Nacieron en 1967. Y casi todo si éxito está debido a la magia de la flauta de Anderson, un auténtico genio capaz de integrar en su repertorio el rock, la escuela bluesera británica, el folk inglés, la música medieval, y hasta la clásica, que no en vano uno de sus primeros éxitos, “Bourée” era una versión, nada más y nada menos, que de la Suite en mi menor para laúd BWV 996 de Johann Sebastian Bach.

Además, el flautista tenía un aspecto notablemente inconfundible y en directo se movía y contorsionaba como una mezcla de bufón de Enrique VIII, saltimbanqui, y estrella del rock and roll. Otra curiosidad, el nombre procede del de un agrónomo inglés del XVIII, inventor de la llamada sembradera. Paradójicamente, en las primeras reuniones del grupo a Anderson se le quería prohibir lo de la flauta que sin embargo a la postre será lo más característico de la banda.

El 29 de junio de 1968 actuaban de teloneros de Pink Floyd en Hyde Park y a finales de ese verano ya tenían su primer contrato discográfico con Island Records y llegaba su primer álbum, “This was”. En mayo de 1969, parían uno de sus clásicos, “Living in the past”. Y dos años después nacía la que es considerada la mejor obra de los Jethro, “Aqualung”, una obra que planteaba una conversación entre el hombre y Dios, poblado de críticas a la religión establecida, de seres marginales, prostitutas, o vagabundos depravados, el propio Aqualung. Todo ello hizo que el disco tuviera bastantes problemas en España, por ejemplo, y no se autorizase su publicación hasta 1976.

La canción que da título al álbum y “Locomotive breath”, son sencillamente extraordinarias. Otros, sin embargo, creen que su gran trabajo, su disco más memorable, fue “Thick as a Brick”, publicado en abril de 1972.

Disco tan hermoso como raro y arriesgado, realmente se trataba de una sola canción, en la que se mezclaba el surrealismo tan propio de Anderson como la crítica social. Sin duda, uno de los discos más impactantes de la historia del rock.

A partir de “A passion play” (julio de 1973), la crítica empezó a ver indicios de que la inspiración del grupo había caído en picado, aunque el álbum llegó al número 1 en los Estados Unidos. “War child”, el siguiente, también fue un exitazo. En 1975, se produjo otra vuelta de tuerca en la carrera de la banda con la edición de “Minstrel in the Gallery”, que recreaba paisajes y personajes de la Inglaterra isabelina, muy especialmente sus juglares.

Siguieron más discos, recopilaciones, actuaciones, acústicos, algún trabajo en solitario del genial flautista, y hasta la Sinfónica de Londres llegó a interpretar su música. Y aunque el tiempo pasa, la originalidad y la inspiración de sus primeros álbumes quedó en la mejor historia del Rock And Roll, sobre todo si pensamos que todo ha sido cuestión de una flauta casi mágica.