En su discurso de bienvenida el rector Roberto Markarian pidió a los jóvenes que participen del cogobierno, que discutan, que tengan mente abierta, disposición al estudio, sean solidarios, “ricos en su comportamiento y en su afán de aprender”.

Al igual que en sus ediciones anteriores, el Tocó Venir fue organizado por el Programa de Respaldo al Aprendizaje (Progresa) de la Udelar, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), el Fondo de Solidaridad y la Secretaría de la Juventud de la Intendencia de Montevideo (IM).

Temprano en la tarde se armaron los stands de las facultades de Veterinaria, Enfermería, Medicina, Información y Comunicación, Humanidades y Ciencias de la Educación, Ciencias, Ingeniería, del Instituto Superior de Educación Física, Progresa, Bienestar Universitario, Extensión y Actividades en el Medio, el Centro de Estudiantes Universitarios de Psicología, Unibici, la Secretaría de la Juventud de la IM, el Fondo de Solidaridad, y Compromiso Educativo.

Había también stands de la organización Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y en solidaridad con los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa (México), con el proceso de paz en Colombia, y de rechazo a la estadía de tropas en Haití. Además había espacios de juego: voleibol, ajedrez y twister.

Se montaron dos escenarios. En el callejón de la Udelar tocaron durante la tarde el Cuarteto Gentil de Guitarras, Toto Yulele Trío, Dino González y Hernán Díaz y la murga Borracha No Vale. No bien terminaron, las autoridades hicieron una breve oratoria de bienvenida a la nueva generación. Marcos Supervielle, presidente del Fondo de Solidaridad, destacó que de un total de 7.500 becarios que tiene el fondo, 2.500 corresponden a estudiantes que ingresaron este año.

La intendenta Ana Olivera deseó a quienes llegaron del interior del país que “puedan hacer vida disfrutable, participar de las maratones y las caminatas que tiene Montevideo, que puedan disfrutar de los equipamientos, de los gimnasios a cielo abierto, de la cultura, de los teatros, de los museos”.

A quienes son de Montevideo les encomendó que “logren esa integración con todos los que vienen de otros lados porque en eso se basa la conformación de nuestra sociedad”.

Markarian citó el libro La mancha humana, en el que el autor, Philip Roth, expresa que “todo lo que no sabemos es asombroso”, y advierte que la frase “todo el mundo sabe” es la invocación del cliché y el comienzo de la trivialización de la experiencia.

El rector sostuvo que la función de los docentes y de la institución es “entusiasmarlos por saber y por investigar para saber y por hacerlo con una mente libre y entusiasta”. Les pidió a los estudiantes que participen en las actividades de cogobierno, “de una institución abierta, rica, discutidora y donde el ‘sí, sí’ no debería cundir, debería cundir la duda y el no, donde el discutir lo que hace un profesor, lo que hace una autoridad, es el principio básico”.

Añadió que es necesario tener mente abierta, disposición al estudio, a mirar al otro con ganas de oír, de sentir su voz. “Discutan, participen, protesten”, pidió. Saludó haber encontrado “stands dedicados a la solidaridad latinoamericana” y concluyó: “sean solidarios, sean abiertos y discutan, sean ricos en su comportamiento, en su afán de aprender, en su afán de protestar ante una institución cuya primera virtud es esa apertura”.

Para los recién llegados la necesidad de adaptación es doble, porque el ritmo citadino es distinto. “Te cuesta un poco porque es mucho más rápido, allá estabas a diez, a 20 cuadras del liceo”, dijeron Diego y Álvaro, estudiantes de Ingeniería procedentes de Rivera. Más lejos resultaba para sus amigos Santiago y Rodrigo, compañeros de clase y oriundos de Minas de Corrales, donde viven 4.000 personas.

Tampoco se ha habituado Fátima, que estudia Ciencias Sociales y llegó de Tomás Gomensoro, un pueblo de Artigas donde viven 3.000 personas. Dijo que extraña el campo y la tranquilidad y que en Montevideo “anda todo el mundo apurado. Voy a tener que acostumbrarme”, concluyó.

Las dificultades para adaptarse al ritmo de facultad son matizadas con ayudas como las tutorías entre pares, contó Walter, estudiante de Arquitectura: “podés sacarte la mayoría de las dudas por ahí”, explicó. Walter es oriundo de Paysandú, vive en una residencia y a partir de su experiencia de un mes en la facultad expresó que “la gente de Montevideo te hace sentirte bien, te hace sentir parte”.

A su vez, Danilo, que cursa Química y Belén, que hace Derecho, apreciaron el aporte de los diferentes gremios estudiantiles que dan información sobre horarios, actividades y parciales. Iván, estudiante de Sociología, opinó que el cogobierno es una forma de organización valiosa, porque permite que las decisiones no estén sujetas al criterio de pocas personas.