En el 2010 y cuando las elecciones nacionales y departamentales ya eran historia, el sistema político empezó a dar señales de revisar el programa comicial. Era entonces considerado largo, tedioso y caro.

El Frente Amplio, que originariamente se había opuesto a la reforma electoral en el 2009, comenzaba a dar señales de convocar a una reforma mediante el largo camino de convocar a una asamblea constituyente, uno de los cinco caminos previstos para ello. En el 2010, el senador y líder nacionalista Jorge Larrañaga le dijo al entonces presidente José Mujica que tenía “una idea” para reformar la Constitución. Era abreviar los ciclos electorales. El Frente Amplio lo vio con buenos ojos.

En ese mismo año, el exsenador blanco Francisco Gallinal propuso la creación de una comisión legislativa que iba a ser responsable de hacer acopio de propuestas de reformas a la Constitución. La moción del nacionalista fue apoyada por todo el espectro político. Hoy, de eso, nada queda.

Historial reformista
Desde que Uruguay se transformó en República se han visto en vigencia seis constituciones e infinidad de enmiendas a la carta magna. La primera fue aprobada por la Asamblea General Constituyente y Legislativa del Estado el 10 de septiembre de 1829 y promulgada el 28 de junio de 1830 por un selecto grupo de ilustres ciudadanos que hoy inmortaliza el nomenclátor montevideano. Esa primogénita carta magna rigió hasta el año 1918 y fue puesta a consideración de la población en un plebiscito un 25 de noviembre de 1917. Tuvo vigencia en 1919.

La tercera Constitución llegó en 1934 y rigió hasta 1942. Se aprobó durante la dictadura del colorado Gabriel Terra y fue considerada no muy democrática.

La cuarta Constitución tomo vigencia en 1942 y duró hasta 1952. Nació tras el llamado “golpe bueno” del presidente Alfredo Baldomir.

En 1952 llega la quinta Constitución del Uruguay y rige hasta el año 1967. La nueva carta magna nace de un pacto político entre el presidente Andrés Martínez Trueba, la Lista 14 y el grupo político de Luis Alberto de Herrera, con el solapado cometido de limitar el poder a Luis Batlle Berres. Como novedad, instala el sistema de gobierno colegiado y elimina el presidencial.

Finalmente se instala la sexta Constitución de la República en 1967 y es la que nos rige hasta hoy. Sufrió una larga cadena de modificaciones que se dieron en los años 1989, 1994, 1996 y en el 2004 siendo ésta la última referida al sistema electoral. Esta Constitución fue la que restauró el Poder Ejecutivo presidencialista, derogando el Colegiado. También recreó la figura del vicepresidente de la República.