Por: William Marino, Analista

A la salida de la dictadura -1984- la izquierda crecía como leche hervida pero aún andábamos de pantalón corto, trece años no son nada en la vida de un país, menos de una fuerza política que había pasado más de diez años proscripta por “una dictadura que trató de aniquilarnos física y políticamente”.

Los votos del Frente Amplio serán casi los mismos que en 1971, a pesar de los proscritos y exiliados. Pero la vida jamás se detiene, sigue su curso. Había ganado el mismo partido político que dio el golpe de estado: el Partido Colorado. Los blancos -con Ferreira Aldunate preso y algunos proscritos-, por lo que podemos decir que había ganado el “caballo del comisario”.

De esa elección recuerdo el gran trabajo de las bases, de la efervescencia que se veía en el diario vivir. Por otra parte, la comunicación, propaganda y la agitación era “única y audaz”, con dos pequeños -pero que grandes- medios de comunicación. Una Radio, CX 30 La Radio, y el diario La Hora aunque también había otros medios, como revistas, semanarios, mensuarios, periódicos barriales, etc. Pasadas esas elecciones finales del 85 o principios del 86, el General Líber Seregni preguntaba en una asamblea de un Comité: ¿qué Frente Amplio queremos?

Seregni decía que quería que la gente lo orientara a él y a la dirigencia, “con ideas frescas y propuestas originales”. Pero cuando el pide esto, los comités y la militancia eran palabras mayores. Se creía en la militancia, se creía en las bases. Ocho años después renunciará el General (1996) y en 1999 seremos la primera fuerza política del país; por primera vez en la historia la suma de los votos de blancos y colorados no serán suficientes para muchas cosas, necesitarán de los votos del Frente en el Parlamento. A la elección siguiente, en 2004, ganará el Frente Amplio, ganará la izquierda con mayoría absoluta.

Ganó la izquierda, el tema era cómo gobernar. Otro tema era cómo se desarrollaría la militancia de ahí en adelante. Con el correr del tiempo, el pasar de los años, la militancia se irá aplacando, irá “desapareciendo”, muchos dirán que se irá transformando. Los Comité han ido cerrando, se han ido deteriorando, de los más de 550 existentes en 2004, a los 200 y pocos del 2017 lo que trajo como consecuencia una participación de la militancia cada vez menor en aportes de ideas y/o participación en las movilizaciones que el Frente Amplio realiza en fechas como el 5 de febrero, el 26 de marzo o el 25 de agosto.

Esta vez apostamos mucho a eso de que el “susto despierta al mamado”, y todo gracias a estos “autoconvocados”, “apolíticos”, que luchan porque el estado se achique, tengan cada vez menos policías, militares, médicos, enfermeros, maestros o profesores, los que buscan un dólar cada vez más caro y un combustible más barato. Ellos son los que dicen ayuden a los que viven del campo, no a los que viven en la pobreza en las ciudades. Al parecer ellos, los “autoconvocados”, son el ombligo del mundo.

Tal vez esto nos sirva para que más de un compañero, dirigente o a los de a pie los veamos nuevamente aportando ideas. Unos opinando, otros escuchando, pues como dijo nuestro General Seregni: “Nacimos con una gran vocación de amplitud y mirando hacia el futuro”.

Por esto debemos decir que no puede existir un Frente Amplio sin militancia, no puede existir un Frente Amplio en el que el dirigente no escuche a los de abajo. El dirigente, junto a los militantes de bases, debe estar en el corazón de los lugares más carenciados. Donde nuestra bandera, esa bandera Roja-Azul y Blanca, esté presente en las calles, en las casas, en nuestros Comités.

Nuestro Frente Amplio, es y será la fuerza del cambio, de esta sociedad, pero trabajando unidos, nuestros dirigentes junto a las bases. Somos coalición y movimiento y eso no se debe de olvidar ni pasar por alto. Hay que hablar fuerte y claro, en momentos de confusión, decía un compañero.

“Seamos sinceros, mirémonos a los ojos, a la conciencia de cada uno, y reconozcamos que no estamos haciendo lo suficiente por el frenteamplismo”.
Líber Seregni