Por: Gustavo Carabajal

El Banco Central del Uruguay viene trabajando intensamente para poner en práctica el billete digital en el país e ir avanzando progresivamente hasta lograr sustituir por completo “el costoso e ineficiente billete físico”.

Así lo anunció a LA REPÚBLICA su titular, Mario Bergara, quien adelantó que la fase de análisis y diseño está muy avanzada, gracias al trabajo que se viene realizando con una empresa internacional y con Antel.

El jerarca adelantó que próximamente se realizará una prueba piloto con un número limitado de billetes digitales que podrán ser transferidos a través de una aplicación en teléfonos celulares que operará como una billetera electrónica.

Bergara aseguró que la dinámica tecnológica avanza de manera exponencial en el mundo y está cambiando la vida de la gente, por lo que las plataformas tecnológicas van a jugar un rol cada vez más importante en las actividades financieras.

Explicó que el BCU tiene que estar muy por dentro de todos estos procesos, por lo que a la brevedad se estará convocando a todos los agentes involucrados, incluyendo tanto a los operadores tradicionales (bancos públicos y privados, bolsas de valores, empresas de seguros) como a las entidades que están comenzando a desarrollar estas plataformas tecnológicas.

¿Avanzan los desafíos tecnológicos para las funciones del Banco Central?

Así es. La dinámica tecnológica avanza de manera exponencial. Lo que ha cambiado el mundo y la vida de las personas en los últimos 25 años, ahora va a suceder en 5 o en 8 años. Han madurado todos los soportes de este nuevo escenario tecnológico: la digitalización, la automatización, la robótica, la Internet, la Inteligencia Artificial, el Big Data, etc. Y además cada vez se combinan de maneras más armoniosas y eficientes. Por eso, las plataformas electrónicas comienzan a verse como la forma en que se van organizando los mercados. Las actividades bancocentralistas no están ajenas a este proceso.

¿Qué ejemplos puede poner al respecto?

Permítame poner tres ejemplos. El primero es la aparición de las cripto-monedas, como los Bitcoins o los Ether. Son herramientas que no tienen un ente emisor, que tienen mecanismos de validación complejos, que permiten transacciones y que pueden operar como mecanismos para validar contratos inteligentes. Hay que entender más qué significan estos instrumentos en términos monetarios.

Hasta el momento no han jugado un rol importante como medios de pago, pero de a poco se perfilan como instrumentos de reserva de valor. A su vez, la tecnología que utilizan, el Blockchain, puede expandirse para dar soporte a múltiples procesos en el funcionamiento de los mercados y a procesos de funciones del Estado. Abre un mundo de posibilidades.

En segundo lugar, las plataformas tecnológicas van a jugar un rol cada vez más importante en las actividades financieras, las llamadas FinTech. Debemos entender muy bien qué funciones efectivamente cumplen, qué cosas son complementarias a las actividades tradicionales, cómo se relacionan con los bancos, los mercados de valores, el mercado de seguros y cómo los agentes tradicionales se adaptan a su uso y su competencia, etc.

Esto es imprescindible para delinear los marcos regulatorios, tarea impostergable del Banco Central, a efectos de seguir protegiendo lo que la regulación debe proteger: el ahorro de la gente y la estabilidad del sistema. Además generan desafíos en materia de control referidos a áreas cada vez más relevantes en el mundo, como es la prevención del lavado de activos y del financiamiento del terrorismo. Un tercer ejemplo es la posibilidad de que los Bancos Centrales comiencen a emitir monedas electrónicas en sustitución de monedas y billetes físicos. Esto puede contribuir a la estabilidad de precios, permitiendo más transparencia y sistematicidad a la política monetaria.

¿Cómo está siendo la reacción del Banco Central en nuestro país?

Evidentemente, tenemos que estar muy por dentro de todos estos procesos. Con respecto a las FinTech, el Banco Central va a estar convocando a la brevedad a todos los agentes involucrados, incluyendo tanto a los operadores tradicionales (bancos públicos y privados, bolsas de valores, empresas de seguros) como a las entidades que están comenzando a desarrollar estas plataformas tecnológicas, a conformar un grupo de trabajo a efectos de avanzar en la comprensión de esta problemática y tener más claridad a la hora de definir los marcos regulatorios y de control.

