Por: por Luis Casal Beck

La sede del sindicato de los bancarios (AEBU), frente a Plaza España, en Montevideo, fue un escenario clave en el proceso de reorganización del movimiento sindical, y en las actividades que desplegaban los familiares de los exiliados, los presos políticos, los detenidos-desaparecidos durante los años de plomo (1973-1985).

En 1983, existió una gradual emergencia de la protesta social (ver recuadro), tras las dos grandes derrotas sufridas por el régimen, que por entonces encabezaba el general Gregorio C. Alvarez. En 1980, fue el plebiscito constitucional; y en 1982, las victorias de las corrientes opositoras en el interior de los partidos reconocidos (el wilsonismo entre los blancos; el batllismo antipachequista, entre los colorados), que debían acordar con la dictadura, los términos de una salida.

En AEBU, se reunían los familiares de los exiliados que buscaban ver de qué forma podían contribuir al deseado reencuentro de las familias, en una sociedad cerrada, donde todo era controlado (viajes al exterior, comunicaciones telefónicas, correspondencia). Dos de sus animadoras, eran Mariela Fernández (expresa política, destituida de un banco privado), y Graciela Salomón, funcionaria administrativa del sindicato de los bancarios.

En octubre de aquel año, viajaron a Europa, Victor Vaillant y Ernesto de los Campos, quienes mantuvieron reuniones con los grupos de uruguayos exiliados. En España, se contactaron con la mesa que coordinaba las acciones del Frente Amplio en el exterior (presidida por Hugo Villar). En particular, lo hicieron con Artigas Melgarejo, del Partido Socialista (PS), que al igual que el resto de la izquierda, estaba ilegalizado en Uruguay. En España gobernaba el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y el jefe de gobierno era Felipe González.

Dos semanas después de ese periplo, Vaillant (un exsindicalista, que era dirigente de un ala progresista del Partido Colorado, la Corriente Batllista Independiente,(CBI), escribió una columna en el semanario “Convicción” (17/11/1983), titulada “El exilio”, en la que subrayaba la necesidad de rehacer un tejido social desgarrado, con el reencuentro de la sociedad, teniendo muy en cuenta a las decenas de miles de uruguayos y sus familias, desperdigados por el mundo.

Ese fue un poco el disparador de un movimiento, que derivó en la creación de una Comisión del Reencuentro de los Uruguayo, y del viaje de un grupo de niños y adolescentes del exilio, que pasarían el fin de año con sus familiares en Uruguay, y conocerían, en muchos casos, el país de sus mayores del que solo contaban con registros testimoniales.

En esa comisión, aparte de Vaillant (colorado, que después se integró al Frente Amplio, llegando a ocupar una banca de senador), que la presidió, se integraron Silvia Ferreira de Morelli (hija del caudillo blanco Wilson Ferreira, exiliado en España), Zelmar Lissardy (periodista del semanario democristiano “Aquí”), José Germán Araujo (director de CX30, que al igual que Vaillant fue en democracia senador, por el FA), Mariela Fernández y Graciela Salomón (familiares de exiliados), Virginia Martínez (hoy directora de Televisión Nacional, canal 5, por los familiares de los presos políticos), y Sara Méndez, (que buscaba a su propio hijo, secuestrado en su exilio en Argentina), por los familiares de los desaparecidos.

Con el apoyo del caudillo sindical José D´Elía, este grupo se instaló en la sede del sindicato de los empleados de comercio (FUECI, en Río Negro casi Canelones), donde fue lanzada públicamente la idea del viaje, con una gran respuesta popular. El respaldo de España fue total, así como de organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos y la propia Cruz Roja. En la comitiva que acompañó a los chicos, viajaron delegados de estas organizaciones, parlamentarios (dos senadores y un diputado del PSOE), y periodistas.

Después de ajustar mil detalles organizativos, el viaje se concretó. Un avión de Iberia, llegó al aeropuerto internacional de Carrasco a las 13 horas del 26 de diciembre de 1983. Los 154 niños y adolescentes vestían igual: vaqueros azules, y remera blancas en las que estaban grabadas la Paloma (símbolo de la paz), de Pablo Picasso, con la leyenda: “Uruguay”.

En la terminal aérea, las medidas de seguridad adoptada por el gobierno militar fueron extremas. Los chicos, de entre 3 y 17 años, y la delegación que los acompañó, fueron ubicados en 10 ómnibus, y emprendieron el periplo hasta la sede de AEBU, cerca del Templo Inglés. La bienvenida tributada por los uruguayos desconcertó una vez más al régimen.

Decenas de miles de personas, se volcaron a las calles y recibieron a los niños del exilio, coreando la consigna “tus padres volverán”. El trayecto entre el aeropuerto y AEBU, se desarrolló a lo largo de cuatro horas.

En la sede de los bancarios, en Ciudad Vieja, se produjo el reencuentro de las familias. En muchos casos, los chicos conocieron a quienes eran sus abuelos, sus tíos, sus parientes más cercanos.

Resultaron aquellos momentos de intensa emoción, en que desbordó la alegría. En la Navidad, no habían podido estar juntos (el avión se había retrasado), pero todos celebraron un nuevo año, permaneciendo entre dos y tres semanas en el país, visitando el Estado Centenario en el parque Batlle, la Rural del Prado, recorriendo algunos puntos del interior (Salto, Maldonado, por ejemplo), saludando a sus familiares presos (en las entonces cárceles de Libertad y Punta de Rieles).

