Uno de los resultados más importantes de las elecciones departamentales y municipales del pasado 10 de mayo fue el fracaso estrepitoso de la Concertación, que sus panegiristas blancos y colorados presentaron como el instrumento idóneo para desalojar al Frente Amplio del gobierno de Montevideo, pero se encontraron con que este ganó por sexta vez consecutiva, y ahora Daniel Martínez pasará a ocupar el cargo en el que lo antecedieron el actual presidente Tabaré Vázquez, Mariano Arana (dos veces), Ricardo Ehrlich y Ana Olivera.

A la vez, el expresidente Jorge Batlle trató por todos los medios de presentar a Edgardo Novick como un ganador. No se olvide que este fue el jefe de su campaña electoral de 1999, en que triunfó en el balotaje gracias a los votos del Partido Nacional.

Pero en realidad, la Concertación, con Novick adentro, fue perdedora en toda la línea. Las cifras muestran que Novick se llevó prácticamente todos los votos del Partido Colorado, cuyo candidato propio, Ricardo Rachetti, arañó apenas el 2% de los votos.

En realidad, la irrupción mediática de Jorge Batlle procura disimular que en esta elección el Partido Colorado quedó al borde del abismo. Tenía el gobierno de dos departamentos, y se quedó con uno solo, el de Rivera, habiendo sido desbancado por el Frente Amplio de la intendencia de Salto. En la Junta Departamental de Montevideo no habrá ni un solo edil electo por el P. Colorado.

A esta situación ha quedado reducido, bajo la dirección de Pedro Bordaberry (que se bajó del caballo), el partido que desde la independencia hasta los años 50 del siglo pasado monopolizó todos los cargos de gobierno, por elección o por golpe de Estado.

La furibunda campaña mediática de los “concertantes” y adláteres, mentirosa y distorsionadora al extremo, procura desvirtuar los resultado electorales recientes.

Porque la verdad es que el Frente Amplio surgió una vez más como la primera fuerza política nacional. Además de la capital, venció por tercera vez consecutiva en los departamentos de Canelones (con Yamandú Orsi) y de Rocha (con Aníbal Pereyra).

Ganó en tres departamentos del litoral: Salto, Paysandú, Río Negro (este último por primera vez) con Andrés Lima, Guillermo Caraballo y Oscar Terzaghi, respectivamente. La población de los departamentos en que venció alcanza el 68% de los habitantes de todo el país.

En el balance de las pérdidas se ubican los departamentos de Artigas y de Maldonado, en ambos casos a manos de los blancos, que mantuvieron el número de 12 intendencias ganadas.

En Maldonado el intendente electo Enrique Antía efectuó declaraciones agresivas y soberbias contra el Frente Amplio, pero en realidad ganó por los votos que le aportó Rodrigo Blas, porque él mismo fue superado por el frenteamplista Darío Pérez. En el mismo plano situamos la derrota del FA en los municipios CH y E de la capital, que también fueron ganados por los blancos.

Junto a la celebración de las victorias, hay dos conclusiones importantes a extraer de esta elección. La primera es la necesidad para el Frente de trabajar mucho más a nivel de la base, en cercanía directa con toda la población de cada lugar. Rompe los ojos el hecho de que gran parte de la ciudadanía no visualiza, ni de lejos, el papel de los gobiernos de los municipios.

Ello se refleja en el alto índice de abstención en este ámbito. Además, mucha gente no sabía la manera práctica de emitir su voto en ese nivel, y no incluyó la papeleta respectiva.

Este es un aspecto para analizar y trabajar muy seriamente, a nivel de todo el Frente, de cada Comité de Base y de cada militante. Así lo ha destacado con razón la presidenta del Frente Amplio, senadora Mónica Xavier.

La otra conclusión surge al considerar el último ciclo electoral completo desde octubre-noviembre 2014 a mayo 2015, inserto en el panorama político emanado del retorno a la democracia en 1984.

Resulta evidente que en estas tres décadas el Frente Amplio, que en el período anterior desempeñó un papel fundamental en la lucha contra la dictadura, se ha fortalecido y ha irradiado su influencia a todo el territorio nacional.

En este lapso alcanzó en distintos períodos la victoria electoral en la gran mayoría de los departamentos (en las nacionales de 2014 fue primero en 14 de ellos), llegando incluso –y este aspecto es fundamental- a las más pequeñas localidades de cada departamento.

Quedaron lejos los tiempos en que la izquierda era una fuerza política real solamente en la capital y zonas aledañas. Ahora es una coalición de partidos organizados de raigambre nacional, sólidamente enraizada a lo largo y ancho del país, y considerada por la mayoría absoluta de los ciudadanos como la garantía de un mejor futuro para todos.