Por: Charles Carrera, Senador, FA, E609

Empiezo a recorrer una nueva etapa de mi vida política y tengo la necesidad de contar lo que significa para mí este cambio y el grado de compromiso con que asumo la nueva responsabilidad en el Senado.

Quiero contarles sobre una etapa de militancia cumplida, y cuáles son los nuevos desafíos que me propongo.

Adiós, Ministerio…

Hasta el 12 de setiembre me desempeñé como titular de la Dirección General del Ministerio del Interior (MI), siendo parte de un grupo de trabajo que se propuso transformar una de las instituciones más complejas de un Estado democrático, como es la institución policial. ¡Fue un desafío enorme! Y sin lugar a dudas, ¡era una institución que necesitaba cambiar! Necesitaba ser actualizada para afrontar los desafíos de la época que nos toca vivir.

Lamentablemente, la derecha nunca asumió la transformación de la institución policial; nunca quiso enfrentar el desafío.

Junto a un gran equipo logramos actualizar doctrinariamente a la Policía, que se basaba en una concepción del siglo XIX, la concepción del Orden Público (un concepto jurídico indeterminado, que depende de la interpretación que dicta el gobierno de turno). Hicimos el cambio porque una institución que debe velar por el cuidado de las personas no puede basarse en una concepción indeterminada. En cambio, la concepción doctrinaria que primó bajo nuestra gestión y quedó plasmada en la nueva Ley Orgánica Policial, es la concepción de la seguridad de los habitantes, donde se dice claramente que la Policía “es una fuerza civil” que está para proteger a la persona y permitir su vida y desarrollo en sociedad.

La misión de la Policía es garantizar y proteger la seguridad de los habitantes, entendida como la función del Estado dirigida a hacer efectivo el libre ejercicio de los derechos y libertades fundamentales de todas las personas que habitan el territorio de la República; así como también la protección de ellas y de sus bienes frente a cualquier tipo de acción violenta o agresión, en el marco de la vigencia del Estado de Derecho y del sistema democrático de gobierno.

Una de las enseñanzas que aprendí del “Bicho” Bonomi, y de otros compañeros, fue el realismo emprendido en acción. Realismo en hacer conocer a la sociedad uruguaya la situación en que se encontraba la seguridad pública en nuestro país; realismo en buscar acuerdos programáticos en esa materia, ya que nos iba el futuro como Nación; había que desarrollar cambios de programas y estructuras, proyectos de leyes y decretos, etc.

Realismo traducido en pragmatismo para enfrentar el problema, planificar una solución y aplicar las medidas dispuestas sin esperar resultados rápidos pero sabiendo que se necesitan cambios de fondo para que esos resultados sean duraderos.

Ese realismo nos volvió inconformistas, lo que se tradujo en más acción. No nos conformaron los resultados, al asumir sabíamos que queríamos transformar radicalmente una institución adoctrinada con dogmas del siglo XIX y estructuras de los años 40 del siglo XX. En el mundo social los cambios no son instantáneos, como sí sucede en algunas ramas del saber, y esa variable debe tenerse en cuenta a la hora de analizar: no hubo política de seguridad durante décadas, y eso no podía (ni puede) ser resuelto de forma instantánea.

¡Fue un desafío mayúsculo! Pero se logró: modernizar el trabajo policial, democratizar la Policía, cambiar y actualizar las estructuras administrativas, tecnológicas y los recursos humanos. Hoy, como sociedad, nos podemos plantear metas específicas en materia de seguridad y convivencia, y una mayor efectividad de las políticas públicas en la materia. Hasta aquí la etapa cumplida.

Nuevos desafíos militantes

Los nuevos desafíos militantes que me propongo desde el Senado son:

En primer lugar, trabajar sobre seguridad y convivencia; y en temas de igualdad y género. Considero que puedo aportar mucho, tras más de 12 años de estudio y gestión en esa materia (7 años y medio en la Dirección General del MI).

Seguiré realizando propuestas, y defendiendo lo realizado por los gobiernos frenteamplistas. Y, particularmente, con la cartera de Interior, donde se ha operado una verdadera revolución calificada por académicos del BID como la “Reforma Silenciosa”.

