas, -especialmente entre los egresados-, hasta agrupaciones de centro, que proclamaban en muchos casos su identificación con el batllismo.

En las vísperas de la elección, se fracturaba la institucionalidad democrática en Chile. El presidente socialista Salvador Allende, atrincherado en La Moneda, sede del gobierno, con una ametralladora AK 47, moría en medio de las explosiones y el ataque aéreo de los sublevados. Inicialmente se dijo que había sido asesinado; luego se supo que, ante el avance sedicioso, optó por autoeliminarse.

El 12 de setiembre, finalmente, se realizaron las elecciones en los diferentes locales de la Universidad. En total, votaron 22.233 estudiantes, 1.013 docentes y 13.715 egresados. La victoria de las listas gremiales y de la FEUU fue contundente; el MUN, tuvo una buena votación al tratarse de un agrupamiento nuevo.

De los 350 cargos en disputa para los claustros de las 10 Facultades, 251 fueron asignados a las listas de los gremialistas y de la FEUU; 55 al MUN, y 44 a los otros sectores. Era aquello una derrota para el régimen, y un dolor de cabeza para Bordaberry, y para Narancio (ver recuadro con resultados).

Entre las autoridades electas en el comicio, figuraron Mario Benedetti, Arturo Ardao, Rodolfo Tálice, Carlos Martínez Moreno, Luis A Faroppa, Mariano Arana, Roberto Rubio, Alberto Couriel (economista, hoy senador), Adela Reta, Américo Pla Rodríguez, Helios Sarthou, Eugenio Petit Muñoz, Héctor Tosar, José Pedro Díaz, Oscar Maggiolo (el anterior rector), Eladio Dieste, Alberto Ramón Real, Mario Sambarino, para citar algunos nombres. Muchos de ellos, poco después, se tuvieron que ir del país, o fueron recluidos a lo largo de muchos años en las cárceles políticas de la dictadura.

El semanario ultraderechista “Azul y Blanco”, tituló después de conocidos los resultados: “Mayorías o no, hay que barrerlos”. En los días siguientes, hubo una serie de episodios confusos ocurridos en torno a la sede central universitaria, en 18 de Julio y Eduardo Acevedo. El 8 de octubre, por ejemplo, un grupo de ultraderecha hirió de bala a un militante de la FEUU (Hugo Machin), lo que fue denunciado por el Consejo Directivo Central al entonces ministro del Interior, Néstor Bolentini.

El 26, se vieron movimientos extraños alrededor de la Facultad de Ingeniería y Agrimensura, en el Parque Rodó. Los vecinos, percibieron una inusual presencia de vehículos militares y policiales, según los testimonios.
En la mañana del 27 de octubre, estalló una bomba en el anfiteatro de esa facultad, muriendo el estudiante Marcos Caridad Jordán, que militaba en los Grupos de Acción Unificadora (GAU). Nunca se pudo determinar qué es lo que pasó realmente. El gobierno Intervino la Universidad (decreto 921/973), sus autoridades marcharon a la cárcel; y después estuvieron en libertad vigilada durante años. “Este hecho constituyó el pretexto que la dictadura estaba buscando para intervenir la Universidad”, señaló el investigador Lincoln Maiztegui en su ensayo “Orientales 4”.

A partir de entonces, comenzó el “nuevo orden”: destituciones de profesores y funcionarios, cambios en los planes de estudio, depuración de las bibliotecas, represión del movimiento estudiantil; fueron eliminadas áreas de investigación y de estudio como el Instituto de Ciencias Sociales, ubicado por entonces en la Facultad de Derecho, la Escuela Nacional de Bellas Artes, la Escuela de Enfermería; se paralizó casi por completo el Instituto de Economía, el de Matemáticas, el de Ingeniería Hidráulica.

“La investigación y la extensión fueron prácticamente suprimidas (y) la inactividad fue casi total en 1974”, (ver “Breve Historia de la Universidad de la República”. Colección del rectorado).

El 28 de noviembre de 1973, el régimen dió un paso más: ilegalizó 14 organizaciones políticas y estudiantiles (Partidos Socialista y Comunista; movimiento 26 de marzo: la propia FEUU), clausuró locales, detuvo militantes, cerró diarios (El Popular, Crónica), y semanarios. Y aquello, recién estaba empezando.

