Por: Por Alberto Couriel

La década del 90 en la América Latina se caracterizó por un predominio del neoliberalismo que terminó con profundas crisis a principios de la década del 2000.

Sin embargo, es muy notoria la presencia de ideas neoliberales en la actualidad, como si se olvidaran o se reinterpretaran las causas de las crisis. Paul Krugman reitera permanentemente que los economistas ortodoxos mantienen su discurso ideológico aunque sus ideas no se confirmen en la realidad.

Es también una forma de negar la realidad. La crisis que sigue existiendo en la Unión Europea es un buen ejemplo de esta situación.

Denominamos neoliberalismo a una concepción que sostiene que el libre juego del mercado y el accionar del sector privado resuelven todos los problemas económicos y sociales. Por lo tanto hay que minimizar el papel del Estado que solo debe fijar las condiciones para que el mercado actúe libremente. Todo lo que hace el mercado es positivo mientras que se considera negativo lo que hace el Estado.

Los instrumentos centrales se basan en la liberalización comercial, financiera y del mercado de trabajo y en las privatizaciones. La liberalización comercial requiere eliminar todos los controles sobre el comercio exterior y la protección arancelaria. La protección es una mala palabra para esta concepción. Se les exige a los países subdesarrollados, pero los del primer mundo mantienen protecciones y subsidios a los sectores agrícolas y a sus exportaciones.

La liberalización financiera significa minimizar los controles y llevar adelante procesos de desregulación. Ello le otorga a las instituciones financieras el máximo de libertad para efectivizar sus acciones. La liberalización del mercado de trabajo significa disminuir el poder sindical de los trabajadores y dar libertad a las empresas para la fijación de salarios y despedir personal.

Las privatizaciones hacen a la lógica de la ideología, porque en la medida que todo lo que hace el Estado es negativo, no se justifica la existencia de empresas públicas y se requiere su privatización.

En el ámbito de la política macroeconómica de corto plazo, de acuerdo a la concepción del FMI, se requieren equilibrios macros, con prioridad a garantizar el pago de los servicios de la deuda externa y a contener la inflación, para que el libre juego del mercado y el accionar del sector privado permitan alcanzar resultados óptimos.

Algunos mitos de esta concepción han fracasado aunque los economistas ortodoxos no lo reconozcan. La crisis financiera en los EEUU y en la Unión Europea no la pudo resolver el libre juego del mercado ni el sector privado.

Tuvo que intervenir el Estado en 2007-2008 para encontrar salidas a la misma. En EEUU hubo una elevada expansión monetaria, sobre la base de compras de títulos de deuda, con el objetivo de aumentar la demanda interna para atender los problemas del empleo.

Los economistas ortodoxos plantearon y siguen planteando que ello origina inflación, lo que no ha ocurrido en la realidad. Los países desarrollados tuvieron muy elevados déficits fiscales que no ocasionaron inflación, sino que en muchos casos, como en Europa, originaron deflación que ahora se intenta corregir con expansión monetaria.

Frente a los problemas de deuda o de inflación, se plantean ajustes económicos no adecuados a la realidad, los cuales generan profundas crisis económicas, sociales e inclusive políticas.

Los casos más notorios son las intervenciones del FMI en los últimos 60 años en América Latina, y los ajustes europeos en los últimos años, destacándose la actual situación de Grecia. Entender el mantenimiento de concepciones neoliberales significa entender que vivimos una etapa de capitalismo financiero, donde predominan grandes instituciones financieras que propugnan por liberalizaciones y desregulaciones.

Pero también por ajustes económicos con el objetivo de garantizar el pago de sus colocaciones financieras, en muchas ocasiones de carácter especulativo. Vivimos un mundo de globalización financiera que les da un gran poder a estas grandes instituciones financieras con sede en los países desarrollados, especialmente en EEUU.

Algunas de estas concepciones neoliberales reaparecen en la América Latina. No hay acuerdos con el FMI, ni préstamos de dicha institución, pero sus ideas siguen estando presentes. Los ajustes económicos que se plantea actualmente Brasil para encontrar caminos de nuevas inversiones nacionales y extranjeras, pueden ser un buen ejemplo del mantenimiento de ideas neoliberales.

En el Uruguay, en los dos gobiernos del Frente Amplio se erradicó el neoliberalismo. No hay liberalizaciones, ni desregulaciones ni privatizaciones. No hay ajustes económicos y la inflación se mantiene en un dígito, inclusive con medidas heterodoxas.

El primer gobierno se inicia con un acuerdo con el FMI, que no tuvo los efectos conocidos porque simultáneamente se da una elevación de los precios internacionales de los productos de exportación que salvaron el crecimiento. El tercer gobierno se inicia con declaraciones llamativas. El eje central de la política de corto plazo, anuncia el ministro de Economía y Finanzas, es la contención de la inflación, que sigue en un dígito, y en la baja del déficit fiscal.

Plantea que el crecimiento puede estar por debajo de 3%, especialmente por los problemas económicos que sufren nuestros vecinos Argentina y Brasil. A ello se agrega la defensa del Tisa para liberalizar los servicios. No está mal atender la inflación y, en cierta medida, el déficit fiscal, pero lo relevante es asegurar mayor crecimiento para mejorar el empleo y disponer medidas que permitan mejorar la distribución del ingreso.

El próximo presupuesto va a ser un buen indicador. El Tisa lo estudiaremos cuando haya más información, pero en principio el secretismo no es bueno y solo ayuda a las grandes empresas transnacionales que siempre buscan -a través de estos mecanismos- penetrar con ventajas en el mundo. Si el acuerdo no es bueno, no hay que entrar.

Argentina y Brasil no están. El Uruguay del Estado de Bienestar tiene mucho para defender en materia de servicios y en materia de empresas públicas. No nos apuremos y que haya una discusión públicas y abierta. Todos queremos contribuir a la defensa de los intereses nacionales.