Rodeada por tres ríos, esta ciudad del sur de Colombia es vulnerable a las inundaciones y en un fin de semana llovió en horas lo que suele llover en días. Pero la mano del hombre acentuó la tragedia que ya se ha cobrado casi 300 vidas: la deforestación del Amazonas y la falta de planificación hicieron que las riadas tuvieran un efecto devastador.

Más de 300 muertos, cientos de heridos y desaparecidos y barrios enteros borrados del mapa por una avalancha de lodo, agua y escombros. Ese es el saldo creciente del deslave y las riadas que tiñeron de luto la ciudad de Mocoa.

El motivo: los más de 129 milímetros de agua que cayeron en esa zona del departamento de Putumayo en solo cuatro horas (un tercio de lo que suele llover en un mes) que provocaron el desbordamiento del río Mocoa y sus afluentes Sangoyaco y Mulatos. Las riadas de agua, lodo, piedras y árboles arrasaron 17 barrios de esta ciudad de unos 45.000 habitantes que está rodeada de montañas y bordeada por tres ríos.

“La lluvia cayó sobre Mocoa con una intensidad y una fuerza sin precedentes y devastadoras”, afirmó el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien atribuyó la tragedia al cambio climático. “Llovió en dos horas lo que llueve en un mes en Bogotá”.

La mano del hombre tras la tragedia

Pero, aunque detrás haya causas naturales, la mano del hombre también tiene mucho que ver con la tragedia. Los expertos también atribuyen la tragedia a la deforestación de la selva amazónica, la explotación desordenada de las tierras y la falta de planificación urbanística.

“En la cuenca del río Mocoa se ha perdido aproximadamente un 20-21% de la cobertura boscosa que se tenía en 1990”, le explica a Univisión Noticias la gerente de desarrollo sostenible y gestión de riesgos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Colombia, Jimena Puyana.

Según Puyana, los árboles tienen funciones vitales para los ecosistemas donde se ubican como ayudar a la retención y el freno de las aguas al bajar por laderas, que en la zona afectada tienen una inclinación superior al 50%. “Al no tener esas coberturas boscosas terminan ocurriendo deslizamientos en estas montañas que además tienen unas pendientes muy pronunciadas y la consecuencia final es el problema que vimos”, apunta.

De hecho, Putumayo es el quinto departamento de Colombia con más pérdida de capa vegetal. Según un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, hasta 2015 se habían deforestado 9.000 hectáreas de bosque.

Además, parte de la población afectada había construido sus casas en las cuencas históricas de los ríos y de las quebradas que se habían secado, pero con el aumento del caudal éstos retomaron su curso natural.

“En este municipio estaba pendiente el instrumento del Plan de Ordenamiento Territorial (POT)”, indica la funcionaria del PNUD al referirse a un plan que permite detectar las condiciones de vulnerabilidad y riesgo para adaptar los desarrollos urbanísticos de la zona.

Y finalmente, se identificaron cambios en los cultivos y el uso del suelo, como el dedicado a la ganadería extensiva o a los cultivos ilícitos, que se llevaron a cabo de manera desordenada y que intensificaron la pérdida de vegetación y por lo tanto el efecto de la riada.

Informes advertían de la tragedia

De ello da fe el director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia), Luis Alexander Mejía, que en declaraciones a la prensa dio detalles del primer sobrevuelo que hizo a la zona tras el desastre.

“En la tarde del sábado sobrevolamos las vertientes de los principales cauces de los ríos Taruca, Conejo, Sangoyaco, Mulato y Mocoa, donde pudimos determinar que el uso inadecuado del suelo en estas zonas activó antiguos deslizamientos y generó otros nuevos. Se vivió un fenómeno con características similares a lo ocurrido hace 50 años en esta misma zona antes de que estuviera poblada”, afirmó.

Todos esos factores hicieron que las potentes lluvias caídas en solo cuatro horas el pasado 1º de abril tuvieran un efecto tan devastador. De hecho, varios informes avistaban la posibilidad de este tipo de eventos, pero no se tomaron las medidas propuestas.

Mejía asegura que la corporación que dirige hizo unos estudios con la gobernación del Putumayo hace nueve meses en los que advertía del desastre y atribuyó la magnitud de la tragedia al “uso inadecuado de suelos”.

“Se hizo un taller con el Servicio Geológico Colombiano en el que se mencionaron y advirtieron sobre los asentamientos inadecuados en ciertas áreas”, afirmó el director de Corpoamazonia, quien lamentó la falta de actualización en los planes de ordenamiento territorial de varios municipios amazónicos, entre los que incluyó a Mocoa.

Los motivos de la falta de atención a las recomendaciones se desconocen, pero las autoridades parecen estar tomando nota de lo que se hizo mal en este caso.

El ministro de Medio Ambiente, Luis Gilberto Murillo se refirió al deslave de Mocoa como una “nueva señal” de la necesidad de estar atentos a los fenómenos climáticos. “Es un llamado a actualizar los planes de adaptación al cambio climático y a implementar las medidas de mitigación, así como a realizar la ocupación adecuada de los territorios y la conservación de ecosistemas”, afirmó.

Por el momento, y mientras los equipos de emergencia continúan buscando a cientos de personas que siguen desaparecidas y atendiendo a quienes lo perdieron todo, las autoridades ya tratan de vislumbrar cómo será el proceso de reconstrucción con las lecciones aprendidas de este desastre.

A contrarreloj, las autoridades buscan más sobrevivientes del deslave en Colombia y caminan hacia la reconstrucción de Mocoa

La cifra de víctimas de la tragedia en Mocoa continúa aumentando. Las calles de Mocoa han desaparecido y son ahora un montón de escombros, lodo y piedras arrastradas por las riadas.16