Estamos de paro general. Desde ayer se comenzó a vivir toda una nueva etapa donde se expresan el propio gobierno y las organizaciones sociales, particularmente el movimiento sindical organizado.

Pronto sabremos cuál será el contenido del presupuesto nacional. También conoceremos el comportamiento de nuestra sociedad, cuando se sepan los detalles del presupuesto. Por todo ello la responsabilidad última la tendrán los gobernantes y los dirigentes sindicales. De ellos dependerá cuál será el rumbo de la economía, pero también de las mujeres y hombres que saben que en estas horas se definen sus pasos futuros.

Toda esta situación no solo está condicionada por factores propios de nuestra sociedad, sino que también entran a jugar factores externos que tienen que ver con la crisis mundial del capitalismo.

Por todo ello la pulseada interna cobra protagonismo, al grado que tanto gobierno como fuerzas sindicales buscan cuidar sus modales para que la paz laboral siga siendo una de las características fundamentales de nuestra sociedad.

Es de esperar que las próximas movidas sepan poner sobre la mesa la necesidad de que el movimiento sindical y el poder político encuentren espacios de diálogo con el fin de construir una perspectiva de justicia social y de intercambio cultural e ideológico.

Claro que nada de lo anterior será posible si no hay una presencia firme y constructiva del Frente Amplio, que tiene presencia en las filas de los trabajadores, pero también en las estructuras de gobierno.

El papel de la fuerza política de izquierda dentro de un sistema democrático como el nuestro, es la clave para poder avanzar, pero también es fundamental para que no se generen cuellos de botella o momentos sin salida.

La idea de que el FA sea una fuerza de vanguardia pasa, necesariamente, por jugar en esos dos planos que impidan que se generen momentos de tensión o de crisis. Es la coalición de izquierda, en este marco político, la que tiene todo para jugar y así aportar a una visión amplia del manejo del poder.

Si los uruguayos salen del actual escenario de confrontación sin grandes tensiones, van a existir condiciones para elaborar en conjunto salidas políticas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de los uruguayos.

En caso contrario se estará ante un proceso regresivo, por cierto conocido por el relato histórico de nuestro movimiento sindical que siempre ha actuado con cautela y firmeza, cuidándose de no caer en radicalismos que generan retrocesos.