Por: Constanza Moreira

A lo largo de un mes se escuchó la opinión de los grupos que conforman el espacio; tanto sobre la posibilidad de presentar una candidatura propia, como sobre el apoyo a Lucía Topolansky o Daniel Martínez. La posición de apoyar un candidato alternativo no prosperó y no hubo acuerdo sobre el nombre. La mayoría de los grupos que expresaron su opinión lo hicieron por Daniel Martínez; yo di mi apoyo personal y político, y los grupos que así lo entiendan lo harán en los próximos días.

Estas elecciones departamentales nos encuentran en un buen escenario: el Frente Amplio ha votado muy bien en todo el país y es favorito para disputar un buen número de gobiernos departamentales. Renovar el gobierno del Frente Amplio en Montevideo es una tarea crucial. Estaremos beneficiados por el “efecto arrastre” de la elección nacional y es importante hacer una excelente campaña electoral. Hay un nuevo estado de ánimo de los frenteamplistas en Montevideo y se nota.
Entendemos que esta campaña debe estar centrada en dos aspectos que nos beneficiarán a todos.

El primero es la defensa de lo que los gobiernos del FA en Montevideo, con aciertos, errores, fortalezas y flaquezas, han construido hasta ahora. Los más veteranos recordamos lo que era Montevideo antes de los gobiernos del FA, y lo que es ahora. En particular, defenderemos la gestión de la compañera Ana Olivera, que ha desplegado sus mayores energías en obtener el mejor gobierno para nuestra ciudad.
Junto con ello, hacer un reconocimiento lúcido e informado de lo que ya se ha hecho, o se está haciendo, buscando consolidarlo. Asimismo, colocar nuestros énfasis propios en lo que debe acometer el próximo gobierno departamental, estimulando a un amplio debate ciudadano sobre los alcances y desafíos del “sexto” -pero siempre “nuevo”- gobierno del FA en Montevideo. La izquierda tiene por delante hermosos desafíos.

El segundo es abogar por un gobierno que escape a cualquier sectarismo y sea de todo el Frente Amplio. Al igual que nos manifestamos a propósito de lo que debería ser la construcción del gobierno del FA a nivel nacional, lo hacemos ahora sobre el gobierno departamental: que sea de todo el Frente Amplio, con nuestros mejores hombres y mujeres y recurriendo a la inteligencia nacional disponible, que es mucha, y debe ser utilizada íntegramente. Reafirmamos que es impensable cualquier ilusión de exclusiones. Por el contrario, los gobiernos del Frente Amplio deben representar su rica diversidad en su más fraterna unidad.

No se trata de caer en el reparto sectorial sino en la excelencia de la gestión política. La representatividad sectorial no es mala en sí misma y siempre es bueno buscar equilibrios, pero un gobierno debe procurarse la mayor capacidad política y técnica.
En este marco, haremos campaña para una nueva victoria de nuestro querido Frente Amplio en Montevideo y lucharemos, en la medida de nuestras posibilidades, por la complementariedad de los candidatos, antes que por su competencia. La doble candidatura en Montevideo deberá servir de atractivo para un electorado dispar, con preferencias y sensibilidades disímiles, y no como un campo de batalla y disputa por más poder interno.

Razones del apoyo a Daniel Martínez como Intendente de Montevideo

La primera es que reconozco en él a un integrante de las generaciones de recambio que tanta falta le hacen a la continuidad del proyecto de la izquierda. Creemos que esa labor es siempre imprescindible e impostergable y que los compañeros y compañeras de las generaciones “de recambio” deben comenzar a desempeñar las más altas responsabilidades políticas y de gobierno.

La segunda es que creo que Daniel Martínez ha tenido una trayectoria destacada al menos en cuatro campos: como dirigente sindical, como gestor de una empresa pública (ANCAP) relevante para nuestro país; como Ministro de Industria, Energía y Minería y como Senador de la República. Para quienes tanto han considerado que la “experiencia” y la “trayectoria” son atributos indispensables de un candidato, este es un argumento muy sólido en favor de su candidatura.

En tercer lugar, he compartido con Daniel Martínez cinco años en el Senado y conozco su posición en todas y cada una de las cuestiones que han sido tratadas en este período. En particular, reconozco su constante defensa de los derechos de los trabajadores. Daniel ha estado en la mayoría de las negociaciones que en defensa de los derechos de los trabajadores se han realizado en el Parlamento y es un referente en estos temas. Esta es su condición “de clase”, por haber sido sindicalista, y creemos que es una virtud muy requerida cuando en el manejo de la cosa pública, como lo es la IM, se necesite espíritu negociador, firmeza y una dirección estratégica que represente lo colectivo.

En cuarto lugar, creo reconocer en Daniel Martínez a un defensor del Estado y de lo público, condición que comparto. He sido funcionaria pública durante la mayor parte de mi vida (aún lo soy) y creo que el Estado uruguayo es uno de los principales referentes de lo colectivo, constructor de solidaridades, y debe ser ejemplar. La sociedad se reflejará en el Estado, y si el Estado es una institución alicaída, poco apreciada y contra la que todos tiran piedras, la sociedad se envilecerá. Los defensores del Estado, y quienes creemos en la responsabilidad de ser servidores públicos, en lo colectivo nos reconocemos entre nosotros, y yo me reconozco en Daniel Martínez para esta tarea.

Además, en todas y cada una de las instancias en que la “agenda de derechos” -la nueva y la vieja- ha estado en cuestión, Daniel ha colaborado activamente en su defensa y en su promoción. Y creemos que la agenda de derechos es central en la construcción de ciudadanía.

El Montevideo de los cambios y las transformaciones

Muchas de las cosas que hoy vemos como logros nacionales han comenzado por Montevideo, en los últimos veinticinco años: a modo de ejemplo, allí empezó el Plan de Igualdad de Oportunidades, tan caro a los derechos de la mujer; allí comenzó el primer esbozo de una “política cultural”; allí comenzaron la descentralización y los ensayos de participación ciudadana en actos de gobierno (como el presupuesto participativo). La lista de nuevas políticas iniciadas en nuestro departamento que tomaron luego alcance nacional es larga, pero la llegada al gobierno nacional y su agenda de iniciativas exige repensar lo departamental desde otra perspectiva.

La Intendencia de Montevideo cumple un papel importantísimo en la vida cotidiana de todos los uruguayos; de los que viven en Montevideo y de los que no. Y Montevideo no es sólo urbano; el vasto Montevideo rural que tiene una enorme importancia productiva en lo alimentario, lo logístico y lo ambiental con proyecciones a todo el país. Hoy tenemos nuevos y viejos desafíos: a los viejos temas de infraestructura (como la movilidad) se agregan la nueva agenda de los desafíos culturales que entraña la capitalidad del país. La planificación y las metas de corto y mediano plazo en función de una “visión” de país y de capital, deberán ir unidas a una gestión eficiente, transparente y participativa. La ciudadanía no se construye sólo con leyes, decretos o políticas: se construye en el territorio y con la gente.

Los gobiernos del Frente Amplio han realizado profundas transformaciones en Montevideo, pero la izquierda necesita siempre repensarse y repensar su proyecto país y el rol de Montevideo es central en esto. Tenemos el acervo de la experiencia anterior, con sus luces y sus sombras, que son de todo el Frente Amplio. Ahora, debemos tomar impulso para nuevos desafíos. En mayo se abrirá una nueva etapa.