Por: Daniel Olesker

I) Las Tesis principales para interpretar la crisis (¿por qué?)

La crisis de un país, en el marco del desarrollo del sistema capitalista, es el resultado de una combinación de factores externos e internos derivados del proceso de acumulación global y de la política nacional. Por ende, la crisis 1999 – 2002 será analizada en su génesis, en su desarrollo y en la distribución de sus costos.

Nuestras tesis son las siguientes:

el problema fundamental de la economía uruguaya reside en el modelo LACE (liberal, aperturista, concentrador y excluyente) de crecimiento económico iniciado en 1974 y profundizado entre 1990 y 1998.

la recesión, provocada por este modelo, amplificó los problemas productivos, laborales y sociales (que ya eran trascendentes desde los 70 y profundizados en los 90) y generó una restricción fiscal y una delicada situación financiera que conllevó a la crisis de credibilidad. Por lo tanto la política económica productiva y distributiva es la causa de la crisis global y la delicada situación financiera y fiscal tan sólo la consecuencia, la punta del iceberg.

la resolución de la crisis se hizo sobre la base de una fuerte reducción de salarios, destrucción de empleo y concentración empresarial, lo que implicó optar por salir de la crisis por la vía de la socialización de sus pérdidas a las mayorías trabajadoras.

II) El modelo Liberal, Aperturista, Concentrador y Excluyente (LACE)

Este modelo, que se inició con la llegada de Vegh Villegas al Ministerio de Economía en 1974 durante la dictadura, se profundiza en la misma línea desreguladora y liberal a partir de 1990 y tuvo como sus pilares fundamentales:

la reforma del sector externo sustentada en la apertura comercial y financiera con fuertes componentes desregulatorios;

la reforma laboral sustentada en la desregulación del mercado de trabajo;

el mantenimiento de niveles bajos de inversión y estímulo al crecimiento a través de fuerte liberalización y expansión del crédito.

La decisión en los 90 de profundizar el modelo neoliberal iniciado en la dictadura supuso:

un inicio de dura concentración del ingreso con un ajuste fiscal de mayores impuestos al consumo y la reimplantación del impuesto a los sueldos, es decir, un ajuste fiscal nuevamente a trabajadoras y trabajadores y mayor concentración de la riqueza (recordemos que en 1995 el segundo gobierno de Sanguinetti realiza el mismo ajuste fiscal).

una apertura comercial irrestricta;

– la desregulación en materia laboral, retirándose el Estado de la negociación colectiva, dejando de fijar incrementos salariales y reduciendo drásticamente el salario mínimo nacional;

una política antiinflacionaria basada en la evolución del tipo de cambio por debajo de los precios internos, lo que generó un profundo atraso cambiario respecto a los costos internos. Ello, complementado con la apertura externa, generó una destrucción de la producción nacional y un boom importador.

III) La Exclusión

Al llegar a 1999, luego de 8 años de crecimiento económico, el país asistía a una fuerte exclusión, a pesar de su crecimiento, es decir, crecimiento y exclusión.

Exclusión económica con:

exclusión del sistema mismo, con segmentos de población que quedan fuera del proceso de producción, distribución y consumo en el seno de la sociedad capitalista;

exclusión del mercado de trabajo, con alta inestabilidad laboral y precariedad;

exclusión del acceso a los medios de producción de la pequeña producción, con un proceso de centralización de capitales que los deja fuera y genera alternativa de supervivencia en el autoempleo precario.

Exclusión social con:

exclusión de las políticas sociales, es decir, del acceso a la educación, la salud y la vivienda;

fragmentación social, desplazando los sectores más pobres a las periferias de las ciudades y reduciendo su acceso a los ámbitos de socialización tradicionales.

En 1999 ya estaban en situación de pobreza casi la mitad de niñas y niños entre cero y cinco años. Lo que es más, al observar la evolución por edades durante la década de la pobreza, puede verse que es en el tramo de la infancia en donde la pobreza no solo no disminuye sino que se incrementa en términos porcentuales respecto a 1991. Incide en este resultado la reducción del gasto social destinado a infancia y adolescencia.