Seguiré trabajando los temas de género, con el compromiso que asumí el primer día en la Dirección General del MI, porque aprendí que los lentes de género transforman nuestra realidad y nos posicionan como sujetos activos en los procesos de cambio. Sigo afirmando que continuamente hemos de revisar nuestros códigos, nuestros preconceptos y estar dispuestos a aprender nuevas formas de convivencia sin violencia.

En segundo lugar, trabajaré los temas de Justicia; se han hecho cambios, pero en algunos aspectos se debe profundizar más. Considero que desde el sistema político debemos poner en debate algunos temas. A modo de ejemplo, en mi pueblo natal existe un Juzgado de Paz Rural que a partir del 1º de noviembre, con la entrada en vigencia del nuevo Código del Proceso Penal, quedará prácticamente sin competencia porque la competencia de urgencia que tenía en materia penal pasará a los fiscales; mientras que, en otros lugares, faltan jueces especializados en Violencia de Género.

Considero, también, que debemos trabajar sobre la Justicia Administrativa (Tribunal de lo Contencioso Administrativo, TCA); hoy día, litigar ante el TCA, para los ciudadanos de a pie, es casi imposible por lo engorroso y costoso del proceso. Es una Justicia que llega a quien tiene recursos para afrontarla. Debemos trabajar en democratizar el acceso a la Justicia Administrativa.

En ese sentido, solicité una reunión al presidente de la Suprema Corte de Justicia y en los próximos días solicitaré una a la presidenta del TCA.

En tercer lugar, como integrante de la Comisión de Presupuesto deseo aportar en la modernización de las estructuras administrativas del Estado, ya que desde la gestión dirigí (junto a las demás autoridades) un pequeño país. Muy pocos saben que el MI tiene 19 jefaturas departamentales (símil de los 19 gobiernos departamentales); tiene un ministerio de salud (Sanidad Policial); un banco república (Caja Policial); un ministerio de turismo (Migraciones); además de Bomberos, Cárceles, Identificación Civil, etcétera. Allí puedo aportar en el debate, en la modernización del Estado.

Se ha hecho mucho en estos gobiernos frenteamplistas, pero falta un salto; debemos modificar la tradicional Unidad Ejecutora, tal cual la conocemos, por Unidades de Ejecución de desarrollo de políticas públicas. Por ejemplo, una Jefatura de Policía es una Unidad Ejecutora donde el jefe administra recursos humanos y financieros. Sin embargo, lo que interesa a la población es que el jefe se dedique a trabajar en la baja de los delitos, disponga patrullajes, etcétera. Propongo dar ese debate y lograr superar el concepto de Unidad Ejecutora tradicional en beneficio de Unidades más eficientes, que sean transparentes y ágiles en el desarrollo de la política pública.

En cuarto lugar, deseo colaborar en el desarrollo de las compras públicas. Desde la gestión tuve la oportunidad de trabajar en la celebración de convenios entre los gobiernos departamentales de Canelones y Tacuarembó con cooperativas de productores familiares y de elaboración de productos; seguir trabajando en el desarrollo de esta política es cumplir con el Programa de Gobierno del Frente Amplio; fomentar el desarrollo de los pequeños y medianos productores y asegurarles un ingreso digno, distribuir mejor las ganancias en la cadena de comercialización superando los intermediarios, son acciones que coadyuvan a la mejora de gestión. Aquí puedo aportar tanto en mejorar la legislación actual como en utilizar correctamente las herramientas legales vigentes, que permiten adquirir los bienes que producen los pequeños y medianos productores familiares.

Por último, deseo afirmar que me comprometo a debatir con respeto; buscaré acuerdos, que es lo que nos pide nuestra población, ya que quienes buscamos verdaderos cambios sociales no podemos permitirnos creer que somos dueños de la razón, ni creer que el camino es únicamente el que planteamos nosotros. Pero advierto desde ya que no admitiré la falta a la verdad, aquí tendrán a un militante que no permitirá la política que desarrollan algunos, la política del descrédito y la mentira, la del discurso destructivo por el solo hecho de hacerlo sin proponer nada a cambio, si llegan a ser gobierno… La destrucción por el solo hecho de destruir, la de reclamar agenda al gobierno sin reconocer que existe y -lo que es peor aún- sin decir cuál es la suya propia…