En los últimos diez días, por motivos difíciles de saber, por lo menos a mi buen saber y entender, realicé un viaje que en mi opinión a nadie le gusta realizar: cuatro días de visita en el C.T.I., tuvimos la oportunidad de charlar con San Pedro y Lucifer en algún lugar que yo no sabría definir. El tema es que al llegar “allá”, un rato en cada lado, ambos me han recordado cosas del mundo terrenal, en ese laberinto de hechos y realidades donde transcurre tal cual una película nuestra vida, vida esta por lo menos en mi caso cargada de vicisitudes, tristezas y alegrías, donde se ha ganado y perdido.

La cosa es que cuando estamos ahí, al filo de la vida, observamos todo lo que realizamos y lo que nos falta realizar, vemos lo bueno y lo malo, quién nos quiere y quién nos odia, quién nos desea el bien y quién nos desea el mal. Siempre decimos que llegamos a este mundo desnudos y desnudos nos vamos de él, por eso me sigue costando creer que hay gente que solo le interesa el dinero, ese que “casi” todo lo compra o lo corrompe.

Yo no pienso que en la izquierda nuestra gente se pueda vender, sí pienso que se puede equivocar y vaya si nos equivocamos. Tampoco pienso que nos equivocamos por gusto, sí pienso que nos equivocamos y nuestro mayor error es no saber decir: “me equivoqué”, “le erré”. Nosotros los que hace ya más de 6 décadas en la lucha por un mundo mejor, por más justicia social, por un reparto más equitativo de la riqueza que genera la sociedad toda y es tomada por un grupo muy pequeño de la misma, por todo eso en estos días me he sentido agobiado y hasta diría con un gesto de tristeza al ver y sentir a compañeros que deseaban que se fuera al “infierno” un tipo que solo sabe marcar defectos al Gobierno frenteamplista.

Pero ni San Pedro ni Lucifer me quisieron allá y por eso volví con más fuerza a pelear con más ahínco por lo que vengo peleando hace 60 años, pues los frenteamplistas de abajo somos los que debemos marcar a fuego a nuestros compañeros para que no se tienten con el sillón de la burocracia, alejándose de nuestro pueblo, ni se dejen llevar por fraseologías de otras épocas y casi impracticables en esta sociedad capitalista.

Debemos de dejar de hacer como el tero, gritar una cosa aquí, para realizar otra por allá, pues con eso solo le damos de comer a la derecha, esa derecha que se mantiene agazapada, pues por líos propios nuestros no supimos darle un golpe de gracia en las pasadas elecciones.

“La derecha está de fiesta gracias a nuestros errores. Si no reaccionamos a tiempo y nos damos un baño de realismo y mesura, estaremos entregando las próximas elecciones en bandeja a los representantes de un oscuro pasado al que no quiero volver”. Esto forma parte de un escrito de Enrique Ortega Salinas.