Ha sido anotado con suficiente claridad y documentación el creciente proceso de segregación residencial de la población urbana del país, contribuyendo con ello a la desigualdad con aumento de asentamientos y la expulsión de buena parte de los sectores más pobres a las periferias urbanas. Como ha sido mostrado en muchas investigaciones académicas, los 90 segregaron la estructura residencial y transformaron los barrios y los centros educativos, entre otros, de ámbitos de convivencia de desiguales a ámbitos de iguales, reduciendo drásticamente la convivencia y la vida social y colectiva, promoviendo las salidas individuales, el consumismo y la competitividad por el éxito individual.

La exclusión del mercado de trabajo fue un factor decisivo del crecimiento desigual. En la década de crecimiento tuvimos 150 mil personas desempleadas y más de 200 mil en situación de precariedad. Al mismo tiempo, se dio un importante aumento de la desigualdad en las remuneraciones fruto de la caída del salario mínimo nacional y la inexistencia de negociación colectiva. Lo mismo puede observarse en las tasas de desempleo. Los sectores con alta educación (secundaria completa y más) logran mantener tasas que rondan el 8% hasta 1999. En cambio, los sectores de baja educación (ciclo básico y menos) y medios (secundaria incompleta), llegan a 1996 a tasas de casi el 14 y 12%.

En suma: se trata de un modelo desigual por donde se lo mire.

IV) Las dimensiones de la crisis y sus interrelaciones (¿cómo se expresó?)

La crisis 1999 – 2002 tiene al menos cinco dimensiones que se interrelacionan: productiva, laboral, distributiva – social, fiscal y financiera.

a) La crisis distributiva – social, implica un deterioro de las condiciones de vida de la gente. Una vez agotada la fase “fácil” del crédito al consumo, se reducen las ventas en el mercado interno, lo que implica crisis de ventas en las empresas que trabajan para ese mercado, lleva a la reducción de empleos, reduce los ingresos fiscales por IVA y los aportes a la seguridad social aumentando los gastos por seguro de desempleo.

Primer efecto: la crisis distributiva empuja a la crisis productiva y con ello a la crisis fiscal. Al mismo tiempo, el peso del endeudamiento acelera la crisis bancaria por el problema del pago de los créditos.

b) La crisis productiva está en la base de la crisis laboral, ya que gesta desempleo y precariedad estructurales y gradualmente un desempleo coyuntural derivado del cierre de empresas.

Segundo efecto: la crisis laboral está en la base de la crisis fiscal por la baja de aportes a la seguridad social (por recesión y por desregulación laboral) y el aumento del gasto en seguros de desempleo.

c) A medida que la crisis avanzaba se reducen los ingresos del fisco y las empresas y los hogares empiezan a tener dificultades para el pago de su endeudamiento.

Tercer efecto: la crisis de la producción acelera la caída de los ingresos fiscales y con ello hace explosivo el déficit fiscal y repercute sobre la estabilidad bancaria dadas las dificultades que se generan en los pagos y en las deudas.

d) Todo este proceso de crecimiento además se sustentó en un acceso “fácil” al endeudamiento externo, lo que incrementó notablemente la deuda externa pública que se transformó en un problema central del Uruguay pos 2002.

Cuarto efecto: Las crisis productiva y fiscal aumentaron notablemente el endeudamiento (que ya era estructural por el modelo de crecimiento) y generaron desconfianza en su pago, dado el lento crecimiento económico del país y ello abonó en la crisis bancaria.

V) El diagnóstico de la crisis por parte del gobierno (¿un por qué adicional coyuntural?)

El gobierno uruguayo tuvo fuertes desaciertos de diagnóstico que amplificó la inevitable crisis provocada por el modelo LACE. Veamos estos errores:

el primero se refirió a la devaluación brasileña de enero de 1999, a la que se consideró que sólo tendría impacto en variables nominales y que la inflación interna rápidamente anularía los efectos reales de la devaluación.

el segundo se refirió al tipo y duración de la crisis que se inició en 1999. Si bien Argentina y Uruguay dejaron de crecer en ese año y no volvieron a hacerlo en los tres siguientes, de manera reiterada, año tras año, se insistía en el carácter coyuntural de la crisis y se esperaba que la reactivación argentina arrastrara también, al alza, a la producción uruguaya.

el tercero se refirió a la convertibilidad argentina: todavía a fines de 2001 el equipo económico uruguayo estaba convencido de que Argentina mantendría la convertibilidad.

