Por: William Marino, Analista

Hoy vi este comentario en las redes y me trajo el recuerdo que hace un tiempo lo escuchaba en un comité por parte de un compañero. Lo que se decía y escribía es más o menos así: “estamos tan convencidos de que hacemos las cosas bien, que nos olvidamos que hay que demostrar lo realizado, explicar a la gente común, la que no está en política que entienda lo que realizamos y lo que no. Si no cuando vayamos a darle las explicaciones, van a ser tantas las preguntas, que no nos van a alcanzar las respuestas”.

Pero ¿será la arrogancia? ¿Será la comunicación? ¿Será que somos incapaces? Porque hoy nos cuesta reconocer que son errores en el cual mucho tenemos que ver, que tenemos responsabilidad, mucha responsabilidad, cosas que sin la complicidad de mandos medios y no tan medios, no se podrían cometer. ¿Cómo robaron la grúa del puerto? ¿La estafa del cambio Nelson? ¿La estafa al Fonasa? ¿El pago de cien mil dólares cuando eran pesos?

¿Controlamos todo lo que se tenga que controlar, lo hacemos realmente bien o siempre aparecen los corporativismos? ¿Una médica forense va a realizar una denuncia y termina presa, porque luego de dos horas de espera pregunta si tiene para mucho? ¿En realidad quien controla la venta de boletos? En días anteriores al Día de la Mujer, una mujer fue muerta a manos de un policía, pero ella había realizados dos denuncia y al policía denunciado jamás le sacaron el arma.

Cuando controlamos algo parece que lo hacemos a desgano, como si para eso no se “pagara” a los responsables. Discutimos y decimos que vamos a “instalar” una investigadora, que hay un pre-sumario o un sumario en curso. Por eso no hablamos, ni informamos del tema. Aunque después no se sepa realmente qué pasó con ese sumario.

Aquí la pregunta es qué pasó con el sumario que la Intendencia le realizó, o por lo menos eso dijo, a los inspectores de Tránsito que “estafaban” a la Intendencia de Montevideo, por lo tanto a toda la ciudadanía montevideana. Creo que nadie lo sabe. Cómo se robaron una grúa y nadie vio nada, o si vieron, nadie dijo nada, por puro…miedo a denunciar. Pero tampoco nada se dijo sobre el tema de los sumarios que se le realizaron a varios policías por “cubrir” a un policía que su pareja denunció y al parecer la contestación fue la “risa”, por parte de esos defensores de la ley y ella fue asesinada delante de sus hijos por parte de este valiente policía, que usó su pistola de reglamento.

En ALUR, por equivocación, vaya a saber por parte de quién se pagó cien mil dólares cuando se debía pagar cien mil pesos. Al parecer, nadie se hizo responsable de este error, o se pagó a sabiendas, pues la empresa favorecida -según la prensa- dijo que no devolvería el dinero de la equivocación. Una de las preguntas que hoy se realiza mucha gente es: ¿Quién controla la venta de boletos en el transporte capitalino? ¿Por qué no se dice por empresa la baja de la venta de boletos? ¿Será cierto el comentario que hay en la calle, que la suba de $ 3 por boleto favorece a una sola empresa?

¿Qué pasó en el cambio Nelson, propiedad de un diputado suplente? ¿Era o no una tintorería con lavadero incluido? Pues muchos integrantes del mundo financiero y político dicen “hay indicios de lavados de dineros, pero nadie denuncia nada”. Ahora, al parecer, por iniciativa del Banco Central se “obligará” a todos los cambios poner un cartelito que diga que ellos no son bancos, son casas de cambio.

Y si proponemos, a quien corresponda, poner carteles en las calles, que está prohibido robar, que no se puede matar a otro ser humano, que están prohibidas las rapiñas, de pronto bajamos las mismas. Pero, ¿qué pasó con la estafa al Fonasa?, ¿o eso no fue una estafa? Se llevan remitidas 11 personas, que realizaron la brillante joda, que le costó al Fonasa varios millones de dólares, pues nadie aun sabe a ciencia cierta cuánto dinero se embolsaron los estafadores.

Pues para unos, el estado (Fonasa), pagó a las mutualistas por unas 600 nuevas afiliaciones, pero según la Policía serian más de 31.000 los “afiliados”, por las cuales el Estado le pagó a las instituciones médicas. Las empresas ponen el grito en el cielo, porque se les solicita la devolución de dinero “mal habido”, ellos dicen: nosotros atendimos a los asociados, estuvimos a las órdenes, son ustedes los que tienen que controlar.

Pero el BPS y otros organismos públicos dicen que ellos nada sabían, que dentro de su organismo nadie es cómplice. Los remitidos, los once, son apena los peones; ¿dónde están los ideólogos de esta estafa, que se cometió por años y nadie se dio cuenta? Pero, con qué arrogancia se dijo en reportajes a responsables del BPS que desde allí nadie era cómplice.

Desde las instituciones médicas dicen que ellos, no son los favorecidos, la Policía habla de 31.000 afiliados, para las instituciones médicas solo 600. ¿Alguien con seriedad, sin arrogancia, puede aclarar este embrollo? El pueblo quiere saber, quién se llevó los millones de dólares del Fonasa, lo que nadie cree es que los “favorecidos” de esa millonada sean los once remitidos.