Por: #Editorial

Se conocieron, así, los extremos de sevicia a que fueron capaces de llegar los secuaces de Heinrich Himmler, responsable de la organización, administración y supervisión de esos campos de la muerte.

Por cierto, Auschwitz Birkenau no fue el único; otros nombres evocan de manera aterradora lo que fueron los campos de exterminio de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados, prisioneros de guerra, militantes de izquierda: Buchenwald, Belzec, Dachau, Ravensbrück, Treblinka… Pero por ser aquel que ostenta el triste primer lugar en lo que a muertos se refiere, el campo de Auschwitz adquirió un carácter emblemático y se convirtió en el campo de exterminio por antonomasia.

Coincidiendo con la fecha de su liberación (27 de enero de 1945) la ONU fijó ese día como Día Internacional de la Memoria de las Víctimas del Holocausto.

A pesar de la recomendación de “no tener ojos en la nuca”, repetida hasta el cansancio por Julio María Sanguinetti (y aplaudida por la derecha), este nuevo aniversario resulta propicio para que todo el mundo civilizado recuerde aquel horror y reafirme su voluntad de nunca más. Varios millones de seres humanos sucumbieron a las condiciones inhumanas de reclusión, al hambre, a las enfermedades, a la tortura, a las cámaras de gas y a todo tipo de padecimiento ideado por los oficiales de las SS.

La inmensa mayoría de las víctimas del horror nazi fueron judíos (los campos fueron creados para llevar a cabo la “solución final” de la “cuestión judía”, según la consigna de Adolf Hitler), y de ahí que se asocie Auschwitz con el Holocausto o Shoá, como se conoce el exterminio de seis millones de judíos durante la última guerra mundial.

En definitiva, la fecha se presta para recordar otros genocidios —como el millón de armenios masacrados por los turcos a comienzos del siglo pasado— así como los torturados, asesinados y desaparecidos al amparo del terrorismo de Estado en todas las latitudes y en todas las épocas, desgraciadamente.

Al mismo tiempo, hemos de denunciar y rechazar con toda firmeza cualquier expresión de antisemitismo, de judeofobia, de racismo y de xenofobia como las que, lamentablemente, siguen ocurriendo a diario en el mundo entero.