Selena Gomez (24) en los últimos años se ha convertido en una de las jóvenes celebridades del mundo del espectáculo tras su paso por Disney. Además de cantar y actuar, la chica saltó a la fama por su mediático romance con otro ídolo pop Justin Bieber. Si bien ahora están distanciados aunque en muy buenos términos, Selena fue noticia tras su abrupto alejamiento de los escenarios.

Según explicó la artista, su decisión de hacer un “stop” en su carrera fue motivada por un sinfín de problemas emocionales una vez que le diagnosticaron la enfermedad de lupus.

Ahora, con varias semanas de tranquilidad y alejada de los flashes de los paparazzis, la joven estadounidense decidió romper el silencio y revelar su obsesiva relación con las redes sociales y su celular.

La artista teen eligió a la revista Vogue para revelar cuán nocivo puede ser para la autoestima de una persona ser considerada por ejemplo “la reina de Instagram” al ser la persona cuyo perfil acumula el mayor número de seguidores en todo el mundo.

“Tan pronto como me convertí en la persona más seguida de Instagram, entré directamente en pánico. Se había convertido en algo demasiado absorbente, hasta el punto de ser lo primero a lo que dedicaba mi tiempo tras levantarme y lo último que hacía antes de irme a dormir”, reveló Selena en el nuevo número de la edición estadounidense de la revista Vogue que saldrá en abril.

“Se acabó convirtiendo en una adicción y me hacía sentir como si estuviera viendo cosas que en realidad no quería ver. Me daba la impresión de que metía cosas en mi cabeza que en realidad me importaban más bien poco. Por eso acababa sintiéndome fatal después de utilizar Instagram. Ahora me limito a investigar un poco como un fantasma, pasando desapercibida”, explicó.

Selena reflexionó sobre la “fama virtual” y los millones de seguidores a nivel mundial, que también dañaron significativamente su autoestima y la confianza que hasta entonces tenía depositada en su talento.

“Los tours siempre han sido un entorno demasiado solitario para mí. Llegó un momento en que ya no tenía amor propio, estaba deprimida y sufría ansiedad. Me entraban ataques de pánico justo antes de salir al escenario o al terminar mi actuación. Creo que me estaba exigiendo demasiado, porque sentía que nada de lo que hacía era lo suficientemente bueno, que no era capaz. Sentía que no estaba dando a mis fans lo que se merecían, y en el fondo creo que todo era resultado de un retrato distorsionado de la realidad”, explicó.

Gracias a una constante contención familiar y de especialistas la joven artista ha logrado superar su adicción a las redes sociales y ahora se encamina a transmitir su mensaje a los jóvenes como ella.

“Estaba tan acostumbrada a actuar frente a niños, que en todo los conciertos acababa haciendo que todo el público se levantara y me prometiera que jamás permitiría que nadie les hiciera sentir mal ni les menospreciara. Y de repente, varios años después, veo que algunos de esos niños ya fuman y beben antes de que empiece mi espectáculo. Claro, les miraba a los ojos una vez más pero ya no sabía que decirles.

Ya no podía decirles eso de: ‘Prometedme que siempre creeréis en vosotros mismos’. Es que no funciona así, y lo sé por qué yo también he tenido que lidiar con esa mi… que les afecta a ellos y, en ese momento, yo no tenía consejo alguno que darles. Estaba tratando de dar sentido a mi propia vida”, dijo en la entrevista.