Por: Gustavo González

Con alegría uno puede ver en los últimos tiempos en Uruguay, que poco a poco y cada día más, se va instalando en la agenda pública el tema de la autogestión obrera.

Esto es un gran desafío para el conjunto de los y las trabajadoras del país, el cual merece ponerle toda la atención política al tema.

Digo desafío porque muchos están esperando su fracaso, sobre todo el gran capital, a no engañarse. El solo hecho de que los trabajadores como clase le digan con estos ejemplos al país, que no son necesarios los patrones para que la industria funcione; que el control político de la fábrica está en manos de los que efectivamente producen, coloca en el debate el tema de fondo acerca de la propiedad real.

Las fábricas recuperadas no dejan de estar en el marco del sistema, por ende las leyes las regula un “mercado” que representa los intereses del capital y no precisamente de los trabajadores. Esto es un primer obstáculo, que no dejará de ser sin dudas el gran tema de la supervivencia financiera de la empresa, que tendrá que estar en una “competencia” de arranque desleal. Por tanto, de la extensión de las empresas autogestionarias dependerá en gran medida la posibilidad de que efectivamente puedan competir. En esto tendrá fundamental importancia el involucramiento del movimiento sindical en su conjunto, apoyando decididamente este tipo de emprendimientos, precisamente para que no pierdan su condición de ser una herramienta más de los trabajadores en su lucha permanente contra el gran capital.

La formación, es decir la educación cooperativa, será un eje fundamental donde deberá basarse gran parte del éxito. Entender que la empresa es de todos, que necesitamos saberes múltiples, que el conocimiento directo en la producción que tengamos planteada nos involucra a todos. En definitiva comenzar a pensar en nosotros, resume hacia dónde debe de ir nuestro estado de conciencia.

Debemos tener claro que los trabajadores en su gran mayoría entramos en este proceso producto de la necesidad, es decir que la empresa autogestionaria se presenta como una salida frente al quiebre de la fábrica en manos del capitalista. Con la necesidad no alcanza; esta solo marca el inicio, y en el curso del desarrollo de la empresa se debe de ir generando la misma desde una perspectiva de trabajadores.

La tarea interna en la cooperativa debe buscar, por tanto, la superación progresiva de los valores que nos deja el sistema imperante, de la sumisión al consumismo, de la dictadura moral del dinero como valor supremo de la existencia. Por tanto, el cooperativismo tiene que ir prefigurando en su vida interna los valores cooperativos, y el primero será su lucha contra la propiedad concebida como privada. Entender y poner en la práctica que la propiedad colectiva es superior en todos los sentidos a la privada. Será esta una de las tareas decisivas que la empresa autogestionaria deberá librar tanto en sus relaciones laborales internas como también en la vida social externa de sus socios trabajadores. Se trata entonces de dar una lucha ideológica en forma permanente contra lo que se llama alienación burguesa, contra los valores y normas impuestas desde que somos pequeños por el capital, basado en el individualismo egoísta.

En definitiva “si no cambia la cabeza, no cambia nada”; de esto se trata.

Estoy convencido de que se puede, que es fundamental apoyar el desarrollo del movimiento autogestionario de los trabajadores en cualquiera de sus ramas, pero es importante ver también los peligros o las posibles desviaciones en que el mismo podría caer. Por tanto, me parece de suma importancia abrir el debate sobre estos términos. Insisto: se trata de generar empresas autogestionarias no solamente de trabajadores, sino que las mismas sirvan para generar en los trabajadores conciencia de tales.