La oposición navega entre enfrentar al gobierno en todos los planos o limitarse a sonreír burlonamente cuando aparecen en el poder democrático algunas diferencias o contratiempos.

Es desde el diario El País donde aparecen planteos críticos hacia las conductas de los partidos opositores, particularmente al colorado y al blanco. En el primer caso se ve con molestia que el batllismo liberal y progresista esté por irrumpir con fuerza en los próximos años y que en el Partido Nacional subsista una pequeña corriente izquierdista.

El País se transforma, de esta manera, en el centro ideológico de quienes confrontan con la izquierda y el progresismo. Incluso se podría decir que la derecha uruguaya cuenta con esos pensadores para construir toda una visión del Uruguay.

La ausencia de ideas y de programas opuestos a la izquierda lleva a que sea el Frente Amplio el que capta el debate que los uruguayos establecen, muchas veces de forma silenciosa. Esta situación debilita a los partidos tradicionales, pero también expone al Frente Amplio a que los ciudadanos vean solo en esa fuerza el escenario de la confrontación.

Es de esperar que en los próximos meses las distintas fuerzas políticas expongan ideas y programas, con la única intención de encontrar caminos de confluencia entre todos los partidos políticos y el movimiento social.

Si este es el escenario de los próximos años todos podemos estar satisfechos y pensando en un país en el que no hay unanimidades, pero tampoco confrontaciones que no conducen a nada.

Seguramente Uruguay seguirá caminando en la perspectiva de dos bloques políticos que discuten, debaten y confrontan. Pero estas dos partes del sistema político deben contar con la sinceridad y altura de miras para poder construir nuevas realidades y sueños.

Para que todo esto pase se necesita mucha tolerancia y dirigentes con altura de miras, para que de esa forma el diálogo sea lo más fructífero posible. Este reclamo, por cierto, se vuelve imprescindible si pensamos que estamos ante un mundo muy complejo y de crisis.

En poco tiempo tendremos el debate sobre el presupuesto, que es una herramienta trascendente, democrática y republicana que necesita muchos directores de obra con el fin de que la propiedad de los éxitos y de los fracasos sea de todos.