Con relación a la posibilidad de emitir moneda digital, hace ya un buen tiempo que estamos trabajando para elaborar las condiciones técnicas y logísticas, a efectos de que los billetes digitales repliquen las funciones del papel moneda con las seguridades imprescindibles.

¿Cómo se instrumentará la aplicación del billete digital en Uruguay?

La fase de análisis y diseño ya está muy avanzada. Hemos trabajado muy conscientemente con una empresa internacional y con Antel para superar los escollos técnicos y estamos muy cerca de lanzar una prueba piloto para un número limitado de usuarios y un monto limitado de billetes digitales emitidos por el Banco Central.

La billetera electrónica estará en una aplicación en los teléfonos celulares y se transferirán billetes con un código individual. En lugar de sacar un billete físico de una billetera de cuero y dárselo a otra persona o empresa, se transfiere electrónicamente desde el celular. Los detalles se darán a conocer en su oportunidad, pero va a ocurrir en los próximos meses. Si esta fase exploratoria resultara exitosa, se abre la posibilidad cierta de avanzar hacia la moneda electrónica que va a ir sustituyendo el costoso e ineficiente mundo del billete físico.

Usted ha puesto énfasis en que las tendencias tecnológicas van a tener fuertes impactos en pocos años.

Indudablemente. Los mercados se organizan en base a plataformas electrónicas, algunas de ellas de negocios sin propiedad ni activos, como los casos de Uber, AirBNB, Alibaba, etc. La dinámica tecnológica genera productividad pero también desafíos referidos a las transformaciones estructurales de la producción, generando obsolescencia de muchos empleos y aparición de nuevos. Las ofertas y demandas se descentralizan y se personalizan. También preocupa que en la transición de estos procesos, que van a ser muy rápidos, haya presiones a una mayor inequidad social.

Todo este escenario desafía las políticas públicas. Ya hablamos de las dificultades para las políticas que requieren fiscalización, como la tributaria, la de seguridad social y la regulatoria, con los consiguientes riesgos en las cuentas públicas. Los cambios en las relaciones de empleo van a ser drásticos, afectando incluso la capacidad de sindicalización y las políticas de relaciones laborales.

Las lógicas de inserción externa y de flujos migratorios van a tener que evaluarse de manera muy diferente. Las políticas sociales van a tener una perspectiva distinta a las tradicionales, sobre todo en las etapas de transición. Incluso las políticas productivas deben modificarse, promoviendo la creación de empleos de la nueva economía.

En ese marco, parecen claves las políticas de capital humano.

Sin ningún tipo de dudas, es la clave que define el papel que va a tener el Uruguay en el futuro cercano. Hay que entender que la dinámica de estos cambios es tal, que el largo plazo ya no son 30 años, sino 5 u 8. La educación tiene que poner el foco en la generación de capacidades básicas, capacidades técnicas y de gestión, con un desarrollo de talentos personalizados y pensamiento crítico, enfocados a la resolución de problemas en base a proyectos y al pensamiento computacional.

La capacidad de adaptación es fundamental. En los 40 años de vida laboral de un joven, el mundo la va a cambiar varias veces. Debe predominar la mentalidad emprendedora, colaborativa y creativa, con foco en la innovación asociada a la nueva economía. Los procesos de recalificación deben ser permanentes, tal como se plantea ahora lo de “aprender a aprender”.

Navegar en este mundo exige renovar la visión del mundo, conformar una plataforma de estabilidad adecuada, consolidar capacidades y delinear estrategias sin rigideces y con capacidad de adaptación. Uruguay tiene ventajas y capacidades para afrontar este nuevo mundo con optimismo.

Inclusión Financiera viene a cambiar un sistema arcaico, opaca e ineficiente

Pese a la polémica desatada en torno a la próxima implementación de la inclusión financiera en el país, el presidente del BCU, Mario Bergara, aseguró que sin ninguna duda se trata de una estrategia muy beneficiosa para el país.

