Es ya un lugar común afirmar que en las elecciones departamentales el ciudadano elector no se comporta de la misma manera que en las elecciones nacionales o en el balotaje.

Dicho de otro modo: que en mayo, el votante tiende a decidir su voto teniendo en cuenta más al candidato en tanto vecino, a sus características personales y a su trayectoria; mientras que en octubre/noviembre, la decisión tiene más que ver con ideas y programa. En resumen, en la elección nacional pesan cuestiones ideológicas pero la departamental está exenta de ese componente.

Cierto es que, especialmente en el interior, el conocimiento personal juega mucho a la hora de elegir a las autoridades departamentales; como si se tratara de un resabio del viejo caudillismo, los votantes dejan de lado la filiación política de los candidatos para optar por el vecino de mayor influencia social en la comarca.

Teniendo en cuenta este dato de la realidad, los candidatos de la Concertación en Montevideo insisten en convencer al electorado de que en esta elección departamental, los ciudadanos deben dejar de lado sus convicciones político-ideológicas y elegir en función de las cualidades personales de los diversos candidatos.

El ejemplo más claro de lo que venimos de decir es uno de los eslóganes que acompañan la campaña de Edgardo Novick: “No quiero cambiar tu ideología, quiero cambiar Montevideo”, proponiendo, a la vez, “un cambio de Frente”, mensaje no exento de ingenio.

Ahora bien, cabe preguntarse si, en verdad, la ideología debe estar ausente en la campaña por las departamentales, puesto que lo que está en juego son asuntos menores, como la iluminación, la higiene ambiental o el estado de las calles.

Creemos se trata de una percepción errónea, pues la ideología está siempre presente en la vida política. Por más que se trate de la remodelación de una plaza o la reparación de una vereda, la solución será diferente si el gobierno departamental está en manos de un partido conservador o uno progresista.

Las prioridades, la jerarquización de los problemas o la elaboración del presupuesto dependerán del signo ideológico de la autoridad. Por ejemplo, la propuesta de racionalización del tránsito y del transporte no será la misma para un intendente de derecha o uno de izquierda. Este último pondrá el acento en el uso del transporte público, mientras que aquel dará prioridad al automóvil particular.

No ha llegado el fin de la historia ni han muerto las ideologías, como pretendía Fukuyama hace 20 años.