Por: Enrique Pintado, senador Frente Amplio

Estamos presenciando un conjunto de hechos políticos que representan un cambio en los valores de algunos actores en la política.

Las deformaciones de la política son amplificadas mediáticamente impidiendo que se distinga la paja del trigo. La consecuencia es que la gente se aleja de la política.

Es un fenómeno mundial y los errores del sistema de partidos convencional ambientan la irrupción de mesías que reciben apoyos de la ciudadanía, más como un modo de protesta contra lo que sienten está mal, que por apoyo a las extravagancias o promesas vacías de contenido.

Estos mesías promueven el vaciamiento de la política y la negación de la ideología como sistema nervioso central del accionar político.

Intentan convencer a la gente que los gobiernos deben manejarse como empresas, y que las ideas que sostienen una acción política están en desuso y son inútiles.

No hay nada más profundamente político en estas afirmaciones de apariencia antipolítica. Su objetivo es restaurar los viejos postulados y desarmar en la medida de lo posible toda acción de política social que interfiera con las sacrosantas leyes de la oferta y la demanda. Todos sabemos que la gestión sin ideología no existe.

El conjunto de ideas que realiza la gestión puede ser público u oculto, lo que no se puede negar es que son las ideas el motor de la acción.

Mientras esto pasa, otra parte del sistema político se enreda y presta demasiada atención a cuestiones que están lejos de las preocupaciones de la gente.

Como ejemplo se puede citar la importancia que dan los medios a la eventual pérdida de la mayoría parlamentaria del Frente Amplio cuando las preocupaciones ciudadanas no van por ese lado.

No estoy invitando ni a negar ni a minimizar los hechos, pero no es la primera vez que un partido tiene deserciones internas sin que por ello vea afectada su capacidad gobernar y seguir adelante con su programa de gobierno.

Le hacemos el juego a los mesías cuando nos concentramos en la cosmética política y no en los contenidos que transforman la realidad de la sociedad.

Lo mismo vale para la cuestión de los títulos universitarios  (ahora que está involucrado alguien de la oposición) sigo sosteniendo lo mismo que antes; esto no cambia la vida de la gente.

¿A quiénes beneficia el desprestigio de la política? A los que poseen una parte del poder real y no se someten al juicio de la ciudadanía.

Son los que no quieren que se profundice la democracia ni que se desarrolle la igualdad porque ellos son más fuertes en escenarios de concentracion de la riqueza.

A estos sectores, los viejos partidos ya no son funcionales a sus intereses e intentan otros caminos. En algunos países han logrado lo que se propusieron.

En este escenario, la izquierda tiene que promocionar su programa y plataforma de transformaciones para lo que resta del periodo.

Difundirlo ampliamente, para que sean de conocimiento masivo de la sociedad, mientras retomamos la exitosa política de acumulación de fuerzas, que tanto impulsaba el General Seregni.

La cuestión no es hacer acuerdos para mantenernos sino para encontrar las coincidencias programáticas para transformar positivamente la vida de la gente.

Como decía Arismendi, la cuestión pasa por “quien aisla a quien”. No nos encerremos y dispongámonos a dialogar con todos aquellos que, sin pertenecer al Frente Amplio pueden compartir puntualmente aspectos de la agenda programática a poner en práctica.

Como decía Seregni “ni marginarnos ni dejarnos marginar. Ni dividirnos ni dejarnos dividir”.

Tenemos que construir desde ya una coalición progresista que respetando las identidades partidarias de cada uno nos permita acuerdos programáticos amplios que materialicen las aspiraciones de la sociedad y a la vez pongan freno a las pretensiones mesiánicas y conservadoras que nos acechan.

Evitemos quedar en la burbuja y tengamos mirada crítica y autocrítica, asumamos posibles errores que estemos cometiendo sin que ello signifique autoflagelarnos.

No soy partidario de que en este tiempo nos estemos adelantando a 2019, pero hay que admitir que muchas desconfianzas, recelos y búsquedas de la quinta pata del gato  están impregnadas por lo que cada uno avizora como escenario electoral futuro.

Estoy convencido que no habrá 2019 si no hacemos un buen gobierno, pero debo admitir la realidad. Admitirla nos concentra  en tomar las medidas que nos permitan la menor distorsión del presente.

Para despejar el camino, deberíamos comprometernos a que para 2019  permitiremos que los compañeros y compañeras que sean propuestos para encabezar la fórmula del Frente Amplio, puedan postularse en las instancias de definición de las candidaturas únicas de los partidos políticos. Diría más, sin importar si tales compañeros o compañeras pertencen al mismo sector.

Recordemos a Seregni cuando decía: “Una fuerza que busca el enemigo dentro de sus filas no tiene futuro. Termina fagocitándose a sí misma”.

Si recordamos esto, la danza de nombres y la competencia anticipada son innecesarias, y en cambio nos concentraremos en la realización del programa de gobierno y la obtención de los apoyos necesarios para hacerlo realidad.

Lo más importante es decirle a la gente nuestra verdad acerca de los principales problemas que le preocupan. Nuestra verdad no siempre va a coincidir con lo que la gente quiere oír, pero es nuestra verdad.

Conquistar las voluntades mayoritarias es necesario, pero no a costa de abandonar el rumbo y el destino al que queremos ir.

Mantener el rumbo es abrirse a la renovación de los instrumentos para cumplir los objetivos de desarrollo.

Sabiendo adónde vamos, en función de la realidad, iremos definiendo los caminos por dónde transitar.