El escritor y pensador italiano Umberto Eco arremetió contra las redes sociales, pues considera que estas les dan espacio a “legiones de idiotas”.

Asimismo, el autor de la obra “Número cero” afirmó que herramientas como Twitter y Facebook permiten que la opinión de los “necios” consiga tener la misma relevancia que “la de un premio Nobel”.

“Las redes sociales les dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”, comentó el premio Príncipe de Asturias en declaraciones recogidas por el prestigioso diario italiano La Stampa.

Vale recordar que hace algún tiempo, en entrevista con ABC, Umberto Eco manifestó que las redes sociales eran un instrumento “peligroso” porque no permitían conocer quién está hablando.

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, sostuvo el destacado intelectual italiano.

Estas afirmaciones, por venir de un destacado intelectual, merecen ser analizadas con detención, serenidad y respeto, con el objeto de confrontar puntos de vista. Soy de los que creen que esta vez Eco se equivoca, quizás por apresuramiento, quizás porque su condición de intelectual lo lleva a analizar con soberbia los nuevos fenómenos de la comunicación.

Ante este fenómeno no queda otra actitud que señalar que la afirmación de Eco es antidemocrática y por dos razones. Una primera es que en las democracias, para permitir y facilitar la libertad de los ciudadanos, tanto idiotas como inteligentes deben tener las mismas posibilidades de acceso a los medios de comunicación, donde no solo es válido el diario de papel.

Una segunda razón es que en democracia no debe haber nadie que diga quién es un idiota y quién no lo es. Solo si se es monárquico o perteneciente a una secta religiosa, se puede permitir la existencia de tan tremendo disparate. Estamos seguros de que Umberto Eco no está alineado con estas conductas autoritarias, por eso sigo creyendo que estamos ante un error circunstancial de Eco, fácilmente superable con una simple autocrítica que se puede hacer por Internet o después de tomar un vaso de vino.

Que nadie lo dude: seguiremos defendiendo a los idiotas y no porque tengamos un afecto especial por ellos, sino porque nos importa la democracia, la libertad y el republicanismo, batalla que idiotas y no idiotas deben dar agarrados de la mano.