“Mientras el sistema previo miraba hacia el pasado, es arcaico, opaco, inseguro, costoso e ineficiente, el sistema que se impulsa mira hacia el futuro, es moderno, más transparente, informativo, brinda más seguridades y es más eficiente y económico”, indicó a LA REPÚBLICA.

¿Es la Inclusión Financiera realmente beneficiosa para el país?

No tenemos dudas de que la estrategia de inclusión financiera es beneficiosa para los uruguayos. Permite un mayor acceso a todos, particularmente a micro y pequeñas empresas y a las familias de menores recursos, a los servicios financieros que, usados responsablemente, redundan en mayor bienestar de la gente. Se generan nuevas reglas de juego en los mercados, imprimiendo más competencia en beneficio de los usuarios y haciendo gratuitas un conjunto de transacciones que los bancos cobraban previamente.

A su vez, estimula un cambio sustancial en la forma en la que los uruguayos hacemos los pagos, pasando de un sistema basado en el efectivo y los cheques a uno basado en los medios electrónicos (tarjetas de crédito y débito, transferencias, instrumentos de dinero electrónico, etc.). Mientras el sistema previo mira hacia el pasado, es arcaico, opaco, inseguro, costoso e ineficiente, el sistema que se impulsa mira hacia el futuro, es moderno, más transparente, informativo, brinda más seguridades y es más eficiente y económico.

¿Y entonces por qué genera resistencia en algunos sectores políticos y empresariales?

Acerca de las resistencias y motivaciones de la oposición o de algunos centros comerciales en contra de la inclusión financiera, no nos corresponde especular. Cada uno tendrá sus explicaciones. En nuestra perspectiva, los uruguayos han tomado esta estrategia de muy buena manera y eso explica los cambios que se están dando en el sistema de pagos.

Las transacciones con tarjetas de débito se han multiplicado por más de 10 veces, se está reduciendo el uso del efectivo y de los cheques y los pagos electrónicos que eran el 8% del total pasaron a casi el 30% en sólo tres años. Por lo tanto, en favor de los uruguayos, no tenemos dudas de que esto debe impulsarse, más allá de las fricciones de implementación que puedan aparecer.

¿A qué fricciones de implementación se está refiriendo?

Por ejemplo a dificultades en los poblados más pequeños que no tienen mecanismos sencillos de hacerse del efectivo o de los adultos mayores que pueden verse restringidos por el uso de la tecnología. Pero para estos casos, el gobierno ha sido sensible a las problemáticas y ha definido prórrogas para el proceso de implementación. Es un tiempo de aprendizajes y de cambio cultural.

Es necesario seguir informando a la población de sus derechos y de sus posibilidades. Por ejemplo, la obligatoriedad en los poblados pequeños está en suspenso hasta que se resuelva el acceso cercano al efectivo. Se habla de que hay gente que tiene que hacer obligatoriamente 50 km. para llegar a una ventanilla o a un cajero y eso es falso.

Con respecto a los pasivos, la obligatoriedad no rige para aquellos que se jubilaron antes de noviembre de 2015. Usar como excusa estas fricciones para derogar la ley es, como dice el dicho popular, “tirar a la niña con el agua de la tina”.

Sin embargo, la oposición la considera una limitante a la libertad personal.

Previo a la ley de inclusión financiera, los trabajadores no tenían la libertad de elegir cómo cobrar su salario ni en qué banco recibirlo, si el empleador optaba por hacerlo por cuentas bancarias. Ahora eligen la institución bancaria o el instrumento de dinero electrónico que prefieran.

Es cierto que se limita la posibilidad por parte del empleador de pagar salarios en efectivo y eso tiene razones bastante claras, referidas a la formalización y el control del cumplimiento de las obligaciones tributarias, de seguridad social, de seguridad en las condiciones de trabajo, etc.

La informalidad debe combatirse en todas sus formas. No le hace bien a los trabajadores, no le hace bien al país y ni siquiera le hace bien a las empresas, sobre todo a aquellas que cumplen efectivamente con sus obligaciones. Sólo veo beneficios en combatir con firmeza la evasión y la informalidad.

Los pequeños comercios reclaman reducir los aranceles.

