Ocho mujeres, todas víctimas de acoso o abuso sexual de una forma u otra, aprovecharon la Semana de la Moda de Nueva York para prestar testimonio de esos abusos, en una muestra del impacto del movimiento #MeToo (#YoTambién) en Estados Unidos.

No hubo supermodelos ni un sitio prestigioso para acoger este desfile muy político de la francesa Myriam Chalek, conocida por organizar desfiles de personas a menudo marginadas: de enanos el año pasado en Dubái o de discapacitados visuales en la Semana de la Moda parisina de 2016.

Los medios fueron modestos: una sala prestada gratuitamente por un hotel barato no lejos de Times Square, con un rollo de papel blanco extendido sobre la moqueta para guiar el desfile de las “modelos”. Desde el comienzo de la Fashion Week, el jueves, algunos diseñadores han hecho referencia a los movimientos contra el acoso y abuso sexual #MeToo y #Time’s Up.

Es el caso de Tom Ford, con sus bolsos marcados con la leyenda “Pussy Power” -para referirse al empoderamiento femenino- o la puertorriqueña Stella Nolasco, que empezó el desfile con el discurso de Oprah Winfrey en los Globos de Oro augurando “un nuevo día en el horizonte” para niñas y mujeres. Pero Chalek, de 30 años, fue más allá e hizo de esto el eje de su desfile.

“Como mujer, una tiene una responsabilidad de contribuir al cambio”, dijo. “Si una dice ‘es hora de que esto cambie’ o ‘Time’s Up’, hay que hacer algo”.

La vestimenta no tuvo casi importancia, aunque combinó sistemáticamente “materiales fuertes” como el cuero y la piel, y “materiales delicados”, como la seda y el tul, para marcar tanto “la femineidad” y la “fuerza” de las mujeres, según Chalek. El objetivo era otro: que las mujeres prestaran testimonio. La condición para reclutar las modelos del desfile fue que fueran “víctimas de comportamiento sexual inapropiado”, dijo.

Máscara de cerdo

Después de haber desfilado con calma delante de unos 200 invitados, las ocho modelos tomaron de a una el micrófono, cada una al lado de un hombre vestido completamente de negro con el rostro cubierto con una máscara de cerdo. En unos minutos, contaron -a veces con la voz temblorosa- su historia, cuando un amigo de la familia, un novio o un depredador en internet las acosó, agredió sexualmente o violó, en el campus de una universidad, en un jardín público o en la casa de un pariente.

“Estoy un poco conmocionada”, declaró una de ellas tras haber contado cómo fue violada por un hombre con el cual flirteó, y cómo no osó contarle a su madre durante semanas.

“Estar aquí y hablar de esto es tan importante. Lamento mucho tener que decir ‘Me Too’ pero también estoy feliz de que hagamos algo, finalmente”, concluyó bajo los aplausos del público. Reinó el silencio tras estas trágicas historias, y Chalek estimó que la meta fue alcanzada. “Habitualmente no me gusta el silencio”, pero “ahora me gusta porque tengo la impresión de haber logrado verdaderamente que se sintiera” algo, declaró.

“No digo que este desfile vaya a cambiar las cosas de un día para otro, pero tengo la esperanza de que deje esta habitación y hable, de que esté mejor informada”. “Si llegamos a salir del silencio (…) aunque sea solo una mujer, ya será un éxito”, había indicado antes del desfile.