Por: Ec. Gabriela Cultelli y Ec. Héctor Tajam

La recuperación del crecimiento económico registrado en el año 2016 fue una consecuencia directa de fortalezas desplegadas a partir de 2005. Tuvo que ver con la distribución del ingreso y el nivel de actividad creciente de las Empresas Públicas.

Es un crecimiento muy menguado, si lo comparamos con el promedio de la “década progresista”, muy cercano al 5%, pero muy superior al 0,4% de 2015, interrumpiendo el estancamiento que nos acompañaba desde 2014. En América Latina los mejores desempeños se siguen manifestando en Bolivia (4,9%) y Perú (3,2%), dos países con alta dependencia petrolera, pero con estrategias de desarrollo económico diferentes. Fuera de ello, se calcula una media de crecimiento cercana al 2%, en la que se encuentra Uruguay.

La debacle económica y social se ubica en nuestros vecinos, lo cual explica en buena medida el título de este artículo. Argentina y Brasil caen en picada extendiendo la recesión en que se encuentran desde 2015, Brasil con -3,6% y más reciente Argentina con el gobierno de Macri en -2,3%. En este marco, en Argentina hay casi 1 millón y medio más de pobres y 350 mil nuevos indigentes, consecuencias de la devaluación, el aumento de tarifas públicas, el desempleo. Brasil, que lideró la disminución de la pobreza en el continente, hoy es líder en ajuste fiscal, y solo el año pasado sumó 3 millones de personas al contingente de desempleados que ahora llega a 12 millones. Toda una lección de economía política que lamentablemente siempre pagan, al decir de Artigas, los más infelices.

Estos gigantes de la región significan mucho para Uruguay, y por tanto es doblemente importante nuestro resultado económico. Esta crisis regional también es parte de la crisis global del capitalismo, que nos golpea en el comercio exterior y en las inversiones. El crecimiento del PBI de 1,5% se dio en un contexto de reducción de las exportaciones casi por la misma cuantía (-1,4%), y de las inversiones extranjeras directas que por primera vez desde 2005 se ubican por debajo de los mil millones de dólares (950 millones al cierre de 2016). Este hecho, que ha provocado que la relación entre las utilidades que los inversores remiten a sus centrales y lo que invierten ya supere el 70%, es un récord para el período.

En síntesis, una situación complicada con el exterior, que nos conduce a una importante pérdida de reservas internacionales por parte del Banco Central.

A pesar de todo

Esa complicada situación no nos impidió avanzar a mayores niveles de actividad económica, como manifiesta su principal indicador, el Producto Bruto Interno, muy conocido por su sigla PBI. Ese nivel productivo lo podemos analizar desde su origen (oferta) o por su destino (demanda).

Desde la perspectiva de la oferta, o sea donde se genera la producción, resalta el persistente predominio de las actividades industriales del Sector Público en el crecimiento económico. La producción de servicios tales como las telecomunicaciones y la energía comienza a superar su importancia como apoyaturas al desarrollo del sector privado y a su potencialidad para incidir en el flujo de inversiones extranjeras, para transformarse progresivamente en áreas de desarrollo que comienzan a crear su propia demanda, con posibilidades ciertas de expansión regional.

Fue así que en el transcurso del año 2016, el suministro de Electricidad, Gas y Agua (EGA) creció 15,6%, explicando casi un tercio del crecimiento global de 1,5%. A su vez, el servicio de Telecomunicaciones, donde predomina Antel, creció 11,5% y aportó casi los dos tercios restantes al aumento del PBI. Luego aparecen las actividades derivadas de la Refinación de Petróleo con un crecimiento del 7%.

El sector Agropecuario experimentó una variación de casi 1%, basado sobre todo en el alza de la demanda de madera y sus derivados (silvicultura) para la producción de pulpa de celulosa, en el incremento de los cultivos de soja, y en menor nivel en el aumento de la faena de carne vacuna. La mayor oferta agropecuaria impulsó a las actividades industriales transformadoras de la madera, azúcar, carne y cuero, pero el sector Manufacturero en su conjunto no lo capitalizó en un buen desempeño, por los importantes descensos en textiles, vestimenta y material de transporte.

Los rendimientos negativos se concentraron en la Construcción (-3,9%) y el Comercio (-1,9%), las actividades más dinámicas en lo que hace a creación de empleos en el corto plazo. Esto determinó que si bien seguimos en la ruta de crecimiento económico, el impacto sobre el empleo y el desempleo, aunque no muy significativo, haya sido negativo (por ejemplo hay 6 mil desocupados más que en 2015, y se perdieron un millar de empleos).

Desde la perspectiva de la demanda, o sea el destino final de la producción de bienes y servicios, en 2016 se destacó la recuperación del mercado interno, especialmente el consumo de los hogares uruguayos. La senda de recuperación salarial y el gasto público social hicieron posible que el consumo interno se constituyera en un componente dinámico del crecimiento económico. Tengamos en cuenta que el salario real creció 3,3% en 2016, superando la variación del PBI, algo que solamente contaba con dos antecedentes, 2009 y 2012. Recordemos que en 2009 ese mismo hecho se constituyó en uno de los componentes de la demanda que mantuvo estable al país frente al primer empuje de la crisis internacional del capitalismo.

En Uruguay solo el consumo de los hogares en sus diversas manifestaciones da cuenta del 75% del PBI, por lo cual su incremento anual de 0,7% significó explicar más del 30% del crecimiento global. El Gobierno también demanda bienes y servicios, la cual se incrementó en 1,6%, pero en función de su menor cuantía su incidencia fue menor. Más importante fue la demanda de bienes para la inversión pública, que aumentó casi un 8%.

Si tenemos en cuenta que la inversión del sector privado decreció (-0,8%), así como las exportaciones (-1,4%), se afianza el circuito oferta y demanda internos como elemento más dinámico. Pero Uruguay no puede desprenderse de su imperiosa necesidad de exportar su superavitaria oferta alimentaria. Tampoco puede cifrar su crecimiento futuro en el desempeño de unas pocas Empresas Públicas, cuando el sector privado en todas sus dimensiones es responsable del 80% de la economía nacional, y no está dando las respuestas adecuadas.