El ya fallecido, Guillermo Gallino, el bandoneonista salteño de Matos Rodríguez fue entrevistado por el diario El Pueblo de Salto a los 85 años, en su casa en la que vivió por décadas guardando para sí partituras hechas de puño y letra por el autor de La Cumparsita.

Gallino falleció hace varios años, pero ante la celebración por los 100 años de la creación del himno cultural uruguayo, el periodista Hugo Lemos recopiló fragmentos de la entrevista que le realizara el domingo 24 de mayo de 2009 en la casa de Gallino. La misma fue recopilada para refrescar la memoria de cómo surgió La Cumparsita según el testimonio que Matos Rodríguez le brindó a Gallino en aquel momento y que Lemos diera a conocer hace casi ocho años. A continuación la transcripción del fragmento de la entrevista.

“El encuentro con el autor de la Cumparsita”

Con la mano sobre la mesa y los pies cruzados, pensando en cada detalle para hilvanar la historia, Guillermo Gallino recuerda que luego del episodio de la mecánica de la aviación, se alojó en una pensión de un barrio de la capital y se vinculó al peluquero José Barrientos que tenía su peluquería sobre las calles Nueva York y Yaguarón.

“Como él tocaba el violín y yo rasqueteaba el bandoneón nos relacionamos enseguida. Y me hizo una carta para que en una empresa me dieran trabajo. Y así entré de electricista pero de ese oficio yo no sabía nada. Pero fui y me presenté igual y tras unas preguntas pese a mi desconocimiento me dieron el trabajo. Y yo le di de punta”, narró así su epopeya previa a sus comienzos de músico.

Entonces dijo que un día estaba en la peluquería de Barrientos y a unos 40 metros vivía “Becho”, dijo evocando la figura de Gerardo Matos Rodríguez. “Y un día me dice el peluquero, vos lo conocés a Matos Rodríguez, y yo le contesto lo conozco de los papeles nomás. Y él me dice: miralo allá está. Iba caminando ya con el ataque de hemiplegia que le había dado, junto al chofer del auto que lo ayudaba y en la parte izquierda llevaba un bastón”.

“Y entonces pensé, yo tengo que conocerlo, me voy a presentar. Y llegué hasta donde estaba él y le dije ‘qué hermoso día para disfrutarlo’. Y él me contesta ‘¿te parece?’. Y ya me miró y empezó a preguntarme cosas y me dijo de dónde era, le dije que de Salto y ahí empezó a preguntarme cosas y así nos dispusimos a conversar. Él tenía 46 o 47 años cuando lo conocí. Yo tenía 19 creo, me hizo llegar hasta la casa de él que estaba en la calle Nueva York 1415, entre Médanos y Yaguarón. Me invitó a pasar a la casa y trabamos amistad”, recopiló el bandoneonista entre sus memorias.

La Cumparsita

Matos Rodríguez vivía bien, pese a la enfermedad que le aquejaba tras haber sufrido una hemiplegia que prácticamente le paralizó el lado derecho. Aunque económicamente “que pocos estancieros uruguayos recibían en aquel entonces. Para darle una idea, en una pensión donde le lavaban hasta los pies usted pagaba unos 30 pesos mensuales. Y él estaba percibiendo 6.500 pesos mensuales de derechos de autor de La Cumparsita”.

Contó que Matos Rodríguez era soltero y no tenía hijos, sí tenía una hermana a quien nuestro entrevistado conoció. Luego de hacerse muy amigo del compositor, éste lo llevó a vivir a su casa, donde permaneció por cinco años. Gallino conoció así innumerables anécdotas de la vida personal de Matos entre ellas, cómo nació La Cumparsita, el himno cultural uruguayo.

“El padre quería que él fuera ingeniero y lo mandaba a la Facultad. Pero él se hizo de varios compinches y alquilaba un bulín al que nosotros le llamábamos ‘cotorro’ (dice sonriente), allí tenían cama, comida, vitrola para llevar a las queridas, y disfrutaban la vida, así me lo transmitió él a mi”, dijo Gallino.

El músico prosiguió con su cuento: “sucedió que un día no tenían plata para pagar el alquiler del bulín y lo desalojaron, pero resulta que a la vuelta encontraron otro. Y como no tenían para pagar un carrito que le llevaran los cachivaches que tenían, fueron entre todos los compañeros en fila india y se llevaron las cosas de a uno.

Y éste se para en la puerta y los mira y les dice a sus amigos: ‘esta es la cumparsa de la miseria sin fin desfila’. Y de ahí sacó la idea porque él más que músico era muy buen poeta, empezó a engalanar palabras e hizo la letra de La Cumparsita y llegaron cantándola al nuevo bulín”.

Dijo que al día siguiente su hermana Chela que era casada con un arquitecto, llegó hasta la casa de Matos Rodríguez y él le contó que había hecho una canción, y narró Gallino que “como ella era profesora de piano, él le pidió que lo ayudara a pasar el tema al papel. Y entonces les tomó la canción de oído y si bien él había hecho el tema como una marcha, ella se lo pasó al dos por cuatro. Y ese mismo tango él se lo llevó a una copista e hizo tres partituras.

Una la llevó a la Biblioteca Nacional y la registró, la otra se la vendió a Roberto Firpo que tocaba en el café La Giralda (donde hoy está el Palacio Salvo). Si bien éste quiso darle 10 pesos, Matos le exigió 20 y se fue a Maroñas a duplicar la plata con los amigos y se quedó sin nada”.

Gallino recuerda que Firpo interpretó La Cumparsita y el éxito fue tal que tuvo que hacer unas 20 repeticiones. Y al querer ir a registrarla se llevó la sorpresa de que su autor ya lo había hecho.