LA CONDUCCIÓN QUE EMERGIÓ VICTORIOSA

El rector: Samuel Lichtensztejn

Los decanos

Facultad de Agronomía: Santos Arbiza

Facultad de Arquitectura: Carlos Reverdito

Facultad de Ciencias Económicas y Administración Danilo Astori

Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Alberto Pérez Pérez

Facultad de Humanidades y Ciencias Mario H Otero

Facultad de Ingeniería y Agrimensura Julio Ricaldoni

Facultad de Medicina Pablo Carlevaro

Facultad de Odontología Julián González Methol

Facultad de Química y Farmacia Carlos Píriz Mac Coll

Facultad de Veterinaria Alberto Castillo

 

LOS RESULTADOS TOTALES EN LOS CLAUSTROS DE LAS 10 FACULTADES

Egresados (100)

  • Listas gremiales-progresistas: 51 cargos
  • Listas conservadoras: 28 cargos
  • Listas del MUN (wilsonismo): 5 cargos

Docentes (150)

  • Listas gremiales: 134 cargos
  • Listas de derecha: 11 cargos
  • Listas del MUN: 5 cargos

Estudiantes (100)

  • Listas FEUU: 66 cargos
  • Listas MUN  : 29 cargos
  • Listas batllistas:   5 cargos

 

EL VOTO DE LOS ESTUDIANTES

Facultad                                     FEUU             MUN             ABU

Agronomía                                   54.9 %            40.6 %

Arquitectura                               78 %                20.7 %

C. Económicas                            58 %                24 %                   14 %

Derecho                                         54 %                 30 %                 15 %

Humanidades                              81 %                16 %

Ingeniería                                     72 %                24 %

Medicina                                       68 %                23 %                   7 %

Odontología                                 61 %                25 %

Química                                         58 %               33 %

Veterinaria                                  50 %               39.6 %            10.4 %

 

  1. FEUU: Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay
  2. MUN: Movimiento Universitario Nacionalista (wilsonistas)
  3. ABU: agrupación batllista

 

NARANCIO: LA UNIVERSIDAD COMO  SUPREMA OBSESIÓN 

Dos semanas después de producida la ruptura institucional de junio de 1973, Edmundo M Narancio  se hizo cargo de la cartera de Educación y Cultura. En su discurso de asunción, Narancio de 57 años, que era desde 1968 el redactor responsable del diario “El País” de Montevideo, acusó a la Universidad de la República de ser una usina ideológica del comunismo internacional, y anunció su intención de poner término a esa situación.

Para Narancio, que era desde 1936 profesor de historia nacional y americana en la enseñanza media, “la única bibliografía que se ofrece (en la Universidad) es la de (Karl) Marx y (Federico) Engels (..), Yo no soy troglodita, que piensa que eso no debe darse (..) lo que no debe realizarse es una enseñanza de tipo totalitario que ignore todo lo demás fuera del marxismo-leninismo que ha producido el pensamiento humano”, señaló. En su mensaje, el nuevo ministro de la dictadura aseguró que los pasos a dar, no implicarían “cortarle la cabeza a nadie (…) ni métodos violentos ni cosas por el estilo”, dijo.

La problemática debía ser abordada, “por medio de la persuasión y de una serie de procedimientos que no son del caso mencionar en esta circunstancia, pero que se irán observando a través del trabajo a desarrollar en esta cartera”, añadió, enigmático.

“Estamos dentro de un sistema que no conduce a ninguna tiranía, a ninguna forma totalitaria, si no yo no estaría en este puesto `porque eso sería la negación absoluta de lo que he sido durante toda mi vida”, sostuvo este docente e investigador de la historia uruguaya, integrado a la página editorial de El Pais desde 1961, y coordinador del volumen colectivo “Artigas”, editado en 1950 por ese medio de prensa..

“Nacido en Montevideo en 1916, Narancio inició su actividad como profesor en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA) en 1936. Una década más tarde,  se incorporó al cuerpo de docentes en la Facultad de Humanidades y Ciencias, y llegó a ser el director del Instituto de Investigaciones Históricos, IIH (1954-1963). Fue sustituido por Eugenio Petit Muñoz, que era un abogado e historiador prestigioso.

Desde que dejó el IIH, Narancio que consideró aquello un “despojo”, se consagró a denunciar la “infiltración marxista” en nuestra principal casa de estudios, en particular, desde las páginas de El País. En junio de 1973, aceptó ser ministro de Educación y Cultura, y a partir del 28 de octubre, motorizó la intervención universitaria. En 1975 dejó la cartera, pero regresó a la arena pública en 1978 como embajador de la dictadura en Naciones Unidas, donde estuvo hasta 1980. Narancio falleció en 2001, siendo presidente del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay.