Por: Luis Casal Beck

Vázquez, nació y se crió en un barrio popular (La Teja, Montevideo), Su padre, Héctor, fue un obrero que militó en su sindicato y en el primer tramo de los años 50 conoció la persecución y el despido por razones gremiales. En un escenario plagado de problemas materiales el hoy líder carismático de la izquierda estudió (la escuela, educación secundaria, el IAVA) y trabajó sucesivamente  como aprendiz en una carpintería, como vidriero, empleado de almacén, canillita, en las oficinas administrativas de una compañía (Carrau). Conoce muy bien lo que son las vivencias de los más humildes de los trabajadores.

Se casó a los 24 años (hoy tiene 4 hijos, tres de los cuales son biológicos, y 10 nietos); ingresó a la Universidad, y en diciembre de 1969, se recibió de doctor en medicina, cumpliendo uno de sus grandes sueños: el de servir a los demás. Esa actitud de vida, la del compromiso ético con los otros, la desarrolló desde muy joven en su propio barrio: en el colegio católico Divina Providencia, de la congregación salesiana, en el Club Arbolito, en  el Club Progreso, -que llegó a presidir-, “impulsando la instalación de un comedor para niños (carenciados) de la zona; y un jardín de infantes” (ver recuadro).

Vázquez estudió oncología y radioterapia. Helmut Kasdorf, que era el profesor de Oncología, lo llevó a trabajar a la Clínica Barcia, una de las más importantes del país. Su prestigio no cesó de crecer. Ganó concursos en una carrera ascendente (Instituto de Oncología, Facultad de Medicina), obtuvo becas de estudio en el exterior (vivió en Francia) y se transformó en un importante médico y dirigente deportivo (Club Progreso, Liga Universitaria de Deporte, Confederación Sudamericana Universitaria, etc).

Los años de cárcel de su hermano Jorge -hoy subsecretario del Interior- en tiempos de dictadura (1973-1985), gravitaron mucho en la familia Vázquez Rosas. En el año 1983 Tabaré Vázquez se acercó a un núcleo clandestino de médicos socialistas y pidió su integración. Era muy grande la admiración que despertaba en el hoy presidente electo por segunda vez, la personalidad de José Pedro Cardoso (médico psiquiatra, parlamentario clave del Partido Socialista, PS,  a lo largo de 24 años). En 1985, cuando Uruguay regresó a la democracia, Vázquez, por la vía del concurso, llegó a ser el profesor-director de la cátedra en radioterapia de la Facultad de Medicina. En 1987, Vázquez resultó electo miembro del Comité Central del PS.

En respuesta a la ley de caducidad de diciembre de 1986 surgió un amplio movimiento que procuraba derogar esa norma y se movilizó a lo largo de muchos meses. En su Comisión de Finanzas, actuaba como presidente Tabaré Vázquez. El “voto verde” perdió en el referéndum de abril de 1989 pero se impuso ampliamente en Montevideo. En noviembre de aquel año había elecciones nacionales. Varios de los posibles candidatos del FA al gobierno de la capital del país, (como Mariano Arana) no aceptaron su postulación. Hasta que surgió el nombre de un médico y dirigente deportivo de apellido Vázquez, que tanto había trabajado en la comisión del Voto Verde. El FA lo consultó. Vázquez dudó inicialmente. Creía complicado conciliar el ejercicio de la medicina  con una actividad política de estas dimensiones. El propio Cardoso lo convenció, apelando a su propia experiencia. Vázquez finalmente aceptó, y ganó; fue el primer intendente de Montevideo del FA (1990-1994). Lo respaldó aquella correntada del voto verde (la izquierda, muchos blancos, colorados).

Y a partir de ese momento Vázquez acaudilló a esta fuerza política que conquistó espacios de poder cada vez mayores. En las elecciones de 1994 (ya como candidato presidencial), la izquierda pasó del 21, 2% de los votos (como FA) al 30, 61% (en una alianza mayor, el Encuentro Progresista). Surgió de este modo, el llamado “país de los tercios” (similares respaldos electorales de colorados, blancos y el EP-FA). En 1996 fueron reformadas las reglas electorales a través de una enmienda constitucional y se introdujo el balotaje (en el bloque conservador, la victoria del FA, parecía una cuestión de tiempo; esta era para ellos una forma de evitarlo).

En 1999, Vázquez ganó en la primera vuelta (FA: 40, 11%, colorados: 32, 78%), pero perdió en un balotaje del que emergió triunfador Jorge Batlle (ver recuadro). En octubre de 2004, en su tercera comparecencia, Vázquez sí, alcanzó el gobierno (50,4% de la votación; 51, 68% de los votos válidos, que no tienen en cuenta ni los anulados ni los votos en blanco).

El 1º de marzo de 2005, inició la “era progresista”, afirmando ante la Asamblea General: “El nombre de José Artigas nos impulsa y nos convoca. Su ejemplo, nos inspira y compromete. Y en nombre de ese compromiso, al expresar ante ustedes mi fidelidad constitucional como presidente de la República, los invito desde mis sentimientos, mis convicciones y mi responsabilidad a trabajar juntos en la construcción de un Uruguay, donde nacer no sea un problema; donde ser joven, no sea sospechoso; donde envejecer no sea una condena. Un Uruguay donde la alimentación, la educación, la salud y el trabajo decente, sean derechos de todos y todos los días; un Uruguay confiado en sí mismo; un Uruguay que recupere su capacidad de soñar y de hacer sus sueños realidad”.

En 26 de octubre de este año, nuevamente Vázquez conquistó la mayoría (1.134.187 votos) frente al binomio blanco Lacalle Pou-J. Larrañaga (732.601), pero no llegó a reunir la mitad más uno de los sufragios. Fue necesario llegar al balotaje que no dejó ninguna duda sobre su popularidad: 53, 6% contra un 41% del bloque conservador. Se abre un tercer periodo de gobierno del FA, nuevamente con mayorías legislativas, y con Tabaré Vázquez como el gran arquitecto de los cambios.