Por: Dr. Hugo Lewin, Director de Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires (sociologia@sociales.uba.ar)

Frente a la fuerte presencia que hoy tiene la producción científica guiada por las obligaciones de promoción y publicación periódicas, la obra de Cafassi está conformada, más allá de las publicaciones, por su propia vida: su primera revista adolescente en la escuela secundaria en medio del contacto con la realidad de los presos políticos de la dictadura uruguaya, el posterior destierro y sus búsquedas, sus tempranos libros como “La Burocracia”, el regreso a la Argentina con la fundación de la Revista “Praxis”, las persecuciones posteriores que fundaron jurisprudencia sobre el Habeas Corpus preventivo y su tarea de docente e investigador de nuestra Universidad por más de tres décadas que además abre espacio a los jóvenes investigadores, junto a los consagrados, en la Revista “Hipertextos” que también fundó.

Cafassi es un intervenidor, si se me permite el neologismo. Todo lo contrario a un interventor, figura que actúa desde el poder instituido. Él, inversamente, interviene creando poder. Es una característica –no la única- propia de una praxis revolucionaria.

No lo voy a descubrir con estas líneas. Es visible para sus lectores, estudiantes y tesistas que Emilio tiene una sólida formación política, lo que no significa anquilosada o inmodificable, sino, precisamente, de fuertes bases. Su derrotero es el de alguien que busca, constantemente, respuestas a las preguntas del presente. Muy cómodamente, podría hacerse integrado a un partido troskista y criticar al capitalismo y a la política burguesa in toto desde un asiento en un Comité Central o estructura burocrática (nunca más oportuno el término…) similar, pero justamente el afán de pregunta que lo sostiene lo llevó a abrazar otras experiencias, menos puras, más ensuciadas, en el buen sentido, por la realidad, como la del Frente Amplio uruguayo, que hoy forma parte de su enorme compromiso.

Cafassi conserva, felizmente, un perfil político que en Argentina podemos llamar “de los de antes”, previo a la caída del Muro de Berlín, fundado prioritariamente en el compromiso ideológico, en una época donde se practica mucha política sin programa, orientada a ocupar, precisamente, espacios en la burocracia.

Es un exponente de lo que Bernard Lahire llama la Sociologia “social”, propia del militante. Una tradición que es fuerte en nuestra Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires desde la gestión de Mario Margulis y que se plasmó con el reemplazo del viejo plan de estudios por el nuevo Plan de 1988. Pero su aporte al conocimiento sociológico no se reduce a eso. Cafassi, que fue pionero en el Área de Comunicación Científica de la facultad, es un estudioso de la informatización de la sociedad. Los dos campos de su incumbencia marcan un diálogo entre siglos: desde la consolidación o al menos la postulación del marxismo como Teoría Social a la última gran revolución técnica que trae la informática. Ese recorrido es analogía de su “in-quietud”.

Estas líneas que parecen reivindicar exclusivamente una Sociología social o militante que construye conocimiento apuntando a la transformación social, es propia de los “viejos” profesores de Sociología (entre los cuales Emilio se destaca por su juventud) debe a la vez dialogar y articularse con las habilidades requeridas además, por ejemplo con aquellas para la consultoría o las políticas públicas. Porque si de algo estoy seguro es que nada de lo social nos es ajeno. Y no se trata de que todos hagamos todo sino de que formemos parte, cada uno con su recorrido profesional y disciplinar, de la comunidad de la Carrera de Sociología, donde Cafassi tiene un lugar ganado.