Por: Juan Castillo / Vicepresidente del Frente Amplio

El pasado 31 de octubre, se conmemoraron 7 años de la primera vez que la izquierda –a través del Frente Amplio– alcanzó el gobierno a nivel nacional. Los diversos mensajes de textos y cadenas así lo recordaban.

Tenemos muchas cosas, que involucran la calidad de vida muchos miles de compatriotas, que nos permitirían hacer una larga lista de conquistas y logros obtenidos en el más amplio sentido de los derechos democráticos, de justicia, de equidad e igualdad de derechos, de políticas sociales y públicas que, entre otras, ocuparía sin exagerar unas cuantas páginas del periódico.

Pero nos vamos a dedicar específicamente en esta oportunidad, a las cosas que nos falta o tenemos que resolver, no solo para conquistar un más que necesario tercer período de gobierno, sino para darle continuidad y profundidad a nuestro proyecto político que es mucho más profundo que la gestión de gobierno.

Desde las elecciones internas de mayo, en las que participaron más de 170 mil frenteamplistas, el Frente Amplio ha iniciado un proceso para recuperar la iniciativa política y los niveles de movilización. Ese proceso es clave no solo para profundizar los cambios sino para la propia sustentabilidad de los cambios.

Estamos en un momento de agudización del enfrentamiento entre los dos proyectos de país, el de los cambios y el de restauración neoliberal de la derecha. Para definir a favor del pueblo esa contradicción el protagonismo político del Frente Amplio es decisivo. Para lograr eso hay algunos problemas centrales a resolver y algunos pasos a dar.

Un primer problema que tiene el Frente Amplio y la izquierda es la falta de síntesis política de su accionar y del accionar de sus militantes. Hay que dejar de oponer artificialmente frenteamplistas contra frenteamplistas, de presentar como excluyentes formas de organizarse y participar que pueden y deben ser complementarias. Debemos, colectivamente, todos los frenteamplistas, lograr una síntesis política y organizativa que nos potencie, nos renueve y nos coloque a la ofensiva para disputarle la hegemonía en la sociedad a la derecha.

Pero esa síntesis solo puede ser obra colectiva de miles participando. No la logrará la gestión de gobierno por sí sola y tampoco un dirigente o un grupo de dirigentes, por más capaces que sean. Esa síntesis requiere debate en común, práctica política común, espacios compartidos y sobre todo -para ser una síntesis de izquierda- lucha común. Esa es quizás la principal tarea política y no organizativa que deberá encarar la nueva dirección del Frente Amplio: la construcción colectiva de un cuerpo de ideas, de prácticas militantes y de iniciativas que nucleen de mil maneras a miles de frenteamplistas en todo el país para hacer política.

Un segundo problema es que hay que recuperar el vínculo con el movimiento popular, acercar la vida del FA a los trabajadores, a sus luchas, tender puentes hacia los jóvenes, incrementar la presencia en los barrios, generar debates y espacios para que los intelectuales aporten en tanto militantes políticos, discutir el Uruguay del futuro y proyectarlo no solo desde el gobierno sino desde la sociedad.

Tenemos que recuperar la vitalidad política del Frente Amplio, hay que restituirle su rol de articulador entre el gobierno y la sociedad, entre la gestión y las demandas populares, hay que potenciar su papel como actor de la sociedad, constructor del bloque político y social de los cambios, promotor de la organización y la movilización popular.

En ese marco y para esos problemas hay algunas iniciativas en marcha que apuntan a cambiar la situación. La elaboración de un Plan Político que ponga a todo el FA movilizado que será resuelto en el próximo Plenario Nacional. La decisión política de participar en la convocatoria a la Concertación Nacional para el desarrollo productivo, iniciativa que nos permitirá retomar el diálogo con amplios sectores de la sociedad, elaborar en común propuestas y luchar juntos. Comenzar a debatir la Reforma de la Constitución, en otro plano, complementa lo anterior.

En este último período el Frente Amplio estuvo muy sumido en debatir, en el mejor de los casos y mirar en la mayoría, la acción del gobierno. Fruto de un proceso natural y también de carencias y errores políticos la iniciativa política quedó casi exclusivamente en el Gobierno. Eso no está bien, para transformar la sociedad la gestión de gobierno es muy importante, pero no alcanza. Se necesita consolidar el bloque político y social de los cambios. Se necesita a todo el movimiento popular para enfrentar y derrotar la hegemonía de las clases dominantes. El sujeto de los cambios sigue siendo colectivo y es el pueblo organizado y movilizado, nucleado en torno a sus herramientas sociales y políticas. Y a un Programa que  lo identifique y haga suyo.

Se necesita lucha política e ideológica con la derecha para disputarle la hegemonía en la sociedad y asegurar que no haya marcha atrás. Se necesita unidad, pero no como refugio, sino como herramienta para  luchar más y mejor.

Necesitamos en definitiva, más y mejor Frente Amplio para profundizar los cambios y para enfrentar el proyecto restaurador de la derecha. Creo no equivocarme en afirmar que los que más claro tienen que no podemos volver atrás, son los trabajadores y la clase obrera; los jubilados y pensionistas; los jóvenes y las mujeres; los pequeños y medianos productores y las expresiones más populares de nuestro sufrido pueblo. Si nosotros no somos capaces de cumplir con nuestro programa y generar las condiciones para otro gobierno del FA, la revancha de las clases dominantes y su expresión política, no tendrán pudor en desandar todo lo que hemos logrado avanzar para la pública felicidad.