Para Pintado, la oposición “con las mismas propuestas de siempre”, ha “maquillado” su discurso para dar una irreal “sensación de cambio” apostando a “vaciar la agenda” de la campaña, dejándola “sin contenidos”.

A su entender, la derecha concibe la política “como un mercado” y a los ciudadanos “como consumidores” de un centro comercial, buscando “despolitizar la elección” para transformarla en una “competencia de estéticas” que se dirime entre “juventud o veteranía, y caras lindas o caras feas”.

“Quien piense que esta es una campaña chata y vacía de contenidos políticos se equivoca -explicó Pintado-, porque detrás de ella hay una manera de concebir la sociedad y a los ciudadanos, y lo que subyace es una profunda confrontación de valores humanos y democráticos”.

A criterio del titular del MTOP, esta nueva estrategia de campaña no es ninguna casualidad, porque “ tiene sostén teórico y experiencias empíricas, profesionales de la comunicación y millones de dólares detrás para inundar los medios de comunicación. Su primer objetivo es sorprender, creando un escenario político atemporal y aséptico que paralice y desmotive al frenteamplista. Quieren que la mística frenteamplista quede como pieza de museo que no encaja en este mundo moderno, tecnológico e hipercomunicado”, agregó.

Con tono preocupado, consideró que en medio de esto, el Frente aun está “calentando motores”, porque “cuesta decodificar esta agenda política elusiva que propone la derecha”. Por eso los mil logros de estos 10 años de gobierno no son suficientes para enamorar al votante, porque para los frenteamplistas y el votante independiente “sólo cumplimos con nuestro deber, y con mayor o menor éxito hicimos lo que teníamos que hacer”, expresó.

Para Pintado, el desafío del FA es “diferenciarse ideológicamente conjugando pasado, presente y futuro en tres o cuatro propuestas fuerza que hagan esa síntesis”.

“Debemos articular nuestras propuestas programáticas en un plan que promueva activamente el desarrollo de dos objetivos: profundizar una democracia de cercanías y reconstruir una nueva confianza social y ciudadana que integre y sostenga las diversas identidades colectivas, hoy fragmentadas y sin relacionamiento”, remarcó.

¿Como referente de AU y del FLS cómo evalúa el curso de la campaña electoral?
Atípica pero acorde con los resultados de las elecciones internas. La izquierda tiene y muestra logros, un programa común sólido y una fórmula que sintetiza experiencia exitosa y renovación, con propuestas concretas para el país del futuro. En la oposición una sola derecha con dos candidatos con las mismas y pocas propuestas de siempre, que deliberadamente esconde contenidos y se maquilla, ofreciéndole una sensación de cambio que no se explicita.

A mi juicio, a diferencia de 2004 y el 2009, en el 2014 la oposición cambió radicalmente la estrategia de campaña e inteligentemente mutó su presentación en esta elección porque sabe que se juega su sobrevivencia política. A partir de las internas se distribuyen los roles en torno a dos ejes de campaña nítidamente definidos: por un lado la denuncia permanente sobre algunos temas que han señalado concretamente para generar la idea que todos somos iguales, y por otro vaciar la agenda de contenidos, transformándola en una competencia efímera de estéticas.

La derecha concibe a la política como un producto más de mercado y ubican a los ciudadanos como consumidores ocasionales de un centro comercial recién inaugurado. Quieren despolitizar la elección tratando de instalar que en octubre el próximo gobierno se dirime entre parámetros biológicos y estéticos, juventud o veteranía, caras lindas o caras feas. Proponemos el Sistema Nacional de Cuidados y ellos el consejo de ancianos. Hablamos de transformar las plazas de deportes en centros polideportivos y culturales que promuevan ciudadanía y ellos realizan propuestas militarizantes para la seguridad pública.

Proponemos profundizar la agenda de los derechos ciudadanos, (referidas a los trabajadores, las cuestiones de género, la diversidad, la integración de las comunidades afrodescendientes y los discapacitados); y ellos dicen querer hacer desaparecer a los asentados, y esconden que quieren suspender la búsqueda de los desaparecidos proponiendo el modelo educativo de Finlandia.

Defendemos los derechos de los jóvenes a participar y ellos promueven disimuladamente la baja de imputabilidad. Esta nueva estrategia de campaña tiene sostén teórico, experiencias empíricas, profesionales de la comunicación y millones de dólares detrás para inundar los medios de comunicación. Su primer objetivo es sorprender, creando un escenario político atemporal y aséptico que paralice y desmotive al frenteamplista.

