Por: Marcos MS

El 2018 comenzó con tres acontecimientos clave de la política internacional: 1) el anuncio de la participación de los deportistas de Corea del Norte en los Juegos Olímpicos de Invierno que tienen lugar en Corea del Sur este mes de febrero; 2) los acuerdos logrados en el Congreso del Diálogo Nacional Sirio en la ciudad rusa de Sochi; 3) la ofensiva del ejército de Turquía contra los kurdos en la ciudad siria de Afrin.

Con bastante certeza podría decirse que los tres tienen algo en común: Estados Unidos quedó por fuera de los ámbitos de decisión y en una posición ciertamente incómoda. Veamos punto por punto, para poner esto en cuestión.

Tras la extrema tensión que se vivió especialmente durante el mes de agosto del año pasado entre los gobiernos de Corea del Norte y Estados Unidos, con recíprocas amenazas sobre el uso de armas nucleares en una reedición algo forzada de la “crisis de los misiles”, la administración norteamericana respondió con un agresivo paquete de sanciones económicas y comerciales contra Pyongyang en busca de su completo aislamiento internacional.

Por su parte, China y Rusia promovieron la llamada “iniciativa de la doble congelación”, llamando a la suspensión simultánea tanto de los ensayos nucleares y de misiles balísticos norcoreanos como de los ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y EEUU; una alternativa, por ahora, descartada. Estos han sido a grandes rasgos los parámetros en que se ha movido el conflicto en este último semestre, en el que finalmente EEUU y sus aliados lograron imponer su estrategia, incluso votada –aunque con varias objeciones- por China y Rusia.

Sin embargo, sorpresivamente, el pasado 9 de enero, delegaciones de ambas Coreas sostuvieron las primeras conversaciones directas en dos años para acordar la participación de deportistas norcoreanos en las olimpiadas invernales que se celebran en Pyeonchang (Corea del Sur) e incluso se estipuló que los atletas de ambos equipos desfilen bajo la misma bandera. Un gesto que habilita a pensar en la posibilidad concreta de un acercamiento más profundo, que se oriente a la “doble congelación”, aunque todavía parezca lejano.

Si bien la política de reunificación de la península es una política de estado compartida (en Corea del Sur hay un “Ministerio de Unificación”), lo cierto es que la reconocida postura de diálogo del presidente surcoreano Moon Jae-in y en especial el discurso conciliador de año nuevo del norcoreano Kim Jong-un, ayudaron a distender la situación de conflicto. Un camino que al parecer, en este momento, no está dispuesto a recorrer la diplomacia de EEUU que simultáneamente organizaba junto a Canadá un encuentro en la ciudad de Vancouver enfocada en reforzar las sanciones contra Corea del Norte.

De todos modos vale tomar en cuenta las declaraciones del director de la consultora Korea Risk Group, Andréi Lankov, que en entrevista con Sputnik subrayó que “en las relaciones entre las dos Coreas, el jugador principal es Washington” y “Corea de Sur tiene mayormente las manos atadas” pues, entre otras cosas, “teme que el gobierno de Trump reconsidere su Tratado Bilateral de Libre Comercio (TLC KORUS)”.

Curiosamente, pareciera que los Juegos Olímpicos de Invierno están destinados en los últimos tiempos a ser escenario central de la política mundial. Recordemos lo que pasaba en el 2014, cuando la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno fue la ciudad rusa de Sochi, en el Cáucaso euroasiático, en medio de la tensión por la situación de Crimea, que marcó indudablemente el clima político internacional en estos cuatro años.

Precisamente en Sochi se realizó este enero un nuevo encuentro del Congreso del Diálogo Nacional Sirio, una iniciativa apoyada por la plataforma de Astaná, que integran Rusia, Irán y Turquía, que ha contribuido enormemente desde su conformación al restablecimiento paulatino del orden en varias ciudades sirias, garantizando el armisticio entre el gobierno y algunos grupos de oposición y la creación de zonas de distensión que facilitan la ayuda humanitaria. En esta oportunidad las partes llegaron a una serie de acuerdos que permitirán ir hacia un proceso constituyente, algo que fue destacado especialmente por el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura.

Los ejércitos de Siria e Irak ya han anunciado su victoria sobre el Daesh, el autoproclamado Estado Islámico, y lograron así mantener su integridad territorial, pese a que todavía hay zonas controladas por distintos grupos terroristas o disidentes. Se podrían hacer muchos análisis de distinto tipo sobre las causas, el desarrollo y el desenlace de la guerra. Pero es crucial detenerse en un elemento: la cobertura informativa de los acontecimientos contó con una serie de medios alternativos que aportaron distintas visiones de lo que estaba sucediendo. Las noticias de la guerra ya no solo provenían de agencias francesas, inglesas o norteamericanas, sino también de medios rusos, iraníes, turcos y chinos.

Cabe preguntarse hasta qué punto la decisión del presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel (que fue inicialmente aprobada por el Congreso norteamericano ya en 1995 aunque aplazada sucesivamente cada seis meses por todos los presidentes desde entonces) responde a exigencias de la política interna, reforzando alianzas y dando un mensaje a parte de su electorado, o está en consonancia con su política para Medio Oriente. No hay que olvidar que Trump desde su campaña presidencial y ya en la Casa Blanca está enfrentando directamente a los servicios de inteligencia de su país, lo cual no es un tema menor.

En cualquier caso lo que es evidente es el deterioro cada vez mayor de las relaciones entre EEUU y Turquía. Desde que Trump anunció su decisión sobre Jerusalén, el presidente turco Erdogan ha sido uno de sus más férreos críticos y opositores. Del 2016 a esta parte, puede hacerse un rápido racconto de episodios que han distanciado al país otomano no solo de EEUU sino de sus socios de la OTAN.

Tras el golpe fallido que denunció Erdogan ese año, del que acusó al clérigo Fetullah Gulen exiliado en EEUU, se proyectó el desplazamiento de la base noratlántica de Incirlik en Turquía, el gobierno turco pasó a integrar los diálogos de Astaná sobre Siria y una delegación turca fue retirada de los últimos ejercicios militares Trident Javelin de la OTAN en el Báltico.

Como corolario de lo anterior, el 20 de enero el ejército turco y sus aliados del opositor Ejército Libre Sirio lanzaron la Operación Rama de Olivo contra los grupos armados kurdos en la ciudad siria de Afrin. Pocos días antes había trascendido que la coalición liderada por EEUU en Siria pretendía crear una fuerza de 30.000 combatientes kurdo-árabes para proteger la frontera turco-siria. Si en las próximas semanas la operación avanza sobre las ciudades de Idlib y Manbij, tal como lo anunció el propio Erdogan, no es descabellado aventurar un futuro no muy lejano con Turquía, país pivote, fuera de la OTAN.

América Latina no es ajena a las geoestrategias de China, EEUU y Rusia. Recientemente hemos sido testigos de una nueva cumbre de la CELAC-China que promete reforzar la presencia comercial china en la región. Inmediatamente después el secretario de estado de EEUU, Rex Tillerson, visitó varios países latinoamericanos y criticó la incidencia económica de China y militar de Rusia en el que, aparentemente, siguen considerando, su patio trasero.