En cuarto lugar hubo también graves errores para pensar la reactivación. La manera de pensar la salida a la crisis por parte del gobierno fue el ajuste fiscal (como en 1990 Lacalle, en 1995 Sanguinetti y como hicieron siempre blancos y colorados y basada en el fundamentalismo fondomonetarista) para que las cuentas cerraran con más impuestos y menos gasto público. El resultado fue que, realizado el ajuste, la producción se fue deprimiendo aun más en el periodo siguiente, lo que condujo al equipo económico a una curiosa reflexión: el ajuste anterior no había sido todo lo profundo que las circunstancias requerían y había que insistir con un nuevo ajuste.

En quinto lugar y cuando la crisis se expresaba en su final que fue la crisis bancaria, se mostraron notorios problemas de mala regulación, de falta de controles respecto al sistema financiero apoyando los propios bancos que luego fueron la base de la crisis bancaria.

VI) Los impactos de la crisis (¿qué impactos?)

Como no podía ser de otra manera la crisis recayó sobre la clase trabajadora:

1. La caída del nivel de riqueza del país fue de 16,63 acumulado en los 4 años.

2. Los sectores más afectados fueron la industria manufacturera, la construcción y el comercio. Esta situación es particularmente grave en el caso de la industria, ya que en los años previos a la crisis era un sector que no había crecido y había perdido en la década del crecimiento de los 90, mil puestos de trabajo.

3. Reducción de la inversión, el consumo privado y las exportaciones. En el caso de la inversión su reducción es a la mitad de lo invertido en 1998, quedando por debajo del 10% del PBI. Y en el caso del consumo interno son 2 mil millones de dólares menos que movió el mercado interno en esos 4 años.

4. Mercado de trabajo: el resultado más palpable de esta crisis económica ha sido el impacto sobre el mercado de trabajo profundizando la desigualdad y recayendo sobre los hombros de los trabajadoras, trabajadores y sus familias el peso de la crisis. La tasa de desempleo se eleva de 10 a 17% en 2002: es decir la cantidad de personas desempleadas aumentó en un orden de 100.000 personas.

5. Salarios: el salario real cayó casi un 25%, lo que significa una caída más acelerada que el ingreso nacional, que como vimos cayó un 16,63%, es decir más concentración del ingreso.

6. El endeudamiento del país: la deuda creció de manera muy importante en un orden del 50% en 4 años y pasó a representar del 40,8 al 113, 56% del PBI. Además, uno de cada 4 pesos que recaudó el Estado fue para pagar intereses de la deuda pública.

Síntesis de nuestra tesis

La exclusión económica y social no son producto de la crisis económica. Son parte sustantiva del funcionamiento económico y social de un Uruguay que crecía.

25 años del modelo LACE construyeron un crecimiento económico que inevitablemente llevaba a una crisis profunda destruyendo las bases económicas tradicionales del país, con niveles de concentración de la riqueza inéditos en el país, trasladando a la clase trabajadora el costo de la crisis y destruyendo por la propia convicción del modelo liberal, las bases históricas con las que Uruguay construyó su pacto de convivencia: el barrio, los centros educativos que congregaban desiguales, las formas de socialización de las familias y sobre todo el trabajo y la fábrica como ejes estructuradores de la integración social.

Reflexión final

La llegada del Frente Amplio al gobierno pudo dar fin a esta trágica etapa de la vida del país.

En primer lugar, porque dio respuesta inmediata a los emergentes de la crisis: recuperó el crecimiento económico, recuperó el empleo y subió los salarios, renegoció el endeudamiento público y atacó la pobreza de casi 40% con el Plan Nacional de Emergencia Social (Panes).

En segundo lugar, desde el inicio y en particular desde 2007, comenzaron las profundas transformaciones estructurales (reforma de salud, reforma tributaria, de la seguridad social) en el camino del nuevo Modelo de Desarrollo Nacional.