Por: Por Ec. Gabriela Cultelli y Ec. Héctor Tajam

Si el PBI en el último trimestre del año se comportara como lo ha hecho promedialmente en los últimos años, 2016 podría cerrar con un crecimiento aproximado al 1,4%, integrando con Bolivia, las únicas proyecciones positivas del Mercosur.

Estamos atravesando una meseta en el crecimiento de la economía, pero ahora con signos de recuperación, aunque sería muy apresurado afirmar que hemos dejado atrás el período de estancamiento que comenzó a principios de 2015. El crecimiento de la economía uruguaya para el año móvil que va desde el tercer trimestre 2015 al mismo 2016, fue de un 0,9%. La meseta señalada, aún no cede. Se mantiene la fase de estancamiento, o reproducción simple, si tenemos presente que el aumento aún no alcanza el 1%. Refuerza la afirmación el hecho que al primer trimestre, el crecimiento anualizado fue nulo, y de 1,5% en el segundo trimestre.

Desde el año pasado, estaríamos incursionando en la fase crítica del ciclo uruguayo. Pero ahora dicha fase, ya no es una barranca abajo destructora, sino una fase de muy bajo crecimiento, en definitiva, consecuencia de los cambios estructurales acaecidos en la última década y, sin duda, de la influencia del cambio en la política económica.

La producción, el gasto y la inversión

Finalizado el tercer trimestre 2016, los principales rubros que incidieron en las variaciones positivas del PBI fueron nuevamente los sectores en los que la importancia de las empresas públicas es más relevante: Transporte y Comunicaciones que creció un 5,4%, el suministro de Electricidad, Gas y Agua que aportó un crecimiento del 24,3%, y Otras Actividades (0,6%) entre las que se destacan los servicios públicos y la intermediación financiera. Sin duda están presentes en el sostén del crecimiento Antel, UTE, BROU y los servicios educativos, sanitarios y de seguridad.

El resto de los sectores decrecieron, la actividad Agropecuaria (-1,3%), la Industria manufacturera (-0,8%), la Construcción (-5,1%) y el Comercio, Restaurant y Hoteles (-1,1%).

¿Es esto suficiente para una proyección del desarrollo económico? Lo cierto es que la mayor generación de valor agregado se encuentra en el sector privado, y es este el que no responde para elevar el nivel de actividad de la economía capitalista uruguaya. Si bien algunas actividades como las telecomunicaciones generan un alto valor agregado y tienen potencialidad de proyección fuera de fronteras, no puede sustentarse permanentemente el crecimiento en las actividades que hoy el sector público desarrolla; a no ser que este sector, que hoy ha demostrado su potencialidad, se amplíe mucho más, dejándolo de ver como instrumento fiscal (aunque a la larga también aportará a ello). Puede afirmarse a la vez, que si en el quinquenio pasado no se hubiera apostado a las empresas públicas como se hizo, hoy difícilmente serían ese sostén de la economía.

De todas maneras, el informe del Banco Central del Uruguay da cuenta para el último trimestre (respecto al trimestre anterior) de una recuperación, excepto en la construcción, en todos los restantes sectores económicos. Crecimiento en la ganadería y en la silvicultura, que tuvieron consecuencias similares en la industria frigorífica y en la producción de pulpa de celulosa. La actividad de la refinería complementó la variación positiva de la Industria Manufacturera. La actividad de la industria de la Construcción se vio alterada fundamentalmente por una detención de la inversión pública en fibra óptica y en la generación y transmisión de energía eléctrica, elemento peligroso, más en la situación actual, en virtud, como decíamos, que son las empresas públicas las que detuvieron la caída en esta fase crítica del ciclo.

El PBI puede analizarse también desde el lado del gasto para el consumo o para la inversión, público o privado, nacional o importado.

El 0,9% de crecimiento antes mencionado, se expresa en el aumento del consumo (público y privado). Si bien el gasto público tuvo una tasa de crecimiento superior (1,5%), el consumo de las familias (0,5%) incide mucho más, pues expresa toda la demanda de la masa salarial y de la plusvalía consumida.

El otro componente del crecimiento desde esta óptica, fue la inversión pública. Pese a que la inversión privada cayó en el acumulado anual, en el último trimestre del período, registró un aumento basado en la adquisición de equipos para la instalación de parques eólicos, y en la inversión para prospección y exploración de hidrocarburos (nuevamente basado en externalidades de empresas públicas).

Las exportaciones cayeron en el acumulado anual, pero en el último trimestre muestran una recuperación en las ventas al exterior de la industria frigorífica, de los molinos arroceros, la industria láctea y la fabricación de pulpa de celulosa.

Derivado de lo anterior, y ahora con fuente de datos del Instituto Nacional de Estadística, el desempleo descendió entre octubre 2015 y 2016 en un 15%, pasando de 8,5% a 7,1% respectivamente (3% para los hombres y 4% para las mujeres).

Si observamos el Índice de Salario Real (ISR) anualizado, o sea el poder de compra de nuestros salarios, vemos que continuó creciendo, conclusión que se mantiene cuando el ISR es a octubre de cada año. A causa de la inflación (6%), el salario real cayó entre enero y octubre 2016 (-2%), pero menor a la ocurrida en 2015 en iguales meses (-2,3%), aunque para ese período del 2014 fue levemente positivo del 0,6%. La demanda interna, es también sostén de la economía, parecería oportuno esperar comportamientos diferentes en torno a esta política para el año entrante.

La meseta

La situación crítica no es aguda, y aún es demasiado pronto para afirmar que estamos superando esta fase de estancamiento económico. Pero preocupa cuando observamos que desde el ángulo fiscal se ajusta por el lado de la inversión pública en las empresas que sostienen el crecimiento.

Dicho de otra manera: si no hemos caído hoy como otras economías de la región, situándonos en la meseta de crecimiento descripta, es por el impulso que en el quinquenio pasado se le dio a las empresas públicas. La política vinculada a licuar el déficit con los aportes de estas empresas no es conveniente. Al mismo tiempo, el costo de este desequilibrio económico no puede ser mal distribuido, pues impactaría directamente sobre la disminución del consumo y la demanda, retroalimentando el proceso cíclico.

Esperamos entonces para el 2017, políticas menos restrictivas en torno a esos dos aspectos, recordando además, que este gobierno frenteamplista cuando comenzara en el 2005, supo salir de una de las peores crisis de la historia del país, con medidas mucho más flexibles y redistributivas.