Por: Demir Pereyra - Fray Bentos

Roslik había estudiado medicina en la ex URSS y fue acusado de traficar armas para los comunistas, extremo que nunca se comprobó. Su muerte violenta, ocurrida hoy hace 30 años, fue la última del período dictatorial.

La noticia corrió por el mundo entero: en el cuartel del Batallón N° 9 de Fray Bentos habían asesinado mediante tortura al médico de San Javier, Vladimir Roslik.

El homicidio de Roslik fue entonces denunciado por organizaciones de derechos humanos y por la prensa de la época (los semanarios Aquí, Convicción y Jaque, en particular (ver recuadro) e implicó la confirmación pública de las torturas y muertes por parte del régimen militar. El caso sacudió al país, en el marco de una dictadura cívico – militar que llegaba a su fin pocos meses antes de las elecciones programadas para noviembre de ese año y con varios partidos políticos ya actuando legalmente.

Una autopsia “oficial” de la dictadura consideró un “paro cardiorrespiratorio” como causa de su muerte. Sin embargo una segunda autopsia, realizada en Paysandú por un grupo de médicos civiles, aseguró que Roslik falleció víctima de una anemia aguda producida por las hemorragias provocadas por los golpes y la asfixia del “submarino”.

En el caso cumplió un rol fundamental la denuncia hecha por Gregorio Martirena, presidente de la Federación Médica del Interior (FEMI). “La acción del gremio médico uruguayo comprobó desgraciadamente que había médicos que participaban y creaban los métodos de la tortura, práctica que el Sindicato Médico señaló mundialmente expulsando del gremio” al Dr. Eduardo Sainz, responsable del “control” durante las golpizas y otro tipo de torturas, en el Batallón Rincón N°9 de Fray Bentos, afirmó Martirena.

En junio de 2013 la doctora Marisa Alza se excusó de actuar en el expediente del médico Vladimir Roslik, según la información que suministró la Dra. Livia Pignataro a la Suprema Corte de Justicia.La representante del ministerio público tomó la decisión “por razones personales”. La fiscal Alza está vinculada familiarmente con el médico Eduardo Sainz, quien firmó la primera autopsia de Roslik y que luego fue rectificada por los médicos del Hospital de Paysandú, en una segunda autopsia exigida por Mary Zavalkin, la viuda del médico.

La indagatoria penal por la muerte de Roslik fue desarchivada, en virtud del decreto del Poder Ejecutivo por el cual se revocaron más de 80 actos administrativos dictados por anteriores gobiernos, por los cuales se consideraron bajo el amparo de la Ley de Caducidad diversos casos de crímenes cometidos durante la dictadura.

La fiscal Mariza Alza fue subrogada por la fiscal de la ciudad de Mercedes, quien no habría visto aún el expediente, por razones de un traslado reciente, según información obtenida en los últimos días.

En otro orden la defensa de los implicados interpuso un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley 18.831 interpretativa de la Ley de Caducidad. La SCJ se pronunció declarando la inaplicabilidad de la citada ley.

El testimonio de Pires

Previo al desarchivo de la causa, la jueza letrada de 1er Turno de Fray Bentos, Livia Pignataro, incorporó al expediente del caso el testimonio de una persona fallecida. El hombre, que fue torturado junto a Roslik, dejó un documento certificado por escribano.

“Mientras nos torturaban yo escuché el nombre del que mandaba, era el Pocho Coubarrere. Esa es una de las personas más importantes de la muerte de Roslik (…) No vi el momento en que matan a Roslik, pero sentí bien claro cuando ese Pocho Coubarrere gritó ‘¡Pará, que este ya dio!’ y con eso entendí que Roslik había muerto”. Eso fue lo que contó el brasileño Antonio Pires da Silva Junior en agosto de 2008, cuando volvió al país para dejar asentado ante escribano público su testimonio.

El médico que firmó la primera “autopsia”
Sainz: “A mí me han degradado”

El doctor Eduardo Sainz, el médico que firmó la primera “autopsia” de Roslik, no da entrevistas. Como toda su vida, vive en el centro de la ciudad de Fray Bentos, y está jubilado. Últimamente, ha retirado la chapa de la fachada de su casa. Hasta hace unos años, se lo veía por la rambla de esta ciudad en compañía de dos perros Rotweiller y presumiblemente armado. En una comunicación telefónica con LA REPÚBLICA en el mes de julio del año 2013, Sainz reafirmó que “nunca” dio entrevistas y que siempre “me remití simplemente a lo que la Justicia ordenó y actué como tal”.

Más adelante, en la misma charla, Sainz aseguró que “el tema está muy politizado” y también declaró “no quiero entrar en esa órbita… a mí me han degradado, la gente habló muy mal de mí, yo fui un médico con una familia, como ciudadano me he comportado como tal y no he tenido una receptividad a lo que yo he hecho acá en Fray Bentos…”

Eduardo Sainz tiene 67 años, dice que “hace una vida socialmente casera”, que “comparte momentos familiares”, también “estudio, escucho música clásica, y leo, y también hago ejercicios, porque a mi edad hay que hacerlos…”

Testimonio: la denuncia de Jaque

“Trasciende que en Fray Bentos han matado a un médico de San Javier.

Como director de Jaque envío dos periodistas a Paysandú a entrevistar a los médicos que han hecho la segunda autopsia. La esposa de Roslik tuvo la lucidez, en medio de su dolor, de llevarse el cadáver a Paysandú y pedir una segunda autopsia. La primera, del Dr. Sainz, era un fraude.

Tres médicos (la autopsia la firman cinco) les dicen a mis periodistas que Roslik ha muerto bajo torturas. Obviamente no se hacen cargo de la afirmación. Sabíamos la verdad, el tema era demostrarla.

El modo de dar la noticia fue transcribir lo que el cura dijo en el entierro en San Javier: “Oremos por Vladimir Roslik que murió asesinado”. Fue la tapa de Jaque.

El cnel. Juan José Pomoli discute a los gritos con el director de Jaque y le advierte que está mintiendo y que no lo cierra en ese momento porque la gente iba a pensar que teníamos algo y que nos iba a cerrar en el momento que quedara claro que no teníamos nada para sostener la afirmación del asesinato.

Comienza una carrera contra reloj en que si Jaque no demostraba la afirmación publicada iba a ser cerrado. En ese momento la libertad pendía de lo que Jaque demostrara.

Manuel Flores Mora convence a un médico forense militar, de nombre Mautone, de entrar al instituto forense militar. Allí Flores Mora copia textualmente la verdadera autopsia y Jaque la publica.

La dictadura acepta que Vladimir Roslik murió bajo apremios físicos (como se le decía entonces a la tortura) y sanciona a los dos oficiales a cargo de la unidad de Fray Bentos donde fue muerto el médico de San Javier.

Jaque recibe el premio Juan Carlos de Periodismo por su aclaración del caso y su contribución al fin de la tortura en Uruguay. “Cuando arrancamos una autopsia asesina de las entrañas de la dictadura no solo terminamos con la tortura en el Uruguay sino que demostramos que el periodismo y la verdad pueden contra todo”.

(Testimonio de Manuel Flores Silva, entonces director del semanario Jaque).