Eva Alcaide, una joven asistente arbitral de 17 de años, denunció el violento hostigamiento que padeció durante un encuentro por parte de menores de edad.

“Estoy harta de sufrir estas pu… mierdas por el simple hecho de ser mujer, y estar en un mundillo de tíos como es el fútbol y el arbitraje. Y me siento muy dolida a veces. Hoy he querido gritar y desahogarme por todas las putas veces que me he callado. Ya no más”.
Las palabras de la joven española Eva Alcaide resonaron con fuerza alrededor del planeta. La asistente arbitral denunció el hostigamiento que debió soportar durante un encuentro de la Liga Juvenil Andaluza por parte de un grupo de menores.
“Simplemente había un grupo de niños en la grada, que, en fin, no han tenido otra cosa que hacer que estar los 45 minutos del primer tiempo diciéndome cosas. Soltando joyitas bastante fuertes que ha llegado un momento en el que me he sentido acosada e incluso he llegado a tener miedo por lo que podrían hacer después”, confesó la autoridad de 17 años y nacida en Málaga.

“He tenido que estar aguantando todo lo que he escuchado (que no son pocas cosas),  y no poder responder es algo que me mataba por dentro. Hay comentarios y comentarios, pero lo que yo he escuchado y sentido hoy eso para mí se queda”, sentenció.
Si bien la dirigencia del club expulsó a los jóvenes en el entretiempo del partido tras la denuncia de la terna arbitral, Alcaide padeció los peores 45 minutos de su vida a raíz de estos vulgares comentarios violentos.
“Joyitas como “madre mía la línea qué culo”; “yo la tomaba de la coleta y la ponía a 4”; “yo le hacía de todo”; “yo me la co…. y le metía el banderín por la …. hasta que se le saliera por la boca”; “madre mía que cara de guarra y de cog… bien”. Sigo porque tengo para rato: “Como te duches en el vestuario espero que no se te caiga el champú porque te voy a aparecer por detrás”; “¿eres virgen?”; “Si es lesbiana me pone incluso más todavía”; “menuda tanga”; “voy a tener que saltar al campo” y un larguísimo etcétera”, escribió en su cuenta de Twitter los inconcebibles improperios que le lanzaron.