Por: KARINA THOVE

La presentación de “22 mujeres. 21 cuentistas y una prologuista” estuvo a cargo de esta última, la docente, magister y crítica literaria Alicia Torres, quien recordó las respuestas que le proporcionaron algunas escritoras hace un par de años cuando armó su ponencia para el debate que organizó el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) sobre “La igualdad de género en la cultura, una agenda en controversia”. En su amplia mayoría, las escritoras y editoras que le contestaron no hacían hincapié en las discriminaciones de género, y hasta les molestaba asumir esa perspectiva y reflexión como una “etiqueta pegada” a la hora de ser evaluadas en sus producciones artístico-literarias o en las dificultades de acceso al mercado para ser publicadas. Sin embargo, para Torres es ineludible reflexionar desde el lugar del género porque, junto a otros condicionantes, ejerce algún tipo de influencia a la hora de escribir y pocos pueden dudar de la hegemonía masculina del mercado editorial.

La prologuista se preguntó hasta qué punto hacer este tipo de recopilaciones en tiempos de posfeminismo –“esto de publicar una antología de cuentos de mujeres ya no se hace en el primer mundo” , le comentó una escritora uruguaya radicada en Suecia- contribuye (o no) a encasillar la escritura femenina que, por otra parte, tiene tantos problemas para encontrar canales de difusión y reconocimiento.

Recordó, asimismo, que se han hecho muy pocas antologías de este tipo como la que publicó Arca en 1965 con prólogo de Ángel Rama (“La mitad del amor contada por seis mujeres”) o la recopilación de Trilce con prólogo de Sylvia Lago en 1990 (“Cuentos de ajustar cuentas”), sin dejar de mencionar las iniciativas que en la década del 90 llevó adelante La República de las Mujeres, que se transformaron en “La mujer en palabras de mujer”, un volumen de cuentos y otro de poesía y “Eróticamente”, un volumen de cuentos eróticos aunque abierto a la participación de ambos géneros. Ya en este siglo se han publicado un par de antologías más, a las que ahora hay que sumar esta iniciativa.

Las escritoras que desfilan por el libro atraviesan todas las generaciones etarias -las hay en sus veintena o treintena hasta la octogenaria Suleika Ibáñez- y una gran diversidad de propuestas y estilos literarios. Muchas son blogueras y en sus blog pueden leerse más cosas de cada una de ellas, algunas están relacionadas con el periodismo, la música, la danza, proceden del interior del país o actualmente viven en el exterior (España, Argentina). Algunos de los textos son muy breves, otros juegan con un lenguaje más poético y se refieren a una multiplicidad de temas que van desde evocaciones de la infancia, la soledad, la vida doméstica hasta el tránsito lento en clave de humor, o el ídolo de fútbol recordado a través de los ojos paternos.

 

“CLUBDETOBISMO” LITERARIO

Si bien el editor, Gabriel Sosa, dijo muy poco en la presentación, hay que destacar algunas de las “explicaciones” que se encuentran en las primeras páginas del libro respecto al por qué hacer este tipo de compilaciones. Tanto en su rol de editor como de lector observa que la literatura escrita por mujeres “se exhibe menos, se publica menos, se reedita menos, se comenta menos” y no tiene empacho en calificar al universo literario uruguayo como un Club de Tobi, tanto en sus versiones más antiguas como modernas.

Declara estar convencido “de que a nadie le va a gustar la totalidad del material recopilado”, por su diversidad y heterogeneidad literaria. Según Sosa, nada justifica el “clubdetobismo” mediante el cual “la mitad de la producción escrita local es víctima de un ninguneo absurdo (…) el reduccionista culto al patriarca literario, presente o pasado, debería analizarse, denunciarse y extirparse por el bien de la literatura en general”.

En ese sentido, la cita de Onetti con la que Torres comienza su prólogo -elegida por ella para cerrar la presentación- condensa muy bien el espíritu de esta edición: “Puesto a reflexionar, Eladio Linacero se queja de que en este país no se puede hacer nada. Justo en ese momento nace la frase que con el paso del tiempo devendría fetiche: ‘Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos´. Es hora de preguntarnos: ¿y las chinas?”.