Esa es una preocupación compartida por todos y ha estado presente desde el inicio de la implementación de la ley. De hecho el gobierno ha negociado diversas rebajas de los aranceles. Antes podían llegar a niveles del 7 y el 8% y tenían una dispersión que perjudicaba a los pequeños negocios.

Actualmente hay un cronograma con aranceles mucho más bajos (por ejemplo el máximo para el uso de tarjetas de débito está en el 2% y ese tope bajará al 1,5% hacia fin de año), lo cual nos ubica en niveles internacionales. Los aranceles seguirán bajando en la medida en que siga creciendo el número de transacciones con estos medios electrónicos.

Algunos sectores manifestaron su preocupación por el atraso cambiario y la caída de la competitividad.

Esa preocupación también es compartida. La competitividad está condicionada por cientos de factores y a la larga depende de la productividad de nuestras empresas. El tipo de cambio es uno de ellos que, si bien, reitero, no es el único, no deja de ser muy importante.

Estamos asistiendo a un período en el que las expectativas de un fortalecimiento del dólar se han enfriado (a pesar de los ruidos de estos días a partir del cruce de amenazas entre Estados Unidos y Corea del Norte).

La incertidumbre en el terreno político y financiero es una característica saliente del marco global actual. Eso le imprime volatilidades a los tipos de cambio. Sin embargo, dejando pasar estos ruidos, el escenario parece ser el de un dólar estabilizado a nivel global. Cuando esto sucede, los capitales vuelven a moverse hacia nuestros países, generando presión a la baja de la cotización del dólar y, por lo tanto, riesgos de atraso cambiario.

Ese movimiento contra el dólar también lo realizan los agentes institucionales (AFAP, bancos, empresas de seguros) que antes habían dolarizado sus activos y ahora van en sentido contrario, reforzando la presión a la baja. La preocupación que hemos tenido en esta materia es la que explica que el Banco Central haya adquirido 2.300 millones de dólares en lo que va del año, a efectos de mitigar ese impulso a una apreciación excesiva de nuestra moneda.

Si bien esto fortalece la posición financiera de la institución al incrementar sus reservas internacionales, esto no quiere decir que no sea un proceso costoso en materia fiscal.

Mantener la inflación y ganar “la batalla de expectativas”

El presidente del Banco Central destacó a LA REPÚBLICA la importancia de que la inflación se encuentre, desde hace varios meses, en el centro del rango objetivo previsto y aseguró que con los guarismos actuales, la inmensa mayoría de los correctivos salariales negociados en los Consejos de Salarios no van a operar.

¿La buena noticia es que los objetivos de inflación se están cumpliendo?

Efectivamente, ya hace varios meses que la inflación está dentro del rango objetivo, prácticamente en el centro del mismo, el 5%. Sin dudas son buenas noticias, en particular para aquellos que viven de un ingreso fijo porque mantienen su poder de compra. El desafío ahora es continuar en estos niveles y para eso es muy importante generar el convencimiento de que esto va a ser así.

La inflación es el resultado de miles y miles de decisiones descentralizadas en el proceso de fijación de precios de la economía. Si los formadores de precios esperan que los demás suban sus precios en un entorno del 9%, difícilmente no hagan lo mismo y entonces la inflación va a estar a ese nivel. En cambio, si las expectativas de inflación se ubican en los niveles actuales, alrededor del 5%, va a ser más factible que la propia inflación continúe en ese orden.

Por lo tanto, es importante dar esta “batalla de las expectativas”, para que todos incorporen este escenario de menor inflación y que el mismo sea sostenible. Un factor que refuerza esta perspectiva es que con los guarismos actuales de inflación, la inmensa mayoría de los correctivos salariales negociados en los Consejos de Salarios no van a operar.

A propósito de eso, el año pasado se criticaban las pautas salariales del gobierno, argumentando que con las mismas no iba a ser factible el crecimiento del salario real.

El hecho de que la inflación haya bajado sensiblemente y que el salario real esté aumentando en el entorno del 3,5% anual es una clara muestra de que el proceso de negociación basado en los ajustes nominales, procurando mitigar la inercia de la indexación, fue fructífero. Estos resultados legitiman y reafirman la necesidad de continuar las negociaciones salariales de esta manera.