Quieren que la mística frenteamplista quede como pieza de museo que no encaja en este mundo moderno, tecnológico e hipercomunicado.

Es un modelo de campaña legítimo, que forma parte de las reglas del juego democrático, pero que a través de este nuevo formato desnuda la concepción que tiene la derecha sobre el sistema político y su relación con los ciudadanos. Proponen simplificar la política a una relación mediática donde quien gobierna construye el relato de la realidad y el ciudadano solo se limita a participar a través de su contacto individual constante con los grandes medios.

Esta modalidad sustituye el compromiso ciudadano por el confort, y los intereses colectivos por la opinión individualizante. Promueve un estado social subjetivo ausente de memoria, egocéntrico y sujeto a la inmediatez del ya y del mañana. Quien piense que esta es una campaña chata y vacía de contenidos políticos se equivoca, porque detrás de ella hay una manera de concebir la sociedad y a los ciudadanos y lo que subyace es una profunda confrontación de valores humanos y democráticos.

Pero Bordaberry se propone ganarle a Lacalle y llegar al balotaje contra el FA.
Una vez el padre Luis Pérez Aguirre nos recordaba una frase de Marx que decía que “no se ve el mundo de la misma manera desde la ventana de un palacio que desde una choza”. Son estas distintas miradas la que aportan una constante tanto en la forma de entender la sociedad como de aproximarse a ella.

Hay un partido de la concertación que funciona de hecho y que en quienes hoy los lideran representan dos versiones de un mismo modelo. De hecho hay un juego de roles donde se complementan sin necesidad de concertaciones formales previas, porque el único objetivo que se persigue es desplazar al Frente Amplio y su programa, del gobierno.

Unos intentan expresar la reconciliación nacional sin mostrar demasiado el pensamiento restaurador y los intereses de clase que representan y otros asumen el rol de la confrontación pura y dura. Esta alianza sutil y discursivamente virtuosa, complejiza nuestra campaña pero también le abre una oportunidad al Frente Amplio.

Nuestra lucha por la justicia y la equidad social nos une y entrelaza con miles de wilsonistas y batllistas. Son los que no se sienten representados por esa concepción de sus líderes y están desilusionados con sus partidos por la falta de espacio para ser protagonistas de un proyecto país inclusivo y solidario que apueste al bienestar colectivo.

FRASE
“La derecha concibe a la política como un producto más de mercado y ubican a los ciudadanos como consumidores ocasionales de un centro comercial recién inaugurado”.

“El FA aún está calentando motores”
¿Cómo ve al FA en esta campaña en ese sentido?

Aun calentando motores. Cuesta decodificar esta agenda política elusiva que propone la derecha. Pero también inciden otros factores. Los uruguayos en general y los frenteamplistas en particular somos inconformistas y siempre aspiramos a más. Por eso los mil logros de estos 10 años de gobierno no son suficientes para enamorar al votante. Tampoco que Tabaré y Mujica sean los dos presidentes posdictadura que culminan su mandato con altísimos niveles de aprobación ciudadana. Para los frenteamplistas y el votante independiente sólo cumplimos con nuestro deber, con mayor o menor éxito hicimos lo que teníamos que hacer. Por eso la mirada no es autocomplaciente y muestra con timidez el orgullo de haber cambiado radicalmente ese Uruguay donde los niños comían pasto y el trabajo era la principal preocupación de los uruguayos.

La izquierda es y será crítica, es su seña de identidad. Por eso exhibir con orgullo y autoestima los logros, en nuestra concepción histórica, sigue siendo incómodo. Eso nos frena. Aun cuando resta mucho por construir no tenemos que ser reticentes en contar y mostrar todo lo que hicimos crecer institucional, social y económicamente al país. Tenemos más que suficientes razones para embanderar, todas las casas con la bandera de Otorgués.

“Profundizar una democracia de cercanías y reconstruir una nueva confianza social”
¿Habiendo tantos logros y propuestas por qué la campaña del FA no termina de entusiasmar a la gente?

Porque la comunicación masiva de logros y propuestas se pierde en la vorágine de la comunicación que describimos y que podría definirse como la banalización. Hasta ahora solo pudimos fortalecer el mano a mano de ida y vuelta con la población. El desafío es diferenciarse ideológicamente conjugando pasado, presente y futuro en tres o cuatro propuestas fuerza que hagan esa síntesis. Donde el fortalecimiento de la democracia, la lucha por la transparencia y la ética, la independencia de poderes, la descentralización real y la libertad; fueron, son y serán estandartes de nuestro proyecto nacional. No somos ni seremos nunca lo mismo. En solo diez años cambiamos la imagen de paraíso fiscal que tan negativamente nos afectaba y hoy somos un país que apuesta al desarrollo que se plantea ir a más porque recuperó la confianza en sí mismo.

