Por: Enrique Ortega Salinas, Analista

“Los países no tienen amigos, tienen intereses”.

Máxima con que se adoctrina a los futuros diplomáticos en la Universidad de la República del Uruguay.

Antes de entrar en terreno espinoso vuelvo a agradecerte la guerra del humo. Gracias a ti y a Mujica por salvar a trabajadores rurales y empleadas domésticas de la explotación blanquicolorada. Gracias por el boleto y computadoras gratis para estudiantes y mil cosas más. Ahora permíteme preguntar de manera fraternal y respetuosa…

¿Qué harías tú si blancos y colorados intentaran tomar la Suprema Corte de Justicia por la fuerza? ¿Qué harías si cortan 18 de Julio y arrojan bombas molotov y balazos a los policías cuando vengan a liberar la calle? Tú que firmaste un decreto contra los cortes de ruta… ¿Qué harías contra las guarimbas?

¿Qué me pasaría en Uruguay si convoco a la gente a derrocarte por la fuerza? ¿Y si coloco cables tirantes entre dos columnas para decapitar motociclistas? ¿Me llamarían preso político? ¿Y si incendio depósitos de alimentos como hizo la oposición hace dos meses en Anzoátegui? Cómo… ¿No lo contaron los canales uruguayos? Apuesto a que sí mostraron los ataques masivos de la oposición a escuelas y un hospital de niños… ¿Tampoco? Entonces hay alguien que piensa por nosotros.

Tú continúas invitando al diálogo… pero la oposición ha dicho hasta el cansancio que no quiere dialogar, lo que le mereció críticas del Papa Francisco. Ahora que están a punto de voltear al gobierno y cuentan con apoyo internacional, menos que menos.

Convengamos que Maduro colabora con sus enemigos cada vez que abre la boca y se defiende mejor callado, pero… ¿ya olvidamos el estilo venezolano? Henrique Capriles le ha dicho al Presidente “Vete al coño de tu madre”, lo que según la Real Academia Española, significa: “Andate a la concha de tu madre”. ¿Qué pasaría en Uruguay? Cuando un exaltado trató de “hijo de puta” al ex presidente Lacalle, fue procesado y nadie lo defendió, ni el PIT-CNT, porque al Presidente se le respeta.

Convengamos que destituir a la fiscal Luisa Ortega es una burrada producto de la pérdida de paciencia; pero a fines de junio Donald Trump destituyó a la fiscal General Sally Yates por negarse a cumplir una orden de defender en los tribunales el veto a inmigrantes y refugiados impuesto por la Casa Blanca y no veo el mismo escándalo. ¿Ya olvidamos que estos opositores siempre respondieron con violencia a los resultados electorales adversos?

¿Ya olvidamos a Henrique Capriles tomando la embajada de Cuba en 2002, pistola en la cintura y con cientos de energúmenos, en busca de chavistas? A Capriles se le muestra como una víctima porque se le inhabilitó para ser candidato, pero, ¿sabías que fue condenado por negociar con empresas extranjeras sin llamar a licitación y pasándose por alto todos los controles legales?

¿Con qué árbitros nos alineamos? En Paraguay se compran jueces con el cambio chico del bolsillo, mientras que en Argentina varios fiscales y jueces se han hecho millonarios danzando al compás del gobierno de turno. Macri intentó sin éxito trasladar al Estado las deudas de su empresa familiar. Temer zafa de la Justicia amparado por legisladores de los cuales más de 200 están involucrados en el Lava Jato y no nos preocupa la institucionalidad brasileña.

La derecha va ganando por goleada. Sus medios nos muestran la película que quieren y deciden qué debemos saber y qué no. Muestran a la policía reprimiendo, pero ocultan la parte en que los manifestantes atacan a los policías con bombas molotov provocando su reacción. Llevan la cuenta de los muertos como si fueran todos opositores, cuando hay una importante cantidad de policías y chavistas asesinados.

También engrosan la lista personas ajenas al conflicto, tal el caso de un colectivo que volcó al intentar eludir una guarimba, así como motociclistas decapitados por cables tirantes colocados por opositores para cortar vías. La oposición ha quemado vivas a más de diez personas, pero los medios solo mostraron un caso que no pudieron ocultar porque se viralizó en las redes. Al que no se incluyó en la lista fue a Pedro Carrillo Suárez.

Tenía 21 años, era militante del Psuv larense y en mayo tuvo problemas con opositores. “Este es uno de los chavistas”, dijo un secuestrador, según testigos de un puesto de venta de aceite de carros de donde fue raptado a punta de pistola. Al día siguiente hallaron su cuerpo carbonizado y con un disparo en la oreja derecha. Los canales uruguayos prefirieron hacer famoso al joven que manifestaba tocando el violín y dejar a Pedro en las sombras del desconocimiento.

Es fácil odiar a Maduro con tanta información manipulada, recortada y editada tendenciosamente. Los fanáticos atacan hogares chavistas, agreden a los familiares de los políticos oficialistas y nadie dice nada. Tengo mil críticas para Maduro, pero considerar a sus enemigos como luchadores por la libertad cuando fueron los explotadores históricos de su propio pueblo y tragarme la manipulación mediática es una traición en la que no pienso incurrir. Leopoldo López no es un preso político, sino un político preso, un sujeto peligroso y violento que arrastró a la muerte a 43 personas.

Nadie habla de los millares de firmas de cadáveres que presentó la oposición para el revocatorio y se piden elecciones sin mencionar que en 2013 Maduro enfrentó a Capriles y lo derrotó con 7.587.532 votos contra 7.363.264. Si le exigimos un revocatorio, sería ejemplarizante que diéramos esa posibilidad (creada por Chávez) a los uruguayos.

¿Le pedimos a Venezuela qué no impida la toma de edificios públicos? ¿Qué hizo Uruguay cuando se tomó el Codicen? ¿No desalojamos y procesamos a Marcelo Hospitale por tirar piedras a la Policía?

Recuerdo aquella frase tuya de hace unos años referida a Nicolini: “A un compañero no se le deja solo en el campo de batalla”, y no puedo evitar pensar que es exactamente lo que estamos haciendo ahora. Maduro caerá, Venezuela volverá a las garras de sus amos históricos, se destruirá el concepto humanitario de la Economía, pondrán de ministro a algún egresado de Harvard y los medios se abocarán a destruir lo poco que quede del honor de los derrocados para que no resurjan, recrudecerá la guerra civil (que ahora está en su fase primaria) y nosotros seremos recordados por haber cedido a la presión mediática derechista.