Raúl Sendic sabe que va a la guerra. Si hasta aquí la situación fue difícil, ahora será peor. Porque es la batalla final, de esta sale de pie o renuncia. Por eso no fue fácil decidirlo y pasó por todas las emociones antes de hacerlo.

Fue fundamental el encuentro del miércoles a la noche en la casa de Enrique Pintado. Fueron siete senadores en total, de diferentes sectores del Frente Amplio, aunque ninguno lo hizo en representación de su grupo. Llegaron espontaneamente, por su propia cuenta, convencidos de que era el momento de estar al lado.

Sendic había tomado la decisión de viajar con sus hijos, tomar distancia y recluirse en la familia. Lo resolvió días antes del miércoles nefasto, y no cambió de opinión hasta esa noche.

Hablaron largo y tendido, analizaron cada palabra de las que se escucharon por los medios y de las que se pronunciaron por lo bajo. Sobre todo las declaraciones públicas de Tabaré y el contexto.

Sendic salió convencido de que no podía aislarse. No ahora. Está frente a la batalla para la que se preparó toda la vida y necesita lucidez y voces amigas. Por eso terminó la noche fortalecido.

Frente dividido

Sabe que esa decisión divide al Frente Amplio. Que están los que prefieren dar la vuelta la página rápidamente. Los que ven esto como un tablero de ajedrez y están convenidos de que aveces hay que sacrificar una pieza para poder ganar el partido.  Y están los otros, los que están seguros de que esto no garantiza nada y que mañana vendrán por el que sigue.

En el encuentro también se habló de temas de coyuntura, de proyectos a futuro, se hizo un análisis de la rendición de cuentas, se tiraron ideas para buscar pasar a la ofensiva política ante los ataques permanentes. Y se oficializó la iniciativa de llevar reuniones de la bancada del Frente al interior del país.

Al finalizar, Sendic salió mucho mejor de lo que había a llegado. Iría a la guerra, estaba convencido.

Al día siguiente encaró a los periodistas y dijo: “Tengo una muy importante responsabilidad en el gobierno, al frente del Poder Legislativo, no voy a tomar ninguna decisión sobre la base de versiones de prensa, sobre la base de supuestas filtraciones que puedan existir a la prensa, o sobre el análisis de determinados periodistas”.

“Después que se pronuncie la Justicia y el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio, tomaremos con serenidad, si fuera necesario, las decisiones que haya que tomar”. La decisión estaba tomada y seguiría adelante, con el cuchillo entre los dientes.