Cuando la oposición cuestiona las mayorías parlamentarias que habilita el juego democrático y que ellos siempre usaron para gobernar en un sentido regresivo, habría que comprometerlos a acordar igual criterio para definir la representación de los ediles en las juntas departamentales. Donde la minoría mayor, independiente del apoyo electoral que obtenga, recibe mayorías automáticas que respaldan a los intendentes, distorsionando la representación proporcional en el ámbito legislativo departamental.

Pero también tenemos propuestas concretas que apuntan a consolidar a esa incipiente clase media del mundo del trabajo que el Frente Amplio sacó de la pobreza pero que necesita y reclama más y mejores condiciones de vida. Es profundizar lo que el Plan Juntos y el Mvotma ya iniciaron. Porque el acceso a la vivienda propia marca un punto de inflexión en la vida de cualquier familia, permitiendo una mejor redistribución de los ingresos y de los espacios de convivencia en el hogar, facilita la educación, el estudio, la recreación, las relaciones intrafamiliares, la seguridad y la promoción de sentimiento de pertenencia barrial. Pero además nuestras propuestas para el tercer gobierno contienen intangibles que requieren creatividad y perseverancia para poder resaltar. Los cambios estructurales de la matriz productiva, la energética y la de infraestructura de transporte y logística son procesos a largo plazo, revolucionarios pero de baja visibilidad. El ciudadano común puede ver como se multiplican los silos, como los puertos están trabajando a pleno, cientos de molinos eólicos cambiando el paisaje natural del país, nuevos puentes y las rutas con un incesante tránsito de camiones con producción. Pero salvo que esté inserto en el tema, el votante no liga esas imágenes con el proyecto de cambio país del Frente Amplio.

Y hay dos temas de campaña, a mi juicio paradigmáticos, y que solo el Frente Amplio puede impulsar. No porque seamos iluminados sino porque hacen a los principios fundacionales de la izquierda y porque somos los únicos verdaderamente interesados en que se concreten. En tal sentido debemos articular nuestras propuestas programáticas en un plan que promueva activamente el desarrollo de dos objetivos: profundizar una democracia de cercanías y reconstruir una nueva confianza social y ciudadana que integre y sostenga las diversas identidades colectivas, hoy fragmentadas y sin relacionamiento. Este desafío tiene que ver con los valores humanos y con la convivencia social. Es la revolución socio cultural pendiente.

Que abarca la educación formal e informal, las políticas sociales, la seguridad ciudadana, la red sociocomunitaria, la descentralización real, el fortalecimiento del mundo del trabajo, y los valores de convivencia.

Es una batalla contra la derecha y contra el mercado y su lógica, como único rector de valores, donde se asimila el ser al consumir, el valer con el tener.

¿En qué consistiría este plan?

En el Frente tenemos experiencia y compañeros valiosos para diseñarlo, para sintetizar lo que todos decimos entre líneas. Escuchar más a la gente, promover mucha más participación en la toma de decisiones y crear centros de recreación y formación ciudadana que nucleen a la diversidad de vecinos en torno a actividades y proyectos que retroalimenten la consolidación de identidades comunitarias solidarias.

Allí juega un rol fundamental la inversión en infraestructura comunitaria en poblaciones con menos de 10.000 habitantes, y la optimización y sinergia de espacios públicos que mantiene prestigio social y tienen red en todo el país: escuelas, plazas de deportes, Centros Mides y MEC y Municipios.

Con programas transformadores y de alcance nacional como lo fue el Plan Ceibal. En esa línea próximamente la Fundación Orquestas Juveniles y la Usina Uruguay 2030 lanzarán el “Proyecto un instrumento un niño” que busca vincular a través de la música a todos los niños del país de entre 7 y 10 años. Es una propuesta que apuesta a la educación transversal en valores a través de la música integrando niños de toda condición social.

Pero más allá de las propuestas concretas, es vital el convencimiento que todos tengamos sobre el compromiso activo y la participación que demandará esta dura campaña. Uruguay se juega entre la consolidación del nuevo país que ayudamos a construir y la restauración del pasado. Sepamos cumplir.

Frase
“Es una batalla contra la derecha y contra el mercado y su lógica, como único rector de valores, donde se asimila el ser al consumir, el valer con el tener”.