En 1995, en la ciudad china de Suzhou nació la niña Jingzhi. Los padres no querían que las autoridades supieran sobre su nacimiento, ya que era la segunda hija de la familia, y en China ya regía la estricta política de “una familia, un hijo”. El padre de la niña, Xu Lida, llevó a la recién nacida al mercado local y la dejó allí con una nota en la que explicaba que, debido a la pobreza de su familia, se veían obligados a abandonar a la pequeña.

“¡Oh, compasión para los corazones de padres y madres cercanos y lejanos! Gracias por salvar a nuestra pequeña hija y cuidar de ella. Si fuimos creados el uno para el otro, que el cielo nos permita encontrarnos en el Puente Roto de Hangzhou en la víspera del Día chino del amor [el Qi Xi] en 10 o 20 años”, cita la nota el rotativo South China Morning Post.  En el verano de 1996, la bebé fue adoptada por los Pohler, una familia estadounidense de Michigan. La nombraron Kati. Los padres adoptivos de la niña recibieron la nota de sus padres biológicos, pero decidieron no contarle nada a la hija sobre su origen hasta que ella misma les preguntara. A los diez años del nacimiento de la niña, Xu Lida y su esposa Qian Fenxiang fueron al Puente Roto con la esperanza de encontrarse allí con su hija. Esperaron en el lugar casi todo el día con un cartel con su nombre, pero nadie se acercó a ellos.

La pareja no sabía que los Pohler habían pedido a su amiga Annie Wu que fuera hasta ese lugar para averiguar si alguien acudía a la reunión acordada en la nota. Wu llegó tarde y no encontró a los padres de la niña, pero vio a unos periodistas que estaban filmando en el puente. Tras conocer la historia de la niña abandonada, los periodistas revisaron las imágenes de sus cámaras y vieron a dos personas con un letrero.  La historia se convirtió en una sensación local. Los empleados del canal ayudaron a Wu a encontrar a los padres de Jingzhi y la mujer les entregó una carta de la familia estadounidense. Esta tenía varias fotos y una breve nota contando que la niña vivía entonces en Michigan. A pesar de ello, los Pohler insistieron en su decisión de no contarle nada a su hija adoptiva sobre sus verdaderos padres hasta que esta se interesara por ellos. Mientras, los padres de Jingzhi siguieron yendo al puente cada año.

La historia llegó hasta los oídos de Chang Changfu, un documentalista chino con base en EE.UU, que ofreció su ayuda a los padres biológicos de la niña. A pesar de la escasa información que había en la carta, consiguió localizar a los Pohler. Sin embargo, cuando se puso en contacto con ellos, recibió una negativa del matrimonio, que no contó nada a Kati sobre sus padres biológicos hasta el 2016. En aquel entonces, la joven, de 21 años, decidió irse a estudiar a España. Kati pensó que cuando estuviera allí, la gente se interesaría por su origen chino, por lo que pidió a sus padres que le hablaran de su pasado. Su madre le confesó entonces que sabía quiénes eran sus padres biológicos.

Según Kati, el largo silencio mantenido por sus padres la dejó en shock y lo interpretó como una traición. La joven decidió conocer a sus padres biológicos lo antes posible. Para ello, aceptó la propuesta del documentalista de participar en su película y le permitió que filmara el reencuentro. En agosto de 2017, cuando Kati ya tenía 22 años, se cumplió al fin el sueño de Xu Lida y su esposa Qian, quienes pudieron encontrarse entre llantos con su hija en el Puente Roto de Hangzhou el Día chino del amor. Kati pasó dos días con sus padres biológicos y vivió en una habitación con su hermana. “Fue lindo verlos. Me sorprendió lo emocionada que estaba mi madre china. Lo primero que me dijo fue: ‘Estás demasiado delgada, necesitas comer más'”, contó la joven. Xu y Qian quedaron un poco decepcionados por el hecho de que Kati no les llamara papá y mamá, pero esto se debía a que que la joven se acostumbró en EE.UU. a llamar a sus padres por sus nombres. Al mismo tiempo, Kati admite que antes de viajar a China se sentía asiática solo por el lado físico. “Ahora la sensación es más profunda. Es bueno que me esté más en contacto con el lugar donde nací, pero también es confuso. Soy un producto del lugar donde crecí, y ahí no hay nada de asiático”, confesó la joven.