Según los “memorándum reservados” del Departamento 2 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), de la Policía uruguaya, el regreso de los niños y adolescentes a Europa se produjo en grupos, que viajaron con destino inicial a Buenos Aires, entre el 10 y el 20 de enero de 1984.

Mientras los chicos estuvieron en Uruguay, las movilizaciones de la sociedad civil se acrecentaron en un año que resultó decisivo (caceroleos, distintas formas de protesta). El régimen que según sus voceros se sentía “hostigado”, por los reclamos, aumentó la represión contra la prensa (clausuras, prohibición del ingreso de publicaciones del exterior), cerró medios, (había clausurado CX30, lo que llevo a su director, Germán Araujo, miembro de la Comisión del Reencuentro, a iniciar una huelga de hambre), y el 18 de enero, se produjo el primer paro general en 10 años, decretado por el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT).

La plataforma reivindicativa era amplia: se pedía desde un aumento de salarios, hasta el final de las proscripciones; una amnistía generosa, y el cese de la intervención universitaria. El paro, tuvo un gran acatamiento, especialmente en Montevideo. El gobierno implantó “medidas prontas de seguridad”, y decretó la ilegalización de la central sindical.

Empezaba un agitado 1984, en que coexistieron la movilización popular, la negociación política y una fuerte presión internacional en reclamo de una apertura democrática. La crisis económica y social, que sucedió a la ruptura de la tablita cambiaria en 1982, mucho gravitó en aquella realidad. Hasta que se acordó una fórmula (pacto del Club Naval), hubo elecciones (último domingo de noviembre), con hombres y partidos proscritos.

EL RESURGIR DEL MOVIMIENTO SOCIAL: EL PIT-CNT Y AQUEL 1 DE MAYO DE 1983

“El corte de las negociaciones (entre los militares y los partidos reconocidos por la dictadura, en 1983), constituyó un momento visagra en el proceso transicional. Un vasto movimiento popular que se había ido tejiendo al compás de los reveses electorales del régimen (1980 y 1982), y con cierta autonomía de las iniciativas partidarias, se volcó a manifestar su descontento a través de diversos mecanismos.

Por un lado, se produjo el resurgimiento en la esfera pública del movimiento sindical. La ilegalización de la CNT, en julio de 1973, no había impedido que en la clase trabajadora persistieran formas de organización sindical. Una historia reciente del sindicalismo uruguayo da cuenta de las diversas vertientes que contribuyeron en ese sentido, los grupos de militantes que mantenían una estructura clandestina de la CNT, el sindicalismo de bancarios (AEBU), la Asociación Sindical Uruguaya (ASU), de matriz cristiana, y la Comisión Nacional de Derechos Sindicales (CNDS), órgano de denuncia y asesoramiento legal.

Pero el elemento disparador de una organización sindical a mayor escala fue la ley Nº 15.137 de Asociaciones Profesionales. Esta modalidad habilitaba la formación de organizaciones gremiales de primer grado (es decir, por empresa, pero no por ramas de producción), y fue aprovechada por la militancia sindical para reorganizar centenares de sindicatos de base. El movimiento fue incontenible.

A comienzos de 1983, había irrumpido una numerosa camada de nuevos dirigentes sindicales. “La gran mayoría eran jóvenes, sin vínculos formales con el pasado, que vieron la posibilidad de crear un organismo en defensa de sus intereses, y esto le dio una legitimidad que no pudieron tener las otras experiencias intentadas por los militares (testimonio de Ernesto de los Campos).

Elñ Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), nació como coordinación de esa modalidad de sindicalización, que en realidad no era nueva, sino que venia a recrear el concepto de “central sindical”, que había constituido la CNT, y que tras la dictadura se consolidaría como PIT-CNT, reconociendo ambas trayectorias. El PIT logró la autorización para convocar al acto del 1 de mayo de 1983 y la multitudinaria concentración de ese día, asombró a propios y ajenos. Fue uno de los actos emblemáticos de aquel año y disparador de la movilización social que incidiría en la agenda política, bloqueada por la intransigencia militar”

(“1960-2010. Medio Siglo de Historia Uruguaya”, coordinador Benjamín Nahum, julio de 2012)

AEBU: LAS MARCAS DE LA MEMORIA

El jueves 5 de diciembre se instalará una de las marcas de la memoria que recuerda la llegada de los “niños del exilio”, de hace 30 años, en la sede de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU) en la calle Camacuá, frente a Plaza España (Montevideo). En la ceremonia que se iniciará a la hora 17, intervendrá la intendenta de la capital, Ana Olivera y otras autoridades nacionales y departamentales.

En AEBU será inaugurada una exposición gráfica, se proyectará un video que da cuenta de este acontecimiento del que no hay prácticamente registros en los textos de enseñanza de la historia reciente, y se entregará una placa al presidente del sindicato de los bancarios, Gustavo Pérez, en reconocimiento al compromiso asumido por AEBU, en todas las horas, en la defensa de las libertades públicas, cuando éstas fueron conculcadas, y en el reencuentro de los uruguayos.