Por: Alejandro Domostoj, Analista

En este mismo espacio, el 22 de octubre de 2016, publicábamos una nota titulada “Vacantes en la SCJ: una buena oportunidad, u otra oportunidad perdida“.

Allí analizábamos someramente los mecanismos para cubrir las vacantes en el máximo órgano del Poder Judicial; el poder que la Corte tiene, y las alternativas posibles para mejorar, transparentar y democratizar este proceso, siempre realizado de espaldas al pueblo lo que a la postre termina vulnerando al propio sistema judicial.

Lamentablemente a esta altura lo que se hace realidad es el final de aquel título: otra oportunidad perdida.

El sistema político optó por la clásica negociación secreta y de cúpulas, un toma y daca que se presenta cual si fuera un “Mac Combo”, con los organismos de contralor -Corte Electoral y Tribunal de Cuentas- cual si fueran papas y refresco grande. Parece que el problema está en que para la fuerza de gobierno la cosa no pinta para un final con “cajita feliz”.

El Frente Amplio una vez más careció del coraje político para abrir este proceso, para transparentar la discusión, para incluir a las organizaciones sociales, civiles, gremiales y académicas en el debate. Todo se hizo como siempre, y como siempre serán los resultados.

Mientras el Frente no se anima a abrir la cancha, tal vez otras organizaciones operan en las tinieblas, ejerciendo presiones y lobby con sus clásicos aliados tradicionales y logran “vetar” algún nombre propuesto porque no es de su agrado, o porque ha tenido posiciones contrarias a los intereses de grandes empresarios y de defensa de la clase trabajadora.

¿A quién le sirven los acuerdos de cúpulas? Claramente al Frente Amplio y al movimiento social no, sin embargo ese fue el camino escogido. Y reiteramos lo que decíamos en octubre, no es necesario hacer cambios constitucionales -que positivos serían- se puede abrir el debate aunque no sea vinculante luego en el Parlamento, pero esto genera una fortaleza política, social y popular para nada despreciable.

¿Estaríamos frente a los mismos resultados si el proceso de discusión hubiese sido abierto al pueblo? No lo sabemos, pero podemos intuir que no.

Lo cierto es que ahora el Frente está empantanado, que la oposición está fortalecida, que hay nombres que están siendo manoseados y que corremos el riesgo que la regla de la antigüedad sea la que termine resolviendo, o que un mal acuerdo prospere para los negociadores no tengan que anotarse un total fracaso.

Lo cierto es que cuando se habla de profundizar la participación y la democracia bueno sería empezar a analizar cuán dispuesto se está a perder “cuotas de poder”. La señal que viene del Parlamento todo no es para nada auspiciosa, y este tema es un claro ejemplo.

Por ahora los ciudadanos debemos resignarnos a vivir con otra